Miles de migrantes protagonizan la mayor crisis humanitaria desde 1975, al ingresar por mar a Ceuta, el enclave español en África que limita con Marruecos.  

Las imágenes han dado la vuelta al mundo, pero sin duda una de las más emotivas ha sido la protagonizada por Juanfran, un agente del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS), destinado actualmente en la mencionada ciudad autónoma.

El agente se echó al mar para rescatar a alguno de los inmigrantes que cruzaron a nado la frontera, saltando desde el espigón del Tarajal. Entre estas personas había un bebé de unos dos o tres meses, que llevaba puesto un pijama de rayas blancas y rojas, un gorro azul y unos guantes en las manos. 

Al igual que Juanfran, otros compañeros del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) también se lanzaron al agua para sacar a decenas de niños. Sus padres se habían tirado al mar, pero no conseguían salir adelante.

España incrementó este martes la presión diplomática sobre Rabat y su dirigente Pedro Sánchez viajó a Ceuta, tras prometer "restaurar el orden" en este enclave norteafricano adonde llegaron unos 8.000 migrantes desde el lunes.

Elevando el tono contra un socio clave en el control del flujo migratorio, Madrid convocó a la embajadora marroquí en España para trasladarle su "disgusto" y su "rechazo a la entrada masiva de migrantes marroquíes en Ceuta".

"Le he recordado que el control de las fronteras ha sido y debe seguir siendo la corresponsabilidad de España y de Marruecos", indicó a la prensa la ministra de Exteriores, Arancha González Laya.

En respuesta, Marruecos llamó a consultas a su embajadora en España, Karima Benyaich, quien volverá en breve a su país, indicó a la AFP la portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores.

En paralelo, el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, llegó a Ceuta para "mostrar la determinación" de su ejecutivo en "restablecer el orden" en la ciudad y las fronteras "con la máxima celeridad", dijo en una alocución televisada previa.

Después, el mandatario tiene previsto desplazarse a Melilla, el otro enclave español al norte de Marruecos, que en la madrugada del martes recibió también 86 llegadas de migrantes que saltaron su valla fronteriza.

Controladas por España durante siglos y reivindicadas por Rabat, ambas ciudades constituyen las únicas fronteras terrestres entre la Unión Europea y África.

"Esta llegada súbita de migrantes irregulares supone una grave crisis para España y también para Europa", advirtió el dirigente español.

Desde el lunes, unos 4.000 migrantes fueron ya devueltos a Marruecos, según el ministerio español de Interior.

"Ningún futuro" 

En Ceuta, el flujo de migrantes seguía aunque a menor ritmo en la tarde del martes, con grupos de migrantes llegando a nado del lado marroquí pese al despliegue de la policía y el ejército español en la zona, constató un fotógrafo local.

Decenas de vehículos militares seguían desplegados en la arena de la playa ceutí del Tarajal, donde llegaron a concentrarse cientos de migrantes durante la tarde. 

Los agentes policiales apenas los dejaban sentarse un rato en la arena, antes de conducirlos nuevamente hasta la valla que separa ambos territorios y expulsarlos por unas portezuelas.

Algunos, al ser devueltos, suplicaban por quedarse. "Por favor, no tenemos nada, somos estudiantes, queremos una vida nueva", decía uno.

Durante la jornada, las fuerzas españolas lanzaron gases lacrimógenos para disuadir a las personas de cruzar, mientras que la policía marroquí interceptaba algunos grupos que trataban de franquear la valla metálica de la frontera y bloqueaban tierra adentro el paso de los migrantes.

"Muchos de nuestros amigos consiguieron pasar, nosotros vinimos más tarde en cuanto nos enteramos, lo intentamos a través de la montaña pero la policía nos bloqueó", dijo en la noche del lunes a la AFP Amal, de 18 años, que vino de un pueblo cercano con su hermano y dos amigos.

"No tengo ningún futuro aquí, mi objetivo es cruzar a Europa continental", dijo Soulaimane, de 21 años.

Pedro Sánchez garantizó que sería devuelto "todo aquel que haya entrado irregularmente", según los acuerdos "firmados con Marruecos desde hace años".

La delegación del gobierno en esa ciudad señaló que una persona falleció ahogada mientras trataba de llegar al enclave por mar.

Crisis diplomática 

Esta crisis para España se produce en momentos de tensiones diplomáticas bilaterales con Marruecos, un aliado clave contra la inmigración irregular.

Rabat se irritó luego de que el gobierno español decidiera, en abril, acoger al líder del movimiento independentista del Sáhara Occidental, Frente Polisario, Brahim Ghali, para que fuera tratado por COVID-19 en un hospital.

Era una cuestión "humanitaria", insistió este martes González Laya, incapaz de calmar al país vecino, enfrentado desde hace décadas con el Frente Polisario por esta antigua colonia española que Marruecos considera parte integral de su territorio.

"Marruecos es un país socio, un país amigo de España y así debe seguir siéndolo" pero "esta cooperación debe basarse siempre, siempre, en el respeto a las fronteras mutuas", advirtió Pedro Sánchez.

Bruselas mostró su solidaridad con España y llamó a Rabat, en boca de la comisaria europea de Asuntos de Interior, Ylva Johansson, a impedir la salida de migrantes de su territorio.

En Rabat, las más altas autoridades guardaban silencio. 

El director de la policía judicial, Mohamed Dkhissi, afirmó el domingo en la televisión publica marroquí 2M que España era la parte "perdedora" en la disputa, al señalar que "Marruecos, que es una potencia regional (...), no es sirviente de ningún país".

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