La decisión del gobierno de Chile de extender los límites marítimos de su país ha generado un conflicto diplomático con Argentina, que acusó a su vecino de "apropiarse" de una zona que le pertenece.

Lo que ambos se adjudican son unos 5.500 kilómetros cuadrados de plataforma submarina en el pasaje de Drake, que separa a América del Sur de la Antártida.

Argentina y Chile estuvieron cerca de ir a la guerra en 1978 por una disputa territorial en una región cercana: el canal de Beagle. El conflicto bélico se evitó con la mediación del entonces papa Juan Pablo II.

Este precedente ha llevado a algunos a mirar con preocupación este nuevo diferendo en el extremo austral del continente americano.

Sin embargo, el canciller chileno, Andrés Allamand, aseguró que no hay motivos para la alarma.

"Quiero señalar que la diferencia existente entre la República de Chile y la República Argentina es una diferencia entre países amigos", afirmó durante una conferencia de prensa desde el palacio de La Moneda, unos días después de que estallara la polémica.

"Chile y Argentina somos aliados estratégicos y vamos a seguir siéndolo. Y si en el pasado, en la década del ´70, tuvimos posiciones encontradas, ambos países hemos dado un ejemplo de cómo esas posiciones encontradas se pueden dejar atrás y cómo se puede construir una relación bilateral sólida, estable y potente en el tiempo", señaló.

Allamand también dijo que su país valoraba y coincidía con una declaración realizada por la cancillería argentina, que afirmaba que la situación "deberá ser resuelta a través del diálogo (...) de acuerdo a la histórica hermandad de nuestros pueblos y el derecho internacional".

"Así, por lo demás, lo ordena el Tratado de Paz y Amistad del año 1984", agregó, en referencia al acuerdo que se firmó tras las tensiones por la soberanía de unas islas en el canal de Beagle.

Qué pasó

Pero ¿por qué ha surgido este nuevo desacuerdo?

Todo comenzó el pasado 23 de agosto, cuando el presidente chileno, Sebastián Piñera, aprobó por decreto una actualización de una carta náutica que extendía los límites marítimos de Chile en unos 30.000 km2.

Dentro de esta extensión se incluyó una zona de unos 5.500 km2, en forma de medialuna, que Argentina considera propia.

Por este motivo, el anuncio chileno fue recibido con indignación por el gobierno argentino, que emitió un comunicado acusando a su vecino de pretender "apropiarse de una parte de la plataforma continental argentina" (como se conoce a la prolongación natural del territorio bajo el mar).

Argentina argumenta que ese área fue considerada suya por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas (CLPC).

En 2016, la CLPC aprobó los nuevos límites marítimos presentados por el país, que representaban una ampliación de unos 1,6 millones de km2, incluyendo el área ahora reclamado por Chile.

El anuncio del organismo de la ONU fue celebrado por Argentina, que, en base a esas recomendaciones, ratificó por ley sus nuevos límites externos y publicó un nuevo mapa que muestra su plataforma continental submarina.

Pero Chile ?que objetó el nuevo mapa? considera que la CLPC es un "órgano científico" que no tiene autoridad para determinar los límites legales de un país.

"La comisión no adjudica derechos entre estados. No lo podría hacer porque no es un tribunal", señaló la Cancillería chilena en un comunicado.

"Vocación expansiva"

El desacuerdo generó una serie de fuertes declaraciones cruzadas entre los cancilleres de ambos países.

"Chile, con este decreto intempestivo, apropia", acusó el argentino Felipe Solá, quien también señaló que el resto de la zona reclamada por su vecino es patrimonio universal, según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Allamand respondió que la afirmación de su par era "un error de concepto" porque "nadie se apropia de lo que le pertenece".

"La zona señalada, la llamada plataforma continental jurídica, que llega hasta las 200 millas, le pertenece a Chile de pleno derecho desde el principio. Simplemente, porque tenemos la calidad de Estado ribereño", afirmó.

Aunque la cancillería chilena intentó bajar los decibeles de la discusión, afirmando que le parecía "inconducente escalar la controversia" y que "la diferencia la vamos a tratar a través del diálogo", esto no frenó el enojo argentino.

El pasado 3 de septiembre, la cancillería argentina envió una nota formal de protesta a Chile, con fuertes críticas.

"La aspiración que ahora Chile manifiesta mediante esa medida es contraria al Tratado de Paz y Amistad Argentino-Chileno, celebrado el 29/11/1984, y a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982", decía la carta.

Y acusaba: "Evidencia una vocación expansiva que la Argentina se ve obligada a rechazar".

Disputa antártica

Este diferendo en una zona considerada la "puerta de entrada a la Antártida" se suma a la disputa histórica que mantienen los vecinos sudamericanos en el continente blanco.

Argentina y Chile son los únicos dos países del continente americano que reclaman una parte de la Antártida.

https://www.youtube.com/watch?v=HwQIES5OuyQ

El primero declaró su soberanía en una sección del noroeste antártico, que considera una extensión de su provincia más austral, Tierra del Fuego, en 1904. Fue el primero en el mundo en hacerlo.

Chile hizo su propio reclamo en 1940, también sobre la base de que esa porción antártica era una extensión natural de la región de Magallanes, la más sureña de su territorio.

Pero parte de la Antártica Chilena ?como se la conoce allí? se superpone con la llamada Antártida Argentina.

Complicando aún más las cosas, Reino Unido también reclama terrenos antárticos exigidos tanto por Argentina como por Chile.

Los otros cuatro países que reivindican partes del continente blanco son Noruega, Australia, Nueva Zelanda y Francia.

Todas estas pretensiones quedaron congeladas en 1959 con la firma del Tratado Antártico, que convirtió a este territorio en una reserva científica internacional que no le pertenece a nadie.

No obstante, los países que reivindican partes de la Antártida también demandan derechos de propiedad sobre el lecho marino adyacente a los territorios antárticos que pretenden, lo que está generando una nueva disputa territorial en la región más austral del mundo.

Contexto electoral

La batalla diplomática entre Chile y Argentina no solo tiene un contexto geográfico e histórico sino también uno político, ya que se da en la antesala de comicios clave en ambos países, un factor que, algunos creen, no es casual.

El próximo 21 de noviembre los chilenos decidirán quién reemplazará al centroderechista Piñera, quien terminará su mandato en marzo de 2022.

Fuentes gubernamentales argentinas citadas anónimamente por algunos medios locales han sugerido que el decreto del presidente chileno podría buscar levantar su alicaída imagen, en sus últimos meses de gobierno.

"Cultivar la rivalidad con la Argentina (...) siempre genera empatía en un sector de la centroderecha y derecha chilena", publicó el diario Río Negro.

Sin embargo, en declaraciones al diario El Mercurio, el mandatario chileno aseguró que sus acciones no eran imprevistas, sino parte de "un proceso de continuidad de la política exterior".

"Esperamos en noviembre enviar a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas la plataforma continental al oeste de la península antártica", adelantó Piñera, asegurando que "lo que Chile está haciendo es ejercer su derecho".

El canciller Allamand informó, por su parte, que la decisión del presidente cuenta con el respaldo de los exmandatarios Michelle Bachelet, Ricardo Lagos y Eduardo Frei, quienes fueron consultados previamente.

"Hay una continuidad histórica que abarca a lo menos a tres gobiernos y el paso que hemos dado ahora es simplemente un paso más en una secuencia que tiene esta trayectoria histórica de continuidad", afirmó.

El clima electoral, esta vez en Argentina, también puede haber influenciado la dureza de la respuesta del gobierno de centroizquierda de Alberto Fernández, quien el domingo 12 de septiembre enfrenta elecciones primarias de medio término que muchos consideran un barómetro de su gestión.

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