El periodista del servicio afgano de la BBC Auliya Atrafi fue invitado por el Talibán a la localidad de Sangin, en el sur de Afganistán, para ver de primera mano cómo es vivir en un lugar gobernado por ese grupo radical. Este es su relato.


En Sangin, encontré dos docenas de hombres que estaban sentados, con las piernas cruzadas, en el suelo de un complejo hecho de barro.

Bajo la luna llena, sus turbantes negros proyectaban profundas sombras sobre sus rostros quemados por el sol.

Se trataba de las fuerzas especiales del Talibán: la Unidad Roja.

Se encontraban en silencio, con sus ametralladoras M4, mientras escuchaban las historias sobre la guerra que les contaba su comandante, Mullah Taqi.

Las ametralladoras M4, con su alcance de visión nocturna, fueron una de las principales razones por las que el Talibán capturó cerca del 85% de la provincia de Helmand de manos de unas fuerzas armadas afganas no tan bien armadas.

Pero esas victorias les trajeron a los líderes del Talibán un desafío que no se esperaban.

Por más de una década, la población que ahora les tocaba gobernar había vivido con los servicios que les prestaba el gobierno.

Las escuelas, los hospitales, los planes de desarrollo corrían por cuenta del Ejecutivo y la gente se había acostumbrado a ello.

¿Cómo podía un grupo enteramente enfocado en capturar territorio evolucionar para convertirse en una organización capaz de gobernarlo?


¿Qué es el Talibán?

  • El movimiento islámico de línea dura del Talibán llegó al poder en Afganistán en 1996 después de la guerra civil que se desató por el conflicto que enfrentó a ese país con la Unión Soviética. Cinco años después, los talibanes fueron sacados del poder por una invasión liderada por Estados Unidos.
  • Cuando estaban en el poder, impusieron una versión severa de la ley sharía. Hubo ejecuciones públicas, amputaciones y a las mujeres se las borró de la vida pública.
  • Los hombres dejaron que sus barbas crecieran y a las mujeres se les exigió que se vistieran con la burka. Además se prohibió la televisión, la música y el cine.
  • Llegaron a albergar a líderes de Al Qaeda antes y después de que fueran expulsados del poder. Desde entonces, ha peleado una insurgencia sangrienta que continúa.
  • En 2016, el número de víctimas civiles alcanzó un récord histórico. En gran medida, dice Naciones Unidas, ese aumento es responsabilidad del Talibán. La organización internacional indicó que 3.498 civiles murieron y 7.920 personas resultaron heridas en 2016, lo cual representó un aumento del 3% en comparación con 2015.

Organizar la visita de la BBC a territorio Talibán llevó meses. Habían pasado años desde que un periodista de un medio de comunicación internacional había tenido acceso a un área gobernada por los talibanes.

Pero a mediados de mayo, cruzamos la línea de frente en Gereshk tras seguir a un joven en una moto. Condujimos por la carretera principal que comunica Kabul con Herat y que lleva a Kandahar.

Cerca de una alcabala del Ejército Nacional Afgano, el joven de repente volteó hacía la izquierda, dejando la carretera atrás y condujo hacia asentamientos dispersos. Nos llevó hacia dos guardias talibanes en una base improvisada. Uno entró en el vehículo con nosotros y el otro nos guió en una moto hacia el área de Zanbulai.

Cuando llegamos, nos estaban esperando. Mullah Taqi, el jefe de las fuerzas especiales del Talibán, se paró junto a un grupo de sus hombres, todos portando armas.

Durante la visita, estuvimos acompañados por el equipo de prensa del Talibán, el cual controlaba todo lo que veíamos.

No nos permitieron filmar nada relacionado con el opio, cuyo comercio es un sinónimo de esta región. Afganistán produce alrededor de 90% del opio mundial y es una fuente de ingresos del Talibán.

Intenté explicarle al jefe del equipo de prensa, Asad Afghan, el concepto de "el elefante en el cuarto".

Pero simplemente me puso su mano en mi hombro y me dijo: "El opio es nuestra necesidad económica pero lo odiamos tanto como ustedes".

El hecho es que el Talibán necesita el dinero que saca de las drogas. Le ayuda a comprar armas y a financiar su lucha.

El mercado

Nuestro primer encuentro con el gobierno del Talibán se produjo en el mercado.

El control de Sangin ha provocado feroces combates durante más de una década, cientos de soldados británicos, estadounidenses y afganos han perdido sus vidas acá.

En marzo de este año, cayó en manos del Talibán.

El viejo bazar de Sangin había quedado destruido en la batalla que se libró por la ciudad. Caminamos por un bazar improvisado, un mar de lonas y cajas.

Dos hombres discutían en un puesto de comida.

"No leer", gritó el tendero Haji Saifullah. "¿Cómo se supone que supiera que las galletas estaban vencidas?", dijo mientras se movía el turbante hacia un lado con nerviosismo.

El otro hombre era el alcalde talibán de Sangin, Noor Mohammad, quien ordenó que Haji Saifullah fuese encarcelado tres días y que pagara una multa.

En el itinerario del alcalde estaba la inspección de los contenedores de gasolina para ver si habían sido alterados con la intención de llegar al galón.

Después vino el examen de personas que aseguraban que eran doctores, pero de quienes el alcalde sospechaba que estaban mintiendo.

La capital de facto

Posteriormente condujimos hacia Musa Qala, la capital de facto del Talibán. A poca distancia de la ciudad, nos detuvimos para ver un bazar ambulante montado en el cauce de un río seco.

Musa Qala es famoso por el opio pero también es conocido por lo que representa en términos comerciales para el distrito.

Los comerciantes vienen acá desde las áreas fronterizas con Pakistán.

En el bazar puedes comprar motos, vacas, helados y mercancías menos convencionales como municiones.

Las balas de un AK47 se vendían a US$0,25, mientras que las de una ametralladora rusa -que se solían vender en 40 centavos- estaban en 15 porque -de acuerdo con el vendedor- muchas de ellas le habían sido arrebatadas a las fuerzas de seguridad afganas.

El enfoque del Talibán en los ámbitos de la salud, la seguridad y las normas comerciales en Sangin nos sorprendió. Más descubrimientos nos esperarían en Musa Qala.

Financiamiento de Kabul

Pese a ser la capital del Talibán, la escuela y el hospital en Musa Qala siguen recibiendo los fondos del gobierno en Kabul.

"El gobierno recientemente hizo sus inspecciones; nuestras escuelas fueron registradas oficialmente; nuestros salarios, que habían sido bloqueados por un año, fueron liberados", indicó Abdul Rahim, encargado de Educación del Talibán en Musa Qala.

Rahim señaló que el Talibán no tiene ningún problema con los inspectores gubernamentales y que el sistema estaba funcionando.

"El gobierno nos da la papelería y todo los demás, implementamos el programa educativo del gobierno y el Talibán no tiene ningún problema con ello", señaló.

Pero no todo parece ir sobre ruedas.

Educación

En todo Afganistán, alrededor de 40% de los pupilos son niñas, de acuerdo la organización US Aid.

Sin embargo en Musa Qala, la situación es muy diferente.

Ninguna niña mayor de 12 años estaba recibiendo educación en la capital del Talibán.

Aunque hay que aclarar que las niñas fueron privadas de educación incluso antes de que el Talibán asumiera el control porque es un área muy conservadora.

Los niños, por su parte, no cuentan con suficientes suministros básicos.

"La forma en que nuestra escuela es administrada está bien, es segura, pero tenemos un problema y es que no hay suficientes libros", me dijo Dadul-Haq, uno de los estudiantes.

"Un alumno no podrá ver matemáticas, el otro no podrá ver química, no todos los estudiantes tienen los mismos libros", señaló.

Me sorprendió que en lo que se refiere al ámbito educativo, el Talibán está tentativamente experimentando dar un mayor acceso a la educación, al menos a los niños varones, que lo que solía hacer cuando su régimen recién había tomado el poder.

Bajo su liderazgo, antes de 2001, menos niños iban a la escuela en el interior del país.

Pero experiencias como la de Haji Saifullah, el vendedor de galletas en Sangain, ha hecho que los afganos que viven en las zonas rurales afganas se den cuenta que la educación y la alfabetización son esenciales y que no te convertirán en un infiel como sus antepasados temían.

Modernidad

Ahora, parece que el Talibán se ha dado cuenta de que no puede combatir el mundo moderno por siempre. Por eso, algunos han optado por unírsele pero en sus propios términos.

Asad Afghan, el coordinador de prensa del Talibán, usó un proverbio para enfatizar su razonamiento.

"El fuego podría haber quemado nuestra casa, pero hizo nuestras paredes más fuertes", dijo.

Quiso decir que el Talibán ha aprendido de sus errores del pasado de haberse aislado de la modernidad.

Muchos dicen que el Talibán ha traído seguridad, aunque con libertades limitadas, a las zonas del interior del país que están bajo su control.

Áreas que en el pasado eran el foco de enfrentamientos entre tropas y militantes armados ahora están experimentado un aumento notable en las actividades comerciales.

Muchas personas dicen que prefieren el sistema de justicia del Talibán que el del gobierno anterior, el cual -aseguran- estaba plagado de corrupción y patrocinio.

El hospital

Visitamos el hospital distrital, el cual, como la escuela, es financiado por el gobierno pero dirigido por el Talibán.

Fue diseñado para atender a unos 120.000 pacientes, pero carece de la infraestructura básica mínima.

No hay ni una sola mujer doctora, ni un especialista en pediatría. No es posible hacer una radiografía del tórax, por ejemplo.

Para atender a las mujeres, el Talibán construyó una unidad que queda al lado, la cual es dirigida por mujeres.

Un doctor dijo que el sistema dual (gobierno central y el Talibán) había creado un vacío de responsabilidad y abrió la puerta a la corrupción.

"No me han pagado en los últimos seis meses. No sólo es mi caso, es el de todo el personal que trabaja en el hospital", se quejó.

"Los supervisores (gubernamentales) dicen cosas sobre el papel que no se transforman en hechos. El suministro de medicinas de tres meses no nos dura más de un mes y medio. Eso es porque el Talibán viene y quiere medicina para ellos mismos".

Le preguntamos al supervisor de los servicios de salud del Talibán, Attaullah, si podíamos entrevistar a una enfermera, pero rechazó la solicitud.

Incluso cuando su esposo le dijo que él no tenía problema con la entrevista, Attaullah se negó. Y señaló: "Es su derecho permitir la entrevista, pero es mi responsabilidad detenerla".

"¿Cuál sería la diferencia entre nosotros y el gobierno si permitiéramos entrevistas con mujeres?".

¿Tradición?

Durante los cuatro días que estuve en territorio del Talibán, solo vi mujeres en clínicas y cuando eran transportadas por sus familiares masculinos.

Pero los hombres aquí siempre han preferido que las mujeres se queden en casa, fuera de vista.

Incluso si el Talibán no estuviera acá, es probable que las cosas no fueran muy diferentes.

Algunas actividades eran limitadas.

En Musa Qala, usar teléfonos celulares e internet está prohibido por razones religiosas y de seguridad.

Los coordinadores talibanes de nuestra visita se comunicaban vía walkie-talkies.

Filmar o tocar instrumentos musicales tampoco está permitido.

Un joven me dijo que le habían dado 40 latigazos por ver una película de Bollywood.

El Talibán ha acabado con los bachabaze, como se conocen las fiestas de baile en las que participan adolescentes varones que con frecuencia pueden terminar en abusos sexuales.

También se oponen a la homosexualidad, aunque parece que el proceso legal del Talibán puede verse influido por sobornos.

Contradicciones

Hay contradicciones. Se nos permitió filmar, por ejemplo. Y pasamos por carteles publicitarios de clínicas dentales en los que se veían mujeres occidentales, algo impensable en los días en que los talibanes prohibían ese tipo de imágenes.

Pese a la prohibición del Talibán, hay puntos de wifi que ofrecen una conexión al mundo exterior.

Unos pocos aficionados a las novelas turcas e indias tienen sus televisores conectados a pequeñas antenas parabólicas.

"¿No te da miedo que el Talibán se entere?", le pregunté a un adolescente. "Ellos saben de nuestro televisor y del wifi", me dijo. "Pero creo que sólo están esperando a ver qué pasa".

En nuestra visita éramos conscientes de que el Talibán nos estaba tratando con cuidado, que era querían crear una buena impresión.

Supimos, por ejemplo, que el control ejercido por el Talibán en otros lugares es más rígido.

El dilema

Para el Talibán, empezar a adaptarse a la modernidad parece traer un dilema doloroso: si la abrazas puedes perder el control y la legitimidad religiosa y si la rechazas, te convertirás en una isla.

Durante una cena con los líderes talibanes locales discutimos varios temas.

Uno de ellos trataba de convencernos sobre los beneficios de la vida bajo el mando del Talibán si se comparaba con las fallas del gobierno afgano.

Pero me sorprendió que el mundo que ellos quieren crear sea demasiado absoluto para una sociedad humana.

Les comenté que una sociedad era desordenada, complicada y siempre en transición y me preguntaba cuán exitoso sería cualquier gobierno intentando ponerle un marco fijo a su idea de sociedad.

Uno de los líderes, Musavir Sahib, un hombre pequeño, de ojos azules y con una barba larga, me dijo con un tono inflexible: "Nuestra gobernanza está basada en las escrituras sagradas; es la mejor solución para cualquier sociedad humana".

"Los afganos son personas que se adaptan", añadió. "Cuando tomamos el control del país por primera vez, la gente se empezó a vestir como nosotros. Y después cuando los estadounidenses vinieron, empezaron a vestirse como estadounidenses. Por eso, con seguridad, adoptarán nuestra gobernanza nuevamente".

Para él es inconcebible que la gente se pueda oponer al Talibán.

Esperanzas

De regreso al territorio gobernado por el Ejecutivo afgano, me he dado cuenta que definir al grupo insurgente se había vuelto menos directo y más lleno de contradicciones.

El Talibán ha cambiado significativamente al tiempo que sigue anclado a su pasado; siente que se ha adaptado al mundo moderno mientras que cree que su forma de gobernar es la mejor.

En las áreas que controla parece que intenta ofrecer una existencia pacífica, pero en otras partes continúa ejecutando ataques mortales con bombas.

El Talibán enfrenta un nuevo desafío. En las áreas que controla, la gente espera que haya mejoras en sus condiciones de vida como electricidad y atención médica, un legado duradero de los billones de dólares que derramaron las fuerzas extranjeras para reconstruir Afganistán en los años posteriores al 11 de Septiembre.

¿Cómo lidiará el Talibán con eso?

El equipo de la BBC en la provincia de Helmand estuvo formado por Auliya Atrafi, Ali Hussaini y Attahullah Safi.

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