"Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror", le escribió el papa Francisco a un diputado argentino el año pasado.

El comentario es apenas una muestra de que el Papa, quien llega este viernes a México, sabe que se enfrenta a un país acorralado por sus demonios. O como dijo días atrás, un lugar que tiene su "pedacito de guerra".

A casi tres años de haber empezado su papado, Francisco hace su viaje inaugural a México.

El segundo país con más católicos del mundo después de Brasil está acostumbrado a las visitas papales (cinco de Juan Pablo II y una de Benedicto XVI), pero la de Francisco se presenta menos dulce que las previas.

"No quiero tapar nada de eso", dijo la semana pasada al referirse a los males que sufre el país, disparadores de cada una de las paradas de su itinerario que personalmente eligió para llegar a lugares que sus predecesores habían obviado.

Violencia, corrupción, tráfico de drogas, trata de personas, feminicidios, impunidad: los indicadores de México en cualquiera de esas categorías tienen pocos rivales en el resto del planeta.

La crisis de derechos humanos es de proporciones "epidémicas", reconocen organizaciones de derechos humanos.

Las cifras se dicen rápido, pero las tragedias perduran y las soluciones no se avizoran.

Eso es México, un país en emergencia, ansioso de recuperar la esperanza y de empezar a accionar el lento mecanismo de los grandes cambios.

Con ese escenario, lo que este Papa -dado a no seguir guiones y a los gestos simbólicos- haga y deje de hacer, diga y deje de decir, será analizado hasta el cansancio.

Una visita especial

Cuando a las 9:30 de la mañana del sábado Francisco, de 79 años, ingrese al Palacio Nacional para reunirse con Peña Nieto, será un momento histórico.

Se consumará la primera visita oficial de un Papa a Ciudad de México y por primera vez el jefe de la Iglesia católica será recibido en la sede del Poder Ejecutivo.

Por primera vez un Sumo Pontífice será recibido en el Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo.

México y el Vaticano no tuvieron relaciones diplomáticas entre 1867 y 1992, una etapa en la que el Estado y la Iglesia oscilaron entre los desencuentros y las hostilidades abiertas.

Cuando el presidente Vicente Fox se arrodilló para besar el anillo papal de Juan Pablo II en 2002, México puso el grito en el cielo pero con los años el Estado ha sabido sacudirse los resabios de la eterna desconfianza hacia la Iglesia.

Su itinerario

Aunque todavía más de ocho de cada diez mexicanos se declaran católicos y la mitad de ellos al menos va a misa una vez a la semana, los números han caído y se ha incrementado la devoción por cultos que la Iglesia considera blasfemos, como la Santa Muerte.

No en vano, Francisco llegará a Chiapas el lunes, el estado más pobre, más indígena y menos católico del país (58% de la población).

Francisco se reunirá con indígenas en Chiapas.

El Papa comerá con indígenas en el estado fronterizo con Guatemala, puerto de entrada de miles de migrantes centroamericanos que huyen de la violencia y mayoritariamente buscan atravesar el país para llegar EE.UU.

Antes, en Ciudad de México, oficiará misa el sábado en la Basílica de Guadalupe, que con 20 millones de visitantes al año es uno de los principales sitios católicos del mundo, y el domingo lo hará en Ecatepec, un municipio del estado de México, golpeado por la inseguridad, la trata de personas y los feminicidios.

Francisco visitará la valla fronteriza entre México y Estados Unidos.

El martes, un día antes de su partida, se reunirá con religiosos y jóvenes enMorelia, en el estado de Michoacán, uno de los que más ha sufrido la violencia derivada del narcotráfico, donde se espera que dé un mensaje a la interna de la conservadora Iglesia mexicana para animar a la elite eclesiástica a acercarse al pueblo.

Para despedirse, con la migración como eje, llegará el miércoles a Ciudad Juárez(estado de Chihuahua), en la frontera con Estados Unidos, que llegó a ser una de las ciudades más violentas del mundo. Allí visitará una cárcel y recorrerá la valla que separa ambos países.

La duda del impacto

Cada etapa ha sido pensada para enviar un mensaje sobre los temas que preocupan a Francisco y que agobian a México.

"No es que vaya a resolver los problemas de México pero puede abrir nuevos espacios para tratar con ellos", le dice a BBC Mundo Austen Ivereigh, autor del libro "El gran reformador. Francisco, retrato de un Papa radical".

Hay mucha expectativa por lo que el Papa diga sobre los problemas que aquejan a México.

"México sólo puede cambiar cuando se transformen los corazones y las mentes", agrega. "Eso es realmente lo que viene a hacer".

Para Sergio Aguayo, profesor de El Colegio de México Sergio, la visita del Francisco "puede ser un ingrediente en la creación de una gran coalición para limpiar México".

"Los mexicanos estamos hartos de la corrupción, la violencia y la mediocridad de nuestra elite gobernante", le dice a BBC Mundo, "por lo tanto estamos en la búsqueda de alternativas a la catastrófica situación en la que vive la mayoría".

El Papa ha sabido generar expectativas elevadas donde va y este viaje no es la excepción.

Pero el impacto que tendrá es incierto y si toda la esperanza depositada y sus gestos no se traducen en algún tipo de cambio, el simbolismo de su visita valdrá de poco.

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