Cuando Caio Saldanha y su novia Jessica Furlan llegaron a Estados Unidos a inicios de marzo, tenían planeado empezar una nueva vida trabajando a bordo de un lujoso crucero.

Se suponía que trabajar en el Celebrity Infinity de la empresa Royal Caribbean iba a ser un nuevo comienzo, el nuevo capítulo de su vida juntos.

Pero tras zarpar el pasado 13 de marzo, el barco que iba a convertirse en su nuevo hogar resultó una cárcel.

Un día después de que la pareja ?originaria de Sao Paulo- abordó el barco, los Centros para Control de Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) emitieron una orden que paralizaba la salida de todos los cruceros.

Ese mismo día, Royal Caribbean canceló todas sus operaciones.

En apenas 24 horas, la pandemia del coronavirus había puesto sus vidas patas arriba.

"Eso ocurrió el primer día. Fue una sorpresa impactante. Este no era el plan. Era una pesadilla", le dijo a la BBC Saldanha, un DJ de 31 años de edad.

Más de dos meses más tarde, este joven DJ de 31 años de edad y su novia de 29 años permanecen varados en el mar, aunque a bordo de otro crucero.

Aunque desean desesperadamente regresar a casa no pueden.

Para su frustración, ellos, al igual que decenas de miles de otros tripulantes de cruceros, no han podido hacerlo.

Mientras los pasajeros de los cruceros fueron repatriados gradualmente en marzo y abril, muchos miembros de la tripulación no han corrido la misma suerte.

Atrapados en el limbo

Las operaciones de estos barcos fueron inicialmente suspendidas por 30 días, un tiempo que entonces parecía suficiente para que pasara la pandemia.

Pero eso no ocurrió, dejando a los trabajadores en un limbo que se extendió por 50, 60 y más días.

Los CDC extendieron la orden de no zarpar y los distintos países, preocupados por la diseminación del coronavirus, cerraron sus puertos a los cruceros.

En momentos en los cuales aún no se ve claro el fin de la pandemia, la Guardia Costera de Estados Unidos le dijo a la BBC que se cree que hay unos 54.200 tripulantes a bordo de 85 cruceros en aguas de ese país.

En un artículo publicado el 17 de mayo, el diario Miami Herald estimó que hay más de 100.000 personas en una situación semejante alrededor del mundo.

Royal Caribbean, una empresa con sede en Estados Unidos, informó que había hecho arreglos para que los tripulantes británicos fueran enviados de vuelta a Reino Unido desde Miami.

Esta semana aterrizó en el aeropuerto de Heathrow de Londres un vuelo chárter con personal de esa compañía.

Dificultades para repatriar

Pero, dada la gran cantidad de empleados que tienen, lograr enviarlos a todos a sus casas es un problema logístico importante para las empresas de cruceros.

Las compañías con sede en Estados Unidos deben seguir los estrictos lineamientos sanitarios de los CDC para repatriar a sus tripulaciones en vuelos chárter.

Su capacidad para cumplir con esa responsabilidad ha sido cuestionada en las últimas semanas por sus propios tripulantes.

La muerte reciente de varios de ellos ha profundizado el malestar.

El mes pasado, un miembro de la tripulación del barco Jewel of the Seas de Royal Caribbean cayó por la borda.

La compañía le dijo a la BBC que estaba "cooperando con las autoridades con su investigación", pero no confirmó si la persona había muerto.

Más recientemente, la empresa Princess Cruises informó que un miembro de la tripulación había muerto tras haber saltado aparentemente por la borda en el Regal Princess en aguas próximas a Países Bajos.

Un tripulante canadiense dijo que las muertes han aumentado la ansiedad a bordo del Majesty of the Seas, de Royal Caribbean, donde hubo protestas la semana pasada.

¿Cuántos suicidios más?

"Personalmente, yo no salgo mucho. No quise involucrarme porque la gente estaba bastante molesta", el hombre de 36 años le contó a la BBC.

Centenares de manifestantes se reunieron en la cubierta, donde colgaron pancartas para mostrar su descontento.

Una de estas, colocada cerca de la entrada de la piscina, decía: "¿Cuántos suicidios más necesitamos?".

Ni Royal Caribbean ni ningún otro operador de cruceros ha confirmado ningún suicidio.

La empresa estadounidense asegura que sus empleados disponen de una línea telefónica de ayuda confidencial para buscar ayuda.

La chispa que encendió la protesta, según el tripulante canadiense, fue el aplazamiento de un plan para repatriar a los trabajadores.

Dijo que en el caso de algunos empleados, las fechas de sus repatriaciones han cambiado varias veces, causando confusión y rabia.

En un barco, miembros rumanos de la tripulación realizaron una huelga de hambre para protestar.

Jim Walker, un abogado especializado en derecho marítimo que asiste a los tripulantes, asegura que el operador de cruceros ha "calmado a todo el mundo", pero agrega que muchos "aún están a oscuras".

"Legalmente, la repatriación de las personas es uno de los derechos más antiguos y fundamentales que hay. No puedes mantener a la gente secuestrada en el barco. No los puedes abandonar en el mar", dijo Walker a la BBC.

El lunes por la noche, Denise Gruby, la madre de un tripulante británico, dijo que su hijo no tenía ya esperanzas de ser repatriado.

Indicó que su hijo, Christopher Gruby, había optado por permanecer a bordo del Majesty of the Seas, que tiene planeado ir de Miami a Southampton.

"Simplemente, les han abandonado. Debe ser horrible estar en esa posición", dijo Gruby a la BBC.

Mejor suerte

Otros miembros de la tripulación han tenido más suerte.

Un empleado rumano que solicitó permanecer anónimo dijo que Royal Caribbean pagó para repatriarlo por vía aérea el 22 de febrero.

Esperaba reunirse pocos meses después con su novio, que también trabaja para la compañía.

Pero la agónica espera aún continúa.

"Mi novio está atrapado en el Majesty of the Seas. Puedo ver que no está del mejor humor, pero intento animarlo", afirma.

Royal Caribbean insiste en que los planes de repatriación están en marcha.

"Hasta ahora, hemos repatriado con éxito a más de 16.000 miembros de la tripulación y estamos trabajando con los gobiernos y las autoridades sanitarias de todo el mundo para seguir adelante en nuestros planes. Apreciamos la paciencia y la comprensión de nuestra tripulación en esta situación", dice la compañía.

Sin salario

Pero mientras la tripulación espera la repatriación, algunos se han quedado sin salario.

Muchos de los que están en los barcos de Royal Caribbean reciben un pago de buena voluntad, que asciende a US$13 al día, dicen los empleados.

Para Saldanha, sin embargo, esta cantidad no es suficiente.

"Después del 25 de abril, dejamos de recibir el salario completo", dice Saldanha.

"Estamos consumiendo alimentos y bebidas en el barco. Así que creemos que, tal vez, la compañía está recuperando su dinero. Quizás incluso está obteniendo ganancias".

Además de la carga financiera, la desesperación de estar encerrado en un crucero vacío ha pasado factura a Saldanha y su prometida.

Durante 21 días, los mantuvieron en cuarentena en el barco Celebrity Infinity, confinados en una pequeña cabina.

"Teníamos una ventana, pero no aire fresco ni podíamos acceder a él. Estuvimos allí durante 21 días, en contra de nuestra voluntad. Intentamos desesperadamente conseguir ayuda", dice Saldanha.

La semana pasada, la pareja fue transferida al Celebrity Reflection, donde se sienten más cómodos.

Saldanha dice que le habían dicho que existían planes para llevar a la tripulación brasileña a casa desde Barbados en mayo, pero no le gusta la idea porque intentos similares se han cancelado en el pasado.

"Ya lo han hecho cinco veces", señala.

En cambio, Saldanha quiere que el gobierno brasileño haga arreglos para llevarlos a casa.

"Estamos aquí en contra de nuestra voluntad. Mi prometida y yo somos rehenes. Necesitamos que nos rescaten", dice.

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