Adorna la fachada del ministerio del Interior de Cuba, en La Habana,  pero también se la encuentra en posters, obras de arte (y no arte), poleras y en una variopinta oferta de artículos de merchandising alrededor del mundo.

Es el rostro de Ernesto Che Guevara, en una imagen que -como la más reproducida de la historia-  llegó prácticamente a cada rincón del planeta mucho antes de que existieran las redes sociales. 

El 6 de marzo de 1960, el fotógrafo cubano Alberto Díaz Gutiérrez, más conocido por el apodo “Korda”,  tomó la fotografía que dio origen a la imagen y el mito.

Elegido para inmortalizar a los líderes revolucionarios con retratos cargados de simbolismo, ese día fotografió al comandante Guevara cuando se encontraba junto al resto de la dirección política cubana en una concentración política por el entierro de las víctimas de la explosión del buque La Coubre, fondeado en La Habana. Habían muerto más de 100 personas por el estallido del barco  que, llegando desde Bélgica, traía a la isla más armas para la revolución.

Guevara tenía entonces 31 años de edad, y aquel día su gesto grave y mirada en el horizonte fueron una señal para Korda.

“Fue un acto muy emotivo: habían muerto 136 personas y Fidel hablaba con voz vehemente. En la tribuna, muy serios, estaban Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y prácticamente todos los dirigentes de la revolución. Yo miraba la escena a través de mi Leica con un objetivo de 90 milímetros. Iba recorriendo la tribuna de izquierda a derecha y de pronto, sin esperarlo, emerge él desde atrás y mira la multitud. Me quedo impresionado, asustado y tomo la primera foto. Me doy cuenta de que la expresión de ese hombre en aquel momento es la de un auténtico Che Guevara”, dijo alguna vez Korda al describir el momento, por el que no reclamaba crédito alguno.

"(Guevara) Era extraordinariamente fotogénico, por lo que no tuve ningún mérito especial. Aparte, claro, es un héroe de nuestro tiempo", decía si le pedían explicar por qué esa imagen se convirtió en mito junto con el Che.

La foto fue descartada por el diario Revolución –para el que trabajaba Korda- y pasó a su archivo personal. La imagen recién vería la luz pública en octubre de 1967, después de la muerte de Guevara en Bolivia, cuando la cedió al editor y activista político italiano, Giangiacomo Feltrinelli, para utilizarla en un libro.

La fotografía se convirtió en ícono contracultural, emblema de movimientos políticos y también en representación de  rebeldía para los jóvenes. También fue una suerte de estigma para Korda, que desde entonces es recordado como el fotógrafo de la revolución, cuando en realidad ese capítulo ocupa apenas una pequeña parte de su extensa obra.

Korda no recibió un centavo por derechos de propiedad intelectual por la fotografía. Argumentaba que como defensor de los ideales por los que el Che Guevara murió, no se oponía a la reproducción de la imagen para la difusión de su memoria y de la causa de la justicia social en el mundo.

Korda conservó los negativos de la foto y la cámara hasta el día de su muerte en 2001.

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