AFP

Australia mostró su decepción con la decisión de Japón de reanudar la caza de ballenas en el océano Antártico, a pesar de una condena de la justicia internacional, declaró este viernes el primer ministro australiano de visita en Tokio.

"Australia está muy decepcionada con que Japón reanuda la caza el océano Austral este año", dijo Malcolm Turnbull en Tokio, según la radiotelevisión pública Australian Broadcasting Company.

Declaraciones similares figuran también en una entrevista concedida antes de su visita al diario conservador japonés Yomiuri Shimbun y publicada el viernes.

Turnbull tiene previsto reunirse durante la tarde con su homólogo japonés, Shinzo Abe.

La primera visita al archipiélago de Turnbull como primer ministro abordará un gran abanico de asuntos, entre ellos la cooperación en materia de defensa y el comercio internacional. La captura de ballenas, sobre la que ambos países tienen sus diferencias, también estará en el orden del día.

"Sabemos que nuestras opiniones son diferentes en este sentido, pero vamos a ser francos y honestos, como deben serlo los buenos amigos, poner el asunto sobre la mesa e intentar buscar una solución", dijo Turnbull al rotativo Yomiuri.

Los balleneros japoneses zarparon a principios de mes rumbo al Antártico, tras un año de suspensión de estas expediciones que los defensores del medio ambiente califican de "crimen contra la naturaleza".

El archipiélago se vio obligado a renunciar a la temporada 2014-2015 de capturas de cetáceos en la zona austral, tras una decisión en marzo de 2014 de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que, a demanda de Australia, consideró que Japón utilizaba una actividad, presentada como de investigación animal, con fines comerciales.

El consumo de ballena cuenta con una larga tradición en Japón, donde este cetáceo ha sido cazado durante siglos, si bien el auge de la industria ballenera se sitúa después de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de alimentar a un país hambriento.

Sin embargo, el consumo de esta carne blanca o roja disminuyó fuertemente a medida que Japón se convertía en una de las economías más ricas del mundo.

Publicidad