DW: ¿Qué busca Jean Asselborn con su exigencia de separar a Hungría de la UE?

Kai-Olaf Lang: Sus declaraciones coinciden con un contexto específico. La UE está sumida en una profunda crisis. Los 27 jefes de Estado y de Gobierno se reunirán a finales de semana en Bratislava, para decidir qué rumbo tomar sin el Reino Unido.

En esta complicada fase, algunos actores, entre los que se cuenta Asselborn, ven la oportunidad de impulsar a la UE hacia una mayor integración, según sus propias visiones. No quieren tener consideración con socios presuntamente difíciles. Evidentemente, Asselborn quiso tantear los límites y ver hasta dónde puede llegar. En un momento histórico, en el que se trata de mantener a la UE unida, tales postulados son poco útiles.

Entonces, ¿Asselborn no está solo?

No, seguramente, Asselborn habla también por otros. En la actual fase de reorientación, ven a Hungría como un obstáculo y desearían deshacerse de ese tipo de Estados miembros incómodos, en el marco de un “relanzamiento” de la UE. Aunque nadie se atreverá a decirlo así. Y eso tampoco quiere decir que se trate de la opinión mayoritaria. Además, no debemos olvidar que Asselborn también es un político partidista. Ya en el pasado las filas socialdemócratas dirigieron duras críticas al nacionalista y conservador primer ministro húngaro, Viktor Orban.

Luxemburgo y Hungría son miembros con iguales derechos en la UE. ¿Qué revelan estas declaraciones sobre el estado de ánimo que se vive al interior del bloque?

Algunos parecen extremadamente impacientes. Normalmente, todo funciona así: cuando se producen desviaciones en el desarrollo de uno de los miembros, se habla de ellas y se intenta solucionarlas. Pero cuando se demanda una exclusión, en realidad, ya se ha dado al socio por perdido. Falta la voluntad de ponerse en el lugar del otro. Algunos Estados miembros, aparentemente, se ven en competencia con otros, en lugar de en una asociación cooperativa, que por supuesto puede ser crítica.

¿Sería posible una exclusión?

Los actuales tratados nos contemplan la exclusión de un miembro. Habría que torcer muchas cosas. Según la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, un tratado puede quedar sin efecto si se prueban graves violaciones del mismo. Entonces se podría suspender o dar por concluida una membresía.

Ese es, sin embargo, un caso extremo, que pudiera emplearse tras un golpe militar en un Estado miembro. Otra cosa es el artículo 7 del Tratado de la UE. Ese es actualmente el gran garrote, con el que se pueden suspender temporalmente los derechos de un miembro, aunque existen grandes obstáculos para aplicarlo.

¿Cómo se toman en Hungría estas declaraciones desde Luxemburgo?

No es la primera vez que llegan declaraciones de este talante. Como de costumbre, se dirá que los adversarios políticos llevan a cabo una campaña contra el país. El ministro de Exteriores, (Péter) Szijjártó ya ha dicho que no toma en serio a Asselborn.

El Gobierno de Orban seguramente utilizará el caso en su campaña para el referendo sobre la distribución de refugiados por cuotas en la UE. La votación del 2 de octubre se convertirá en un voto sobre Asselborn. Orban es relativamente hábil para hacer que estas cosas no solo le reboten, sino incluso le sirvan.

O sea, ¿que todo esto más bien lo beneficia?

Probablemente. Las indudablemente exageradas declaraciones de Asselborn son viento para los molinos de los euroescépticos. Ahora pueden decir con toda seguridad: miren ustedes como nos ponen la pistola en el pecho. Si no hacemos pronto lo que nos piden, nos amenazan con la exclusión.

¿Pero tiene Asselborn razón en el contenido de su crítica a la política húngara? Él no solo ha mencionado la cerca contra los refugiados sino también violaciones de la libertad de prensa y falta de independencia de la Justicia…

Estamos ante una zona gris. No hay dudas de que se han dado un par de evoluciones complicadas en Hungría. Es evidente que Orban, desde que llegó al poder en 2010, lleva a cabo una reestructuración del país desde sus cimientos, apoyado en parte en grandes mayorías.

Sin embargo, yo no iría tan lejos como para decir que en Hungría rige una democracia defectuosa. Lamentablemente es muy difícil comprobar si determinados principios están siendo violados. No hay criterios medibles –como para la consolidación del presupuesto, por ejemplo− para el imperio de la ley o la separación de poderes.

Puede haber una diferencia en la política de refugiados, basada fundamentalmente en asegurar las fronteras, sin atenerse a los estándares humanitarios de Alemania y muchos otros Estados miembros, pero eso no tiene que ver con el estado de la democracia húngara. Tienen razón quienes acusan a Hungría de mantener una política de refugiados restrictiva, pero quien la acuse de violar reglas de la UE en este sentido, tendrá dificultades para probarlo.

Kai-Olaf Jung trabaja para el Instituto alemán de Política Internacional y Seguridad, de la Fundación Ciencia y Política (SWP), en Berlín. Es parte del grupo de investigación UE/Europa, en el que se ocupa de Europa del Este y la política de ampliación de la UE.

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