AFP

Los jefes de la diplomacia rusa, turca e iraní se reúnen este sábado en Moscú para intentar encontrar una salida a la guerra en Siria, donde los tres países se impusieron como actores claves del conflicto. 

Moscú y Teherán, aliados de Damasco, y Ankara, que apoya a los rebeldes sirios, apadrinan el proceso de paz de Astaná, que permitió la creación de cuatro "zonas de distensión" en Siria. 

Pero las negociaciones para poner fin a la guerra siria, que dejó más de 350.000 muertos desde 2011, se han visto obstaculizadas por los intereses contradictorios de Rusia, Turquía e Irán, y por divergencias respecto al futuro del presidente sirio Bashar al Asad. 

La última cumbre entre los tres países se remonta a primeros de abril en Ankara. Los presidentes de los tres países, Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan y Hasan Rohani, se comprometieron entonces a cooperar para lograr "un alto el fuego duradero" en Siria

El encuentro en Moscú entre el ministro ruso Serguéi Lavrov, el turco Mevlüt Cavusoglu y el iraní Mohamad Javad Zarif "se centrará en todos los aspectos de la cooperación establecida en el marco del proceso de Astaná y en precisar las etapas que podrían decidirse a partir de ahora", anunció la diplomacia turca en un comunicado. 

La diplomacia rusa indicó, por su parte, que las negociaciones abordarían sobre todo la situación humanitaria en el país en guerra. "Proporcionar ayuda al pueblo sirio no es algo que deba estar condicionado por un objetivo político", declaró su portavoz, Maria Zajarova. 

- "Una alianza muy inestable"  -

Pero la aparente unidad que mostraron los tres países hace tres semanas en Ankara se vino abajo tras un presunto ataque químico contra el bastión rebelde de Duma, el 7 de abril, que los países occidentales atribuyeron al régimen de Asad. 

Turquía consideró "apropiada" la respuesta de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que bombardearon objetivos sirios como represalia por lo ocurrido en Duma, mientras que Rusia e Irán defendieron el gobierno de Damasco. 

El presunto ataque químico "creó una grieta en la unión entre esos tres países", dice el analista Alexandre Shumilin. "Las metas y los objetivos de cada uno de ellos son muy diferentes", prosigue, citando las ambiciones divergentes de Moscú y Teherán. 

"Irán necesita tener un pie en el territorio sirio para amenazar a Israel", pero eso "crea problemas para Rusia, que sólo quiere estabilizar la situación y marcharse", asegura el experto.

Alexéi Malachenko, del Instituto por el Diálogo de las Civilizaciones, opina que esos tres países forman una "alianza muy inestable" con posturas irreconciliables. "Turquía tiene una postura muy clara: está contra Bashar al Asad, y es imposible llegar a un acuerdo al respecto", explica. 

- ¿Regreso a Ginebra? -

El proceso de Ginebra, en el que participan el régimen y todos los sectores de la oposición siria bajo los auspicios de la ONU, lleva meses en punto muerto tras haber aportado pocos resultados concretos

El miércoles, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Federica Mogherini, instó a Rusia e Irán a "presionar a Damasco para que acepte sentarse a la mesa de las negociaciones llevadas a cabo bajo supervisión de la ONU".

Unas declaraciones que podrían tener una buena acogida en Moscú. Tras el sonado fracaso del Congreso Nacional Sirio celebrado en la estación balnearia de Sochi en enero, "Rusia se interesa por una reanudación del proceso de Ginebra", dice Alexandre Shumilin, convencido de que ése será "el tema principal de la reunión ministerial". 

Se esperan pocos avances concretos sobre una salida política del conflicto en esa reunión tripartita, que servirá sobre todo para que los tres países coordinen sus acciones. 

"Aparte de declaraciones de intenciones, no hay que esperar nada del encuentro (...) Alguien criticará a Estados Unidos, otro defenderá a Asad, otro hablará de los problemas del norte de Siria y de los kurdos", asegura Alexéi Malachenko. 

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