Podría transformarse en una barrera para lograr la inmunización mundial. Y por eso ya es un tema que se conversa entre senadores republicanos y demócratas en Estados Unidos, aun cuando todavía no existe una vacuna para combatir el coronavirus.

El anuncio de que hay tres laboratorios avanzados en el tema genera esperanzas en el mundo de encontrar una solución para controlar una enfermedad que ha matado a miles de personas en todo el planeta. Sin embargo, la vacuna preocupa a autoridades sanitarias en varias partes. No sólo están alertas de lograr un desarrollo eficiente, seguro y contundente, de manera que alcance para toda la población, sino de unanueva disyuntiva. El dato es concluyente: cerca del 50% de los estadounidenses dice no estar disponible para adquirir la vacuna, aun cuando haya stock en el mercado.

En Chile ya se empieza a conversar del problema en varios círculos. Porque si bien aquí la cobertura de vacunas es de las más altas del mundo, ya hay una reducción entre las personas que se vacunan contra el sarampión, descenso que según María Paz Bertoglia, epidemióloga de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, se agudiza año a año, por dudas que surgen en la población sobre los efectos colaterales que puede generar el medicamento. Por eso, dice, es fundamental tender puentes entre las personas y grupos anti vacunas, que son pocos en el país, pero que hacen bastante ruido. Afirma que el desafío se genera también en población específica del personal de salud “donde hay indicios que muestran que algunos de ellos son reticentes y que pueden comunicar mal el tema entre pacientes”. 

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Por lo mismo, en las últimas semanas, se han generado reuniones con equipos de investigadores para ver cómo afrontar esta disyuntiva. 

Antivacunas en el mundo

La resistencia a la vacuna fue abordada por el Daily, uno de los podcast más importantes y escuchados del New York Times, en donde Michael Barbaro intenta explicar por qué el generar una vacuna puede ser menos dificultoso que persuadir a los estadounidenses para que la utilicen. En el espacio incluso se critica el que Estados Unidos no contemple aún un “plan de vacunación” para el país, sabiendo que hay un grupo importantísimo de personas que dudan en ponérsela, y muchos otros derechamente descartan ocuparla, aun cuando estamos hablando de una enfermedad que ha paralizado a la economía más importante del planeta, contagiando a buena parte de su población y dejando a cerca de 145 mil personas muertas, con rebrotes en varios estados del país.     

Quienes se resisten ponen varias razones sobre la mesa. Comenzando con las que han sido la bandera de lucha de los movimientos antivacunas, quienes contra la corriente, consideran que el medicamento puede generar serios daños para la salud, provocando autismo en los niños e importantes contraindicaciones en las personas. Estos grupos están presionando desde ya para que ningún gobierno pueda obligar a utilizarla, con el argumento de que el cuerpo es de cada persona, y cada quien debe ser libre para tomar la decisión, lo que contrasta profundamente con una parte importante de infectólogos que consideran que en este tipo de batallas, donde existe la necesidad urgente de salvar vidas, es necesario garantizar que las personas lo hagan, de manera de asegurar la inmunización mundial. Algo que el doctor Anthony Faucci, el principal experto en enfermedades infecciosas de Estados Unidos, descartó que ocurra de manera sencilla y expedita, en una entrevista con CNN, que hace muy preocupante el debate. 

“Me conformaría con una vacuna para covid-19 que tuviera una efectividad del 70% al 75%, pero esta protección incompleta, sumada al hecho de que muchos estadounidenses dicen que no recibirán una vacuna contra el coronavirus, hace improbable que Estados Unidos logre niveles suficientes de inmunidad para extinguir la enfermedad”, recalcó Faucci en la cadena televisiva.  

La explicación de esta resistencia, dicen varios científicos, es que la gente está atemorizada de la rapidez con que ha avanzado el posible desarrollo de una vacuna contra el coronavirus, considerando que para otras vacunas, los científicos se han tomado al menos cinco años, pero muchas otras incluso una década en tenerlas disponible en el mercado, y son escépticos de lo que han señalado expertos en el mundo de la salud: que ha habido una colaboración inédita entre científicos por la gravedad del Covid 19 que tienen el anhelo de que este trabajo mancomunado salve realmente vidas. 

“En Chile quienes se resisten a la vacuna hacen mucho ruido por redes sociales, pero son grupos pequeños y más enfocado en personas de nivel socioeconómico medio y medio alto. No hay duda de que las vacunas son una protección eficaz, que salvan vidas y erradican enfermedades, en ese sentido existe un desafío comunicacional, y una oportunidad educativa importante para el país”, indica Juan Pablo Torres, pediatra, infectólogo y doctor en Ciencias Médicas de la Universidad de Chile.   

La “conspiración” en las redes

Las redes sociales no han ayudado a generar confianza en este tema. Todo lo contario. Durante meses se ha hablado de que el empresario Bill Gates estaría detrás de la enfermedad para controlar la raza humana, al mismo tiempo que otros apuntan al presidente Trump y su eventual asociación con diversos laboratorios para conseguir una tajada económica, en la lógica de la conspiración detrás de las redes. 

En el mundo de la infectología ven la tendencia como una tragedia, porque la desconfianza y las dudas que se replican en varias partes del mundo choca con la urgencia de llegar a la única solución que aparece en el radar para frenar el virus: la vacuna. Según el Huffington Post casi uno de cada tres británicos se podría negar a vacunarse del coronavirus, según una encuesta publicada la semana pasada y publicada por por YouGov para el Center for Countering Digital Hate (CCDH). 

Pero este problema no es exclusivo de Estados Unidos y Reino Unido. Catastros similares en muchos otros países, según medios extranjeros, han arrojado datos similares de desconfianza hacia la vacuna contra el coronavirus. Por lo que se podría sostener que existe una amenaza razonable contra la capacidad de la vacuna, precisamente por el adoctrinamiento de movimientos antivacunas que han aprovechado este periodo para reorganizarse y viralizar sus mensajes.

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