El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, firmó este miércoles un decreto que prorroga hasta el 30 de abril de 2021 la autorización para que los miembros de las Fuerzas Armadas puedan participar en operaciones de combate a los delitos ambientales en la Amazonía y de protección a la selva, afectada por incendios y deforestación.

Las operaciones de miembros del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea en la mayor selva tropical del mundo comenzaron en mayo de este año, como una reacción del líder ultraderechista a las crecientes críticas a la supuesta omisión del gobierno frente a la devastación de la Amazonía y a su discurso antiambientalista.

La intervención militar en el considerado mayor pulmón vegetal del mundo, que vencía en octubre y fue prorrogada por otros seis meses, permite a los miembros de las Fuerzas Armadas participar en operaciones de apoyo al combate a los crímenes e incidentes ambientales en áreas fronterizas, reservas ambientales e indígenas y otras áreas vulnerables en la Amazonía.

La permanencia de los militares en la Amazonía había sido anticipada y defendida la semana pasada por el vicepresidente de Brasil, el general retirado del Ejército Hamilton Mourao, quien comanda un consejo intergubernamental responsable por las políticas de desarrollo sostenible en la región amazónica, que se extiende sobre un 60% del territorio brasileño.

Incendios crecieron un 85%

Pese a la participación de cerca 10.000 miembros de las Fuerzas Armadas en operaciones de combate a los delitos ambientales, los índices de deforestación y los incendios forestales se han disparado desde la llegada de Bolsonaro al poder en enero de 2019.

La deforestación y los incendios en la Amazonía crecieron un 85 % y un 30 % respectivamente, según los datos del estatal Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE).

El número de incendios en la Amazonía aumentó un 4,6 % entre enero y octubre de este año frente al mismo período de 2019 y superó los 89.176 focos de fuego registrados en todo el año pasado.

Por su parte, las alertas de deforestación entre enero y septiembre de este año abarcaron 7.063 kilómetros cuadrados de selva, lo que supone un descenso del 10,25 % frente a los primeros nueve meses de 2019, aunque aún presenta niveles alarmantes.

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