Rizzia Arrieiro es dentista y asegura que nunca pensó meterse en política, pero este domingo subió a un camión en Río de Janeiro para organizar una de las protestas que exigieron en varias ciudades el fin del gobierno de Dilma Rousseff en Brasil.

"Queremos que salga", dijo Arrieiro, de 35 años, sobre la presidenta que pasó los 100 días de su segundo mandato con la popularidad por el piso ante un gran escándalo de corrupción en la petrolera estatal Petrobras.

Esta segunda jornada de protestas antigubernamentales en menos de un mes reunió en todo Brasil a unos 700.000 manifestantes según la policía y 1,5 millones según los organizadores.

Pero fueron menores que las del 15 de marzo, cuando más de 1,7 millones de brasileños salieron a expresar su descontento, en una de las mayores protestas callejeras de las últimas décadas en Brasil.

Las marchas son organizadas por movimientos sociales que usan internet para convocarlas y niegan tener vínculos con partidos políticos o grandes empresas.

Arrieiro integra con una veintena de personas la organización en Río de uno de esos grupos, denominado Vem Pra Rua (Ven a la Calle) y asegura que su vida ha dado un giro inesperado desde que entró en una vorágine de protestas y redes sociales.

"Mi Whatsapp no para el día entero. En los últimos dos meses he vivido prácticamente para esto", señala a BBC Mundo.

Pero, ¿hasta dónde llega afinidad entre esos grupos y qué futuro les espera?

Tres grupos

Los movimientos sociales anti-Rousseff tienen su caldo de cultivo en el amplio descontento que existe en Brasil con la corrupción y el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT).

Legisladores y miembros del PT están entre los políticos investigados por la justicia por su presunta vinculación con el escándalo de sobornos en Petrobras a cambio de contratos de obras con empresas constructoras.

Una encuesta de Datafolha indicó el sábado que, ante el escándalo de sobornos en Petrobras, 63% de los brasileños apoya un eventual proceso de destitución de la presidenta dirigido por el Congreso.

Sin embargo, no existe ninguna investigación formal contra Rousseff por ese caso, y varios juristas niegan que haya elementos para que el Congreso la destituya como hizo con el presidente Fernando Collor durante otro escándalo de corrupción en 1992.

Los grupos detrás de las protestas del domingo se nutren fundamentalmente de la clase media y buscan que Rousseff deje el cargo, pero lo hacen de diferentes formas.

Vem Pra Rua habla de un apartamiento o renuncia de Rousseff pero evita endosar explícitamente el pedido de impeachment, que sí exigen otros dos grupos: Revoltados Online, cuya fuerza principal está en São Paulo, sede de las mayores protestas, y el Movimiento Brasil Libre (MBL).

Aunque tampoco se identifica con un partido específico, el MBL sí defiende una doctrina en particular: el liberalismo, tanto político como económico, incluidas las privatizaciones.

"El Estado no sirve para ser empresario", dijo a BBC Mundo Fábio Ostermann, un politólogo y abogado de 30 años que integra la coordinación nacional del grupo desde Porto Alegre.

Otra diferencia entre ellos es cómo responden ante los manifestantes que van a las marchas antigubernamentales a reclamar una "intervención" militar en Brasil.

El MBL pidió a la policía de São Paulo que impidiera el acceso de esos manifestantes a la avenida Paulista durante la protesta de este domingo.

Pero Arrieiro dijo que aunque su movimiento es contrario a una intervención militar, acepta que quienes la reclaman participen de las protestas porque "la calle es del pueblo".

"Con el Movimiento Brasil Libre tenemos algunas diferencias muy grandes", admitió. "Es un movimiento difícil de lidiar".

"Gran bobada"

Otro factor de controversia es cómo se financian estos grupos.

Los movimientos han rechazado reportes de prensa y versiones que han circulado en internet que señalan que cuentan con apoyo de grandes empresas.

"Eso es una gran bobada", replicó Ostermann.

Aunque dijo que "adoraría" tener mayores patrocinios para el MBL, aseguró que se financian básicamente a través de pequeñas donaciones de particulares y ventas de camisetas.

Para este domingo habían preparado unas con leyendas de "Fuera PT" y "Un Brasil libre es un Brasil sin PT". Cada una costaba 40 reales, unos US$13.

Ostermann evitó dar cifras sobre el presupuesto nacional de su movimiento, aduciendo que cada ciudad tiene su propia forma de organización.

Este mismo domingo, el diario O Estado de S.Paulo informó que "aunque reclamen transparencia y lisura del gobierno", los tres movimientos no emiten boletas fiscales por la venta de camisetas.

"Discurso asusta"

Las páginas en Facebook de estos grupos da una pauta de su fuerza: Revoltados On Line tiene 769.220 seguidores, Vem pra Rua 493.284 y MBL 132.035.

En Río, varios manifestantes dijeron haberse enterado de la protesta de este domingo al borde de la playa de Copacabana a través de esas páginas.

Pero algunos dijeron estar allí por razones personales, sin seguir a ningún movimiento en particular.

"Es un grito propio, de angustia", dijo Carlos Carvalho, un ingeniero de 60 años que como muchos otros manifestantes vestía la camiseta verdeamarela de la selección brasileña de fútbol.

Otros pertenecían a movimientos más pequeños.

Sabrina Reis, una estudiante de geografía de 25 años, se definió de izquierda y dijo que su grupo denominado "Fuera Todos" busca derribar a Rousseff "para que los trabajadores suban al poder".

Algunos expertos creen que el hecho de que las manifestaciones de este domingo hayan sido menores a las de marzo subraya el reto que enfrentan los movimientos para mantener la movilización sin una estructura partidaria detrás.

Rudá Ricci, un politólogo brasileño experto en movimientos sociales, sostuvo que las protestas de este domingo fueron un "fracaso" si se comparan con las anteriores.

"No fue porque el gobierno de Dilma haya mejorado (sino) porque los organizadores de las manifestaciones exageraron con el discurso a la derecha", dijo Ricci a BBC Mundo. "Ese discurso asusta".

Los principales movimientos procuraron restarle importancia a la menor convocatoria y señalaron que al mismo tiempo las protestas se expandieron por ciudades menores del país, donde antes no llegaban

"No buscamos entrar al libro Guiness (de los récords) sino presionar a los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial", aseguró Arrieiro.

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