Entre edificios reducidos a escombros, familias buscando desesperadamente a sus seres queridos y rescatistas trabajando sin descanso, una historia logró abrirse paso entre la tragedia que vive Venezuela tras los terremotos del miércoles. En La Guaira, la ciudad más golpeada por la emergencia, Dayana Patiño y su bebé Juan David, de solo 18 días fueron rescatados con vida después de permanecer atrapados por más de 32 horas bajo un edificio de ocho pisos que colapsó.
Cuando muchos ya habían perdido la esperanza, un padre que llevaba horas buscando a su familia escuchó, junto a voluntarios y rescatistas, la voz de la mujer y el llanto del recién nacido bajo toneladas de concreto.
"Se escuchaba la voz de Dayana Patiño, la mamá, y al bebé llorando", relató la voluntaria Merly Andreina Quintero, quien participó en el operativo.
Un rescate que emocionó a todos
Guiados por esos débiles sonidos, los equipos comenzaron a retirar los escombros cuidadosamente hasta abrir un estrecho acceso. Cerca de la 1:00 de la madrugada del viernes, lograron sacar primero al bebé, quien fue entregado a su padre entre lágrimas, abrazos y aplausos de quienes participaron en el rescate.
Una hora después fue rescatada Dayana Patiño. Ambos fueron trasladados a una clínica en Caracas, ya que los hospitales de La Guaira estaban colapsados por la emergencia.
"De vez en cuando le tocaba la nariz para comprobar que seguía respirando. Mientras él estuviera vivo, yo también lo estaría", relató a la BBC tras ser rescatada.
El instante en que todo se derrumbó en Venezuela
Dayana estaba lavando los platos en el departamento que compartía con su familia, ubicado en el octavo piso de un edificio en La Guaira, cuando comenzaron los fuertes sismos. Su primera reacción fue correr hacia Juan David y abrazarlo, convencida de que se trataba de un temblor pasajero.
Sin embargo, en cuestión de segundos el edificio se vino abajo.
"Sentía que volaba. Después, sentí que me hundía en agua y tierra, y luego caí en el hueco donde quedé atrapada. No sé cómo no solté a mi bebé mientras volaba; fui aplastada contra los muebles", relató a la BBC.
Con una pierna inmovilizada bajo enormes bloques de hormigón y sin posibilidad de moverse, se propuso conservar sus fuerzas. "Me dije a mí misma que no iba a malgastar mis energías: gritaría cuando fuera necesario".
Durante las interminables horas bajo los escombros, Dayana aseguró que encontró una inesperada razón para seguir luchando.
Contó que sintió una Biblia debajo de su cuerpo y que aquello le devolvió la esperanza. También alcanzó a distinguir un pequeño rayo de luz entre la oscuridad, mientras permanecía abrazando a Juan David para protegerlo.
Como el bebé no podía alimentarse porque ambos estaban completamente inmovilizados, la madre solo podía comprobar que seguía respirando tocándole la nariz de vez en cuando. "Mientras él estuviera vivo, yo también lo estaría", recordó.
Dayana escuchó la voz de su hermano buscándola
El rescate comenzó a hacerse posible cuando Dayana escuchó la voz de su hermano llamándola entre los escombros. "Esta es mi única oportunidad", pensó.
Entonces reunió las pocas fuerzas que le quedaban y respondió a los gritos. Del otro lado escuchó una promesa que nunca olvidará. "Te he encontrado y te prometo que no me iré hasta sacarte de ahí".
Guiados por su voz, rescatistas y voluntarios trabajaron durante horas hasta abrir un estrecho acceso. Cerca de la 1:00 de la madrugada del viernes, lograron sacar primero a Juan David, quien fue recibido entre lágrimas por su padre, Gerson. Una hora después, Dayana también fue rescatada.
Gerson acababa de llegar a su edificio cuando ocurrieron los terremotos y consiguió ponerse a salvo. Al observar la estructura completamente destruida, creyó que había perdido a su esposa y a su hijo.
Por eso, cuando vio salir con vida al recién nacido, no pudo contener la emoción.
"Fue indescriptible. Pensé que habían muerto. Y cuando vi a mi hijo, sentí que volvía a nacer. No podía creerlo (...) Sentí que la vida regresaba a mí", afirmó.
Dayana sufrió lesiones en ambas piernas, mientras que Juan David resultó con heridas leves.
Aunque la familia perdió su departamento, todas sus pertenencias y aún desconoce el paradero de su perro, ambos aseguran que lo más importante sobrevivió. "Lo perdimos casi todo, pero aquí estamos. Reconstruiremos todo lo que perdimos", prometió Gerson.
Aunque este rescate se transformó en un símbolo de esperanza, el panorama sigue siendo desolador. El balance supera los 1.400 fallecidos, más de 3.000 heridos y decenas de miles de desaparecidos, mientras familiares continúan excavando con sus propias manos a la espera de encontrar sobrevivientes.
Desde la ONU advirtieron que las labores son extremadamente complejas y que la cifra de víctimas podría seguir aumentando. Pese a ello, cientos de personas permanecen junto a los edificios derrumbados sin abandonar la esperanza de escuchar una voz o un golpe que anuncie otro milagro.