Por Spiros Moskovou.

Desde 1974, la isla de Chipre está partida en dos. Y, desde ese año, tanto los chipriotas griegos como los turcos han dicho que solo quieren una cosa: la reunificación del país. Sin embargo, ambas partes retroceden siempre que, tras largas negociaciones, se atisba una solución al conflicto. Eso es lo que volvió a pasar la noche del martes en Mont Pelerin, junto al lago de Ginebra, en las negociaciones auspiciadas por Naciones Unidas entre los líderes de los dos grupos, Nikos Anastasiadis y Mustafá Akinci. Los días previos se había filtrado la inminencia de un gran acuerdo.

Los rumores eran infundados. A pesar de los 18 meses de preparativos, las negociaciones se rompieron. El principal escollo: la ciudad abandonada de Morfou. Llegó a tener 7.500 habitantes que, desde la invasión turca, viven como refugiados en el sur (griego) de la isla. La propuesta de Akinci sobre cómo tratar el tema de los refugiados llevó a los griegos a la conclusión de que no contemplan su retorno a Morfou. El futuro de este enclave ha llevado las conversaciones a un punto muerto.

Débil economía turcochipriota

En el resto del mundo, quienes no están familiarizados con la maraña chipriota de líneas rojas, se preguntan por qué la comunidad griega rechazó en referéndum en 2004 el llamado Plan Annan, si Morfou es un símbolo tan importante. Este programa para la reunificación de Chipre contemplaba, entre otras cosas, la devolución de Morfou. En su elaboración participaron muchos políticos grecochipriotas. Los griegos lo rechazaron, los turcos estaban a favor. También se suspendió entonces la solución de la cuestión.

Más de 40 años después de la invasión turca se debe, finalmente, cambiar el planteamiento de la cuestión principal: ¿por qué no hay en Chipre, al margen de las habituales declaraciones huecas, una auténtica voluntad política por la reunificación? Porque la parte griega es más fuerte económicamente y la turca, más débil. La deprimida parte norte de la isla depende de su patrono y protector, la siempre impredecible Turquía. Ankara no tiene ningún motivo de peso para renunciar a su mejor baza en el Mediterráneo: Chipre.

El mundo olvida el golpe de Estado griego El sur griego de la isla es comparativamente más rico y sus habitantes se sienten a gusto estando solo ellos en la Unión Europa y la zona euro. Tampoco tienen ninguna razón de peso para renunciar a sus lamentaciones en la escena internacional y dejar de ser, como hasta ahora, la compadecida víctima de una invasión turca que se produjo hace varias décadas. El mundo se olvida de que, en 1974, la dictadura militar griega organizó un golpe de Estado en Nicosia dirigido a conseguir la integración de Chipre en Grecia. El gobierno democrático de Turquía, entonces, intervino como garante para proteger a los turcochipriotas contra la invasión. Así Chipre quedó a merced desde entonces del juego entre sus propias fuerzas garantes. Y desde entonces se hizo permanente el conflicto en Chipre.

Para aprender: aquí puede Usted leer la versión original de este artículo en alemán. 

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