El presidente estadounidense Donald Trump se convirtió este miércoles en el tercer presidente en la historia de Estados Unidos en enfrentar un juicio político.

Los legisladores de la Cámara de Representantes del Congreso de ese país lo acusan de ejercer presión sobre Ucrania para obtener beneficios políticos personales y de intentar obstruir las investigaciones que el órgano llevaba a cabo.

Casi todos los miembros del Congreso votaron en conformidad con los lineamientos de sus partidos. La excepción fueron dos demócratas que votaron en contra de la primera acusación y tres que se opusieron a la segunda.

Ningún miembro del Partido Republicano de Trump votó a favor de proceder con el impeachment.

El presidente ahora será sometido a un juicio en el Senado y podría ser destituido a solo unos meses de las elecciones presidenciales que se celebrarán el próximo mes de noviembre.

Pero debido a que los republicanos son mayoría en la Cámara Alta, las posibilidades de que eso suceda son escasas.

¿Por qué es poco probable su destitución?

Se requieren dos tercios de los votos en el Senado estadounidense para separar al presidente de su cargo.

El Partido Republicano controla 53 de los 100 escaños y, para ganar, los demócratas necesitarían que al menos 67 senadores votaran por la destitución del presidente.

Esto significa que, además de los 45 votos de su propio partido y el apoyo de dos independientes, el Partido Demócrata necesita que 20 republicanos cambien de bando.

Y lograr esto parece poco probable en este momento, como le explica a la BBC Carl Tobias, de la Richmond School of Law, en Virginia, EE.UU.

A pesar de que los senadores deberían comportarse de manera imparcial durante el juicio, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, ya ha desestimado el impeachmentcomo partidista y ha advertido que no será neutral al escuchar los argumentos en contra del mandatario estadounidense.

"No soy un jurado imparcial. Este es un proceso político. No hay nada judicial al respecto", dijo McConnell.

"La Cámara tomó la decisión política partidista de llevar a cabo el proceso de impeachment. Podría anticipar que tendremos un resultado ampliamente partidista en el Senado".

Tobias, por su parte, califica la polarización partidista del asunto como "preocupante".

"Algunos de los republicanos en el Senado ya han dicho cómo van a votar y no han escuchado ningún testimonio ni evidencia, no han tenido ninguna discusión", apunta.

"Es preocupante que, siendo miembros del jurado, ya hayan decidido cómo debe ser el veredicto".

Un movimiento arriesgado

Solo dos presidentes estadounidenses han sido sometidos a juicios políticos: Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998, y ambos fueron absueltos por el Senado.

Para los demócratas, intentar destituir a Trump en un año electoral es un movimiento arriesgado políticamente.

Aunque el juicio político puede afectar la campaña del mandatario, también podría dificultar que candidatos demócratas sean reelegidos en áreas donde Trump cuenta con un fuerte apoyo.

Entonces, ¿por qué sus oponentes prosiguen con una estrategia tan arriesgada?

Defendiendo la Constitución

"Tenemos que defender la Constitución y el equilibrio de poderes. Está claro que hay ofensas procesables y, si no las sometiéramos a juicio, eso sentaría un terrible precedente para el futuro", le dijo a la BBC Julia Bryan, presidenta internacional de Demócratas en el Extranjero.

"Es nuestra responsabilidad constitucional, es nuestra responsabilidad moral. El Congreso no puede pasar por alto una evidencia que es tan clara y que nos ha sido presentada por personas en una posición neutral", prosiguió Bryan, quien también es miembro del Comité Nacional Demócrata.

Trump ha rechazado firmemente las acusaciones de abuso de poder por presuntamente haber condicionado ayuda militar a Ucrania a cambio de que su presidente, Volodymyr Zelensky, investigara a Joe Biden, uno de los principales rivales políticos del mandatario estadounidense.

En una carta enviada a la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, Trump la acusó de emprender una "guerra abierta contra la democracia estadounidense".

El profesor Tobias considera que algunos demócratas creen tener "el deber solemne" de seguir adelante con el proceso de impeachment.

"Se sienten obligados por sus juramentos a continuarlo, porque sienten que no hay garantías de que (Trump) no seguirá violando su juramento", dice.

"Creo que la preocupación de los demócratas es que él puede tratar de manipular las elecciones que se celebrarán en menos de un año: esto es lo que todos piensan aquí".

"Conexión electoral"

Pero el profesor Todd Belt, director del programa de Gestión Política de la Universidad George Washington, asegura que hay otra "conexión electoral".

"Los demócratas piensan en lo que piensa su electorado acerca de la destitución. Si no cumplieran con esto, entonces les sería difícil ser reelegidos", opina Belt.

"Igualmente, los republicanos creen que si no apoyan al presidente, también les será difícil ser reelegidos".

Según el corresponsal en Norteamérica de la BBC, Anthony Zurcher, "la base demócrata ha estado aullando por un juicio político durante meses".

"Si los funcionarios demócratas no hubiesen tomado medidas, habrían arriesgado la ira de sus partidarios más leales, y habrían enfrentado desafíos primarios o perdido las elecciones generales porque su lado no se sentiría lo suficientemente motivado para acudir a las urnas", escribe.

Manteniendo a Trump a la defensiva

Los demócratas también han indicado que el juicio político es una forma de mantener a Trump a la defensiva.

La investigación ha puesto a las empresas y a los asociados de Trump bajo escrutinio, en especial a su abogado personal y exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani.

El abogado se convirtió en una pieza clave en la destitución de la exembajadora de EE.UU. en Ucrania, Marie Yovanovitch, por concsiderar que esta no era justa con el presidente.

"Anticipo firmemente que tendremos varios casos judiciales sobre el presidente, sobre sus acciones y también sobre las de Rudy Giuliani y sus socios en Ucrania", dice Belt.

"Quizá haya también más casos judiciales relacionados con los negocios del presidente Trump".

"Hay un conjunto de otras formas, además del impeachment, que (los demócratas) utilizarán para mantener el foco sobre las acciones del presidente que para ellos vayan más allá de los límites".

Cualquier evidencia adicional que surja en casos futuros podría, por supuesto, ser perjudicial para Trump.

¿Tendrá este proceso una influencia en el voto?

Los demócratas sugieren que la próxima etapa del proceso de destitución podría atraer aún más la atención del público.

Las encuestas insinúan que la opinión del pueblo estadounidense se encuentra dividida equitativamente sobre si Trump debe ser separado de su cargo.

En la última, publicada el martes por el periódico estadounidense The Washington Post y el canal ABC, el 49% de los encuestados estuvieron a favor de la destitución y el 46% se opuso.

La opinión pública negativa con la que contaba Richard Nixon en 1974 allanó el camino para su renuncia, ante la posible destitución a la que se enfrentaba y que se hacía cada vez más segura.

Pero, según Belt, la sólida mayoría republicana del Senado y su estrategia de descalificar la investigación como partidista hacen que esto sea una posibilidad distante en el caso de Trump.

"Con Nixon, los demócratas se movieron lentamente y fue un goteo tras goteo de la información que seguía llegando (lo que lo llevó a renunciar)".

"Un proceso más largo para los demócratas podría sacar a la luz más crímenes y más pruebas sustantivas, pero están tratando de concluirlo rápidamente para que puedan concentrarse en otras cosas que los ayudarán a ser reelegidos".

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