Javier García creció soñando en convertirse en conductor de metro, como su padre.

Pero su idilio con el subterráneo barcelonés, iniciado cuando tenía apenas 20 años, comenzó a torcerse pronto.

El porcentaje de conductores de metro que se enfrenta al intento desuicidio de los usuarios de su tren es bajo, y raramente escuchamos sus voces.

Muy pocos pasan por ello dos veces. A Javier le tocó vivirlo en ocho ocasiones.

Pese a que no todos los intentos de suicidio terminan con la muerte de la persona, para los conductores que lo sufren supone una experiencia traumática.

Esta es la historia de Javier contada en primera persona.


ADVERTENCIA: ESTA NOTA CONTIENE DESCRIPCIONES EXPLÍCITAS SOBRE SUICIDIOS.


Nací con el metro en la frente, como decimos por aquí. Mi padre trabajaba allí y desde pequeño estuve vinculado a ese trabajo.

Para un niño una máquina de tren es como un juguete grande. La pasión fue tal que quería que mi futuro fuese hacer lo que hacía mi padre.

En mi juventud tuve etapas en que iba desencaminado: el barrio, la droga, la delincuencia?

Me fui un tiempo al ejército para desaparecer. Cuando volví mi padre me propuso entrar en el metro y se empezó a formar mi sueño de conducir trenes.

La primera vez iba congelado.

Desde el inicio uno de los principales temores que tienes es que haya alguien en las vías, o que se te tire o se te caiga y le arrolles.

Por desgracia yo me encontré con ese temor prácticamente a los tres meses de entrar a trabajar.

Fue un día a las 3 de la tarde. Una chica venía corriendo por el andén y al llegar a la altura de la cabina se tiróde cabeza contra el cristal, cayó a la vía? y la arrollamos.

Eso ocurrió en 1991. Yo tenía 20 años recién cumplidos.

Me vine abajo. No me aguantaba las piernas.

Un policía me contó que la chica llevaba una carta en el bolsillo pidiéndole disculpas a su padre por ser mala estudiante.


Según Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), la empresa que gestiona el metro de la ciudad, los arrollamientos afectan solo a uno de cada 1.000 trabajadores cada año.

En 2018 se registraron 22 arrollamientos en las vías del subterráneo de Barcelona. La gran mayoría fueron intentos de suicidio.


Siempre piensas: ¿podría haberlo evitado? ¿Por qué a mí? Hay personas que con un suicidio quedan tocadas para toda la vida.

Cuando tienes un arrollamiento te vas unos días de baja. Al volver, las dos primeras semanas son fatales.

Vas temblando, vas despacio, cada vez que llegas a una estación piensas que alguien va a saltar.

Cuando pasan esas semanas tu cuerpo lo supera y vas haciendo un trabajo normal.

Ahora hay un equipo de psicólogos que te asisten justo tras sufrir un intento de suicidio.

Yo nunca tuve un psicólogo [de forma inmediata], los tuve después.


En 2016 ?tres años después de que Javier dejase de manejar el metro? TMB inició una colaboración con la Unidad de Trauma, Crisis y Conflictos de Barcelona (UTCCB), un equipo que atiende a los trabajadores que viven una experiencia traumática.

Ingeborg Porcar, psicóloga y directora técnica del equipo, leexplicó a BBC Mundo que la respuesta inmediata de los trabajadores que viven un arrollamiento "está basada en mecanismos de supervivencia".

"En un principio las personas están hiperactivadas. Se parece a la reacción de otros mamíferos: un perro o un gato reaccionan de forma bastante similar", dijo Porcar.

Según la psicóloga, "pasados tres días se pasa a la interpretación, a la lectura que hace cada persona dependiendo de sus experiencias previas, su personalidad o sus circunstancias vitales".

Desde la puesta en marcha de la colaboración en 2016, el equipo de psicólogos que trabaja con TMB nunca ha atendido a alguien que haya tenido más de dos arrollamientos en toda su carrera.


Ser partícipe de la muerte de una persona se lleva mal.

Lo que es desgarrador es volver a tener otro y otro y otro... Yo así llegué a pasar hasta seis. Pero entre uno y otro pasó mucho tiempo y lo pude superar.

Hasta que llegó el séptimo. Allí estalló todo.

Las dos semanas fatídicas

Fue en diciembre de 2013.

A las dos horas de entrar a trabajar tengo una persona que va corriendo por el andén y se tira contra el tren...

Me voy de baja.

Como eran fiestas de Navidad aproveché para estar con la familia y airearme. Decidí incorporarme a trabajar 13 días después.

Y me encontré con lo peor que puede encontrarse a alguien que ha venido de estar de baja tras haber sido partícipe de un suicidio.

El mismo día en que vuelvo me subo al tren con mucho miedo, como siempre después de volver tras una experiencia así.

Al llegar a la estación de Barceloneta me encuentro con un señor de unos 80 años que salta, se arrodilla y pone la cabeza en la vía.

Al ir con miedo iba muy despacio, pero a una velocidad con la que no había manera de parar el tren.

Viendo que llegas y llegas y llegas?

Me quedé con la mirada de ese hombre mirándome a los ojos.

Encontrarte con un suicidio después de venir de baja por otro es como meter el dedo en unacicatriz abierta.

Si hubiesen pasado esas dos semanas quizás habría sido otro corte más. Pero al ser el mismo día fue desgarrador.

Por mucho que lo explique nunca lo vas a comprender.


Los datos de TMB, registrados a partir de 1992 ?un año después del primer caso de Javier García?, confirman que el servicio de Prevención de la empresa asistió al trabajador tras otros cinco arrollamientos (uno en 1997, dos en 2002 y dos en 2013). El último de ellos, el mismo día en que volvía de una incapacidad por arrollamiento.

Además, la empresa reconoce que en 2005 hubo un arrollamiento en la estación en la fecha en la que Javier sufrió su sexto caso, aunque el nombre del trabajador o trabajadores afectados no consta en el registro.

Del caso que falta para completar los ocho,Javier no recuerda la fecha en que ocurrió.

Tampoco sabe cuántos intentos terminaron en muerte. No se les informa.


Soy un caso excepcional. Mi padre no tuvo ningún arrollamiento.

De mis ocho, cinco fueron llevando el tren número 13. Te da por pensar de todo.

Me hundí. Me absorbió una depresión inmensa. Pasé 11 meses de baja con tratamiento psicológico. Tomé Paroxetina, Lorazepam, Tranxilium. La medicación te convierte en alguien que no eres tú.

Lo transportas a discusiones con tu pareja y deteriora tu situación familiar y tu entorno.

Yo no quería ni escuchar a mi mujer. No quería saber nada ni de mi hija de 2 años.

Solo iba de casa al médico. De la cama al sofá. Llegué a pesar 157 kilos.

"Para estar así pégate un tiro"

Llegó un momento en que llegué a casa y otra discusión?

Me fui para la playa con la intención de quitarme la vida.

Estando allí, en el coche, me vino la sonrisa de mi niña y fue lo que me paró.

Si en ese segundo en blanco no hay nada que te interrumpa lo llegas a hacer.

Llegué de la playa hasta casa llorando. Pensando en la tontería que iba a hacer.

Intenté reconfortarme como pude. Fue todo recapacitar y darme cuenta de que ¿por qué me voy a quitar del medio?

Cuando tenemos un problema nos volvemos egoístas.

Pero no tengo la culpa de lo que me ocurrió.

Pese a todo sigo teniendo pasión por los trenes. Mi pasión por ellos va a ser eterna.

Ahora me siento muy bien. La empresa me ofreció un trabajo alternativo en el equipo que realiza controles de alcoholemia a los conductores.

Nuestra labor es ayudar, es satisfactorio.

Una vida tatuada

Mis tatuajes representan una historia vivida. Cómo no iba a reflejar lo ocurrido en mi puesto de trabajo.

Tengo dibujada la ciudad, el juego, algo de creencia; siempre crees en algo cuando tienes un problema.

El tren número 13, un cementerio y una lápida con una bola ocho de billar, que refleja las ocho personas que lamentablemente han caído en mis manos cuando estaba trabajando.

Esto lo llevaré siempre conmigo.

En la mano tengo la frase en latín "Alea Iacta Est", que quiere decir "la suerte está echada". Porque pienso que toda persona nace con un destino.

Lo que te encuentres en la vida será bueno o malo, pero la suerte está echada.

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