Qué observar. Había algo particular en Hugo Cárdenas. Tenía un humor afilado, pero si ganabas su amistad era para siempre. Pocos como él recorrieron la ciudad y la dejaron plasmada en telas. No sólo dibujaba lo que amaba: son famosos -y un tesoro para coleccionistas- sus retratos de Pinochet. En los 80 fue habitué de lugares como Matucana 19 y El Troley. Con voz grave decía: “Yo fui un punk aristócrata, cuando se hizo popular se fregó”.

  • Antipinochetista, también denunció las fracturas de la Concertación. “Los chilenos se vendieron al dinero”, dijo en 2008 en el cortometraje El Punk Triste, dirigido por Mario Navarro. Allí se ve a Cárdenas con una botella de whisky recorriendo lugares emblemáticos de Santiago.
  • Cuando el escritor chileno Gonzalo León -radicado en Buenos Aires-lo conoció, en 1992, le llamó la atención la seguridad con que hablaba. Cárdenas era un joven artista que parecía tener resueltas preguntas que para otros todavía estaban abiertas. León estudiaba Periodismo y debía realizar un trabajo audiovisual para un ramo de la universidad. Un compañero propuso entrevistar a Cárdenas y fueron hasta su taller. No imaginaba que aquel encuentro daría inicio a una amistad de más de tres décadas.
  • “Hablaba con una gran seguridad. Tenía las cosas muy claras. Yo quería ser escritor y no tenía nada claro”, recuerda León, quien ha publicado varios libros, entre ellos “El mal inglés”, sobre Shakespeare.
  • Cárdenas se había titulado el año anterior de la carrera de Arte de la Universidad de Chile. Había comenzado estudiando teoría del arte y después se había volcado a la pintura. En ese ambiente conoció a Guillermo Machuca, crítico y curador con quien compartió parte de su recorrido artístico. El académico, otra figura clave del arte chileno, murió en 2020.

La vida. Nacido en Tomé, hijo de un médico y una farmacéutica, Cárdenas llegó a Santiago con su familia y terminó encontrando en la ciudad el principal territorio de su obra. Su pintura fue construyendo una cartografía personal de la capital: músicos, bares, personajes callejeros, protestas y escenas cotidianas. No era una ciudad postal, sino la que se movía en los márgenes, entre la bohemia y los circuitos culturales que sobrevivían durante la dictadura.

  • León recuerda que el mapa de Cárdenas tenía límites bastante precisos. Se extendía desde Matucana hasta Plaza Italia, de poniente a oriente. Era el Santiago de El Troley, los bares y el circuito underground que se había formado en los años 80. Un mundo en el que coincidían artistas, músicos y escritores, entre ellos Pedro Lemebel, con quien Cárdenas también compartió noches y amistades.
  • Uno de los momentos importantes de esa relación entre pintura y ciudad fue la exposición “Santiago, día y noche”, a fines de los 90, en la estación Cal y Canto del Metro. León escribió el texto de presentación pero a Cárdenas no le gustó y se lo pidió a Lemebel; aportó una crónica que el propio pintor debía escoger entre sus publicaciones. Eligió una sobre La Florida, un chiste privado porque era una comuna que no conocía, pero representaba un nuevo Chile.
  • Su persistencia en la pintura lo puso a contracorriente de buena parte del circuito artístico chileno de fines de los 90 y comienzos de los 2000, cuando las instalaciones y el arte conceptual dominaban la escena contemporánea. Mientras algunos artistas abandonaban la pintura para explorar otros formatos, él siguió trabajando con los pinceles.

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Legado. León no cree que su obra haya sido desvalorizada. Más bien, dice, coincidió con un período en que la pintura dejó de estar en el centro de las preferencias institucionales. “Era un pintor admirado por los pintores”, recuerda.

  • La bohemia fue otra dimensión de su vida. Cárdenas salía con frecuencia, compartía bares y, en ocasiones, llegaba a intercambiar cuadros con los dueños de los locales a cambio de tragos. Con los años, sin embargo, comenzó a encerrarse. Cuando León se fue a Buenos Aires, a su vuelta a Chile lo encontraba menos dispuesto a salir.
  • Nunca dejó de vivir en la casa de sus padres, en Gorbea con Ejército. En el último tiempo empezó a enfermar. El diagnóstico fue lapidario: cirrosis. Rodeado de familiares y amigos su luz se fue apagando. Su muerte deja una tarea pendiente: organizar una retrospectiva que permita reunir su obra y hacer una evaluación crítica más profunda. También recuperar algunos cuadros que, según cuenta León, no fueron pagados.

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