Por: Ivanna López, editora internacional de T13

Tanto miedo tiene, que acepta que publique su historia, pero bajo un pseudónimo. A más de 16 mil kilómetros de distancia está Parwani Akbari, una afgana estudiante de segundo año de periodismo de 19 años. Cuando ella nació, en noviembre de 2001, la intervención militar estadounidense había derrocado apenas un mes antes al régimen talibán. Creció en la provincia de Ghor, al oeste del país, escuchando crueles historias de los talibanes. Esos relatos eran tan aterradores que antes de verlos por primera vez, Parwani pensaba que podrían tener una apariencia diferente a la de los humanos comunes, algo así como unos monstruos.

Sé que está escondida, pero no a salvo. Su hermano era policía, Comandante de distrito, y escapó dos días antes de que los talibanes entraran a Kabul. En este momento Parwani ni siquiera sabe si está vivo o muerto. Los talibanes están buscando a todos los que participaron en la seguridad nacional de los últimos 20 años y sus familias. 

“Los talibanes comenzaron a matar”, me escribió apenas la contacté. 

No es al azar, me envía un video en el que se puede ver a los insurgentes golpeando salvajemente a un hombre, en la calle, alrededor dos niños de 3 o 4 años contemplan la escena. 

“Cada día, cada momento de mi vida tengo miedo y preocupación de que vengan y nos maten” . Parwani vio con sus ojos por primera vez a los talibanes cuando tenía 16 años. Cuando su familia decidió viajar a Kabul para buscar mejores oportunidades educacionales para ella. Un viaje de casi 400 kilómetros en bus, pasando por el llamado “Valle de la Muerte”, escenario de crímenes masivos por parte de los talibanes. “Cada persona que estaba en ese autobús pensó que nos matarían”. 

Sobreviviente 

Ese mismo 2018, tres años antes que los talibanes entraran casi sin resistencia a Kabul y tomaran el poder, Parwani se dio cuenta que el terror se instalaba en su presente.

Un ataque suicida contra su centro educativo, principalmente de mujeres, se llevó la vida de más de 100 adolescentes como ella, muchas sus amigas. Ese día Parwani había terminado las clases en la mañana, la explosión remeció a todo el barrio solo horas más tarde. Las tumbas de sus compañeras, niñas como ella, están a pocos metros de su casa como si se tratara de un cruel recordatorio del peligro que llegaría a instalarse- sin fecha de caducidad- a partir del 15 de agosto de este 2021. 

El día más doloroso

Los talibanes están a las puertas de Kabul. Eso es lo que Parwani había escuchado el día anterior y por eso ese domingo a las 11 de la mañana se preparó, tomó algunos recuerdos : un reloj para una y un libro de poemas para las otras dos. Salió. Su mejor amiga de la universidad la llamó. “Ella bromeando me dijo: hoy tenemos que ir a la universidad para vernos por última vez”. En el camino y dentro del taxi, los pasajeros alertaron que los talibanes habían entrado a Kabul. “No lo creí hasta que me bajé en la estación”, escribe la estudiante de 19 años cuya incertidumbre y angustia traspasa con inusual fuerza la pantalla del teléfono. 

“Sentí el caos entre la gente, pero nuevamente decidí ignorarlo y corrí a la universidad”. 

La carrera fue detenida por la llamada de otro hermano “No vengas a la universidad, vete a casa; los talibanes han entrado”, le dijo.

“Vi el horror de la gente, todo el mundo corría, las mujeres y las niñas estaban llorando”. Yo también estaba muy asustada, no podía tomar un taxi porque había mucha gente y todos corrían por todas partes desesperados”. 

Afortunadamente lo logró y en casa, todos los miembros de su familia reunieron sus documentos importantes y acordaron que debían esconderse. 

Una súplica al mundo

Parwani no pudo ver por última vez a la chica que ella considera como una hermana. Y hasta ahora nada sabe de ella, tampoco de su futuro. En sólo horas los sueños que tenía de convertirse en periodista para darle voz a su pueblo, cansado de 40 años de guerra, se convirtieron en la peor pesadilla de su vida.

Todavía no puede despertar y quizá jamás lo haga. “Ya no puedo imaginar nada, veo un vago y oscuro futuro”. Su elocuencia es interrumpida por frases que paralizan. 

Please help me get my family out of this country. Help me to survive!!”. (Por favor ayúdame a sacar a mi familia de este país. Ayúdame a sobrevivir).

No pude comprometerme más que a contar su historia. Una que ella sueña continuar en cualquier país. “Simplemente en uno en que no deba enterrar mis sueños y pueda vivir”.

"Si pudiera ir a Chile, sería muy feliz"

Parwani sabe de Chile , su prima vive en Santiago con su esposo también afgano. “Si pudiera ir allá sería muy feliz”, me escribe después de relatar las peores atrocidades que escuchó sobre el anterior gobierno de los talibanes: lapidaciones contra mujeres, mutilaciones de manos y niñas obligadas a casarse con insurgentes. 

“Quiero que mi voz se escuche en todo el mundo (...) Decidí estudiar periodismo para ser la voz de mi pueblo, pero con la llegada de los talibanes, ni siquiera pude salvar mi vida”, se lamenta la joven afgana.

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