Bailarina de ballet, Maritza Garrido Lecca cambió el "Sueño de una Noche de Verano" por una pesadilla eterna. Detrás de 'cabriolés' y 'demi pliés', ocultó en su academia al líder de Sendero Luminoso. Ante su inminente excarcelación, en Perú se preguntan cual será su próximo paso.

Maritza, criada en una familia limeña católica acomodada y egresada de una escuela religiosa, decidió en su juventud proteger con fervor a un líder mesiánico como Abimael Guzmán, fundador de una organización maoista surgida en 1980 y que recurrió al terrorismo como medio para tratar de tomar el poder.

Junto a su entonces novio, quien también ha cumplido cárcel, elaboró una cuidadosa coreografía para su propósito. Alquiló una vivienda en Lima en la que instaló una escuela de danza a la que acudían madres con sus hijas.

Mientras las niñas danzaban en el primer piso del inmueble, en el segundo, la cúpula de esta organización maoísta, con Guzmán a la cabeza, tramaba estrategias que han sido comparadas con la de los jémeres rojos de Camboya: tierra arrasada y exterminio de enemigos.

Detenida entre arengas a su causa, hoy, a sus 52 años, Maritza ha pasado casi la mitad de su vida en prisión. Durante este cuarto de siglo de condena, ha escrito el libro "Libertad de danzar" y dictado talleres para reclusas. Pero pocos creen que se haya arrepentido.

Video gentileza de Radio Programas del Perú (RPP)

"No puedo saber si está arrepentida. Pero en sus declaraciones públicas jamás ha demostrado espíritu de arrepentimiento o de pedir perdón por las atrocidades", dijo a la AFP el congresista Marco Miyashiro, general de la policía retirado y uno de los captores de Maritza y Guzmán.

En una entrevista que concedió pocos años después de ser capturada, Martiza aseguró que no tenía "nada de qué arrepentirse".

"Compañera" y "mocosa"

La expresión "cherchez la femme" -busca a la mujer- clásica de novelas policiales francesas, pareció aplicarse a la perfección. Seguir a Maritza permitió a la policía dar con Guzmán y acabar con 12 años de clandestinidad. Era un 12 de septiembre de 1992 y gobernaba el autócrata Alberto Fujimori.

La inminente excarcelación de Maritza ha generado un mayoritario rechazo en Perú, bajo el supuesto de que podría, incluso, sumarse a una posible reactivación de Sendero, que desencandenó una época de matanzas de campesinos y de atentados terroristas que dejaron casi 70.000 víctimas entre 1980 y 2000.

¿Pero cómo fue que una "pequeño-burguesa" fue a parar a un movimiento radical que apoyaba la lucha armada? Una amiga cercana, que prefiere el anonimato, recuerda que Maritza siempre rechazó las ideas socialistas.

Un exnovio cree que en su juventud universitaria, conoció a personas de ideas extremas por las que ella se dejó seducir.

En tanto, el general Miyashiro esboza la tesis que manejó la policía de que, probablemente, fue su tía, la exreligiosa Nelly Evans -una colaboradora de Sendero que cayó presa antes- quien la llevó hacia Sendero. Maritza asumió su tarea como una religión.

La prensa peruana le dedica por estos días una amplia cobertura, en medio de la controversia. La revista Somos, del diario El Comercio, contó su historia en 19 páginas, y varios programas de televisión han debatido su caso.

"Ella es una compañera del partido que ha cumplido muy bien su función, sabe lo que ha hecho”, dijo Guzmán tras su captura, recordó Guillermo Bonilla, uno de los policías que interrogó al líder senderista en septiembre de 1992.

Los agentes le enrostraron a Guzmán durante ese interrogatorio haber dejado a manos de una "mocosa" (apelativo despectivo para alguien de corta edad) su seguridad personal.

La detención de Guzmán y condena a cadena perpetua fue el inicio del fin de la guerra desatada por Sendero.

El próximo baile

"Hasta ahora no le he visto ni pizca de arrepentimiento (...) la mente la sigue teniendo torcida", dijo Milko Ruiz, procurador antiterrorismo, citado por la revista Somos. En las redes sociales, el repudio a Maritza es abrumador.

"A ella la veo por entero trabajando en el arte. A donde va, hace bailar a todo el mundo", comenta por su parte Carlos Incháustegui, de 57 años, aquel novio que cayó con ella ocultando a Guzmán.

Maritza ha dicho a conocidos que no dará entrevistas cuando salga. Su familia tampoco. Su madre la espera en casa, pero su padre murió estando ella en prisión. Su dormitorio ya está acondicionado. Tiene un crucifijo en la pared sobre la cama.

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