Es una ciudad estadounidense llena de millonarios latinoamericanos que huyen de la violencia y que vive obsesionada por las últimas noticias políticas de los hermanos Castro. Pero no es Miami.

Se trata de San Antonio, una metrópolis texana con cerca de 2 millones de personas y mayoría absoluta de hispanos, que lleva casi un siglo recibiendo mexicanos de todos los estratos sociales, incluyendo muchos millonarios.

Y hoy tiene como su familia política más ilustre a dos jóvenes hermanos gemelos de ancestro mexicano y cuna humilde, Julián y Joaquín Castro.

Julián, exalcalde de la ciudad y actual secretario de Vivienda en el gobierno de Barack Obama, suena insistentemente como la posible formula vicepresidencial de la candidata demócrata a la vicepresidencia, Hillary Clinton.

Su hermano gemelo Joaquín se destaca como miembro del Congreso federal.

Y ambos son las estrellas electorales de una ciudad en la que los mexicano-estadounidenses se acostumbraron a romper con los estereotipos que parecían condenarlos a la pobreza y la impotencia política en otras partes de Estados Unidos.

En esta ciudad, tal vez más que en cualquier otra del país, se ha venido volviendo realidad el fenómeno largamente anunciado de los hispanos como una potencia electoral.

Y en las primarias de Texas –uno de los platos fuertes de este "Supermartes"– los latinos empezaron a desplegar su poder, como un anticipo de lo que será su papel en los comicios generales.

Una influencia que es grandísima en las primeras demócratas y más discutible en las republicanas, pero seguramente esencial para las elecciones generales de noviembre.

Supermartes en Texas

En las primarias demócratas, Hillary Clinton busca afianzar su ventaja sobre su rival Bernie Sanders gracias a una fortaleza que ya le ha dado ventaja en las primarias anteriores: su superior aceptación entre las minorías latina y negra.

En Texas cerca del 38% de la población es hispana y abrumadoramente demócrata. Y sus 255 delgados pondrían a Clinton más cerca aún de la nominación por su partido.

Mientras, en el lado republicano, muchos creen que Ted Cruz necesita de una victoria en su estado natal para mantener sus aspiraciones con vida.

Pero en una ciudad como San Antonio ni Cruz, ni Marco Rubio –el otro hispano en contienda– han tratado de explotar sus raíces latinas para tratar de sacarle ventaja a Donlad Trump.

Por un lado, porque dado el origen principalmente mexicano de la población, la mayoría no parece identificarse especialmente con estos dos cubano estadounidenses.

Pero, sobre todo, porque muy pocos de los hispanos de Texas son republicanos.

Los analistas, sin embargo, miraran con lupa los resultados entre los latinos para extraer las conclusiones que necesitan para más adelante, en noviembre, cuando esta comunidad podría inclinar la balanza para un lado u otro.

Porque con Donald Trump cada vez más cerca de obtener la candidatura del partido republicano con un mensaje ofensivo a muchos de los más de 30 millones de mexicano estadounidenses de EE.UU., una parte importante de las esperanzas electorales del Partido Demócrata descansa en que esta población salga a votar masivamente a favor de la alternativa.

Y lo que pase en San Antonio será un buen termómetro.

Una ciudad pionera

San Antonio lleva décadas rompiendo tabúes que aplicaban a los mexicanos.

En 1981 fue la primera ciudad estadounidense de gran tamaño en elegir un alcalde hispano, Henry Cisneros.

Hoy sigue siendo un oasis de tolerancia que ha llevado al poder a varios otros latinos.

"Históricamente ha sido un sitio en donde la gente exige justicia social y cambio que mejore la calidad de vida de sus residentes", le dice a BBC Mundo el congresista Joaquín Castro.

"Cuando estábamos creciendo, mi hermano y yo tuvimos un puesto de primera fila en esa clase de activismo, pues nuestra madre era una dirigente en el movimiento de los derechos civiles mexicano americanos", cuenta.

"Verla a ella y a sus amigos luchando por los asuntos que les importaban nos dejaron la impronta de la importancia del servicio y de participar en la política", agrega.

En San Antonio todo el mundo está pendiente del papel que jugarán los hermanos Castro, y particularmente Julián, en estas elecciones. Muchos lo ven como el candidato ideal a la vicepresidencia.

Además de reconocer el talento político que lo ha llevado lejos a los 42 años de edad, aseguran que con su etnicidad podría movilizar el electorado latino de una manera que sus eventuales contrapartes en las altas esferas en el partido republicano no han hecho.

Los precandidatos cubano estadounidenses Marco Rubio y Ted Cruz no han podido o no han querido hasta ahora hacer que el grueso del electorado latino se identifique con ellos.

Pero algunos dirán que la experiencia cubanoestadounidense es demasiado particular, distinta a la del latino típico en Estados Unidos. Mientras que los Castro de San Antonio encarnarían mucho mejor las aspiraciones de la mayoría mexicana del electorado latino.

Alimentando los rumores, el día antes del supermartes, el día en que los partidos republicano y demócrata llevan a cabo sus elecciones primarias en Texas y otros 11 estados, la candidata Hillary Clinton ha enviado a su marido, el expresidente Bill Clinton, a hacer presencia en San Antonio.

El exmandatario se deja ver haciendo política en la calle Guadalupe, en el corazón del Westside, uno de los barrios más necesitados de la ciudad.

Con 97% de población de origen mexicano y la marca inconfundible de la pobreza en sus calles, aquí nacieron y crecieron los hermanos Castro.

Es también donde trabaja Lydia Camarillo, vicepresidenta del Southwestern Voter Registration Education Project ("Proyecto para la educación en la Inscripción de votantes en el suroeste"), una organización no gubernamental que con un nombre discreto lleva a cabo una tarea titánica.

Desde su fundación, en 1974, ha hecho que cerca de 2,5 millones de hispanos se inscriban en las elecciones para hacer que su voto cuente.

"No se si es algo que le echan al agua en San Antonio, pero aquí es distinto", dice medio en broma cuando se le pregunta por qué aquí han funcionado las iniciativas para movilizar al voto latino que encallan en otras partes.

"Tal vez es la tradición. Aquí hay una comunidad latina que lleva varias décadas organizándose para luchar por sus derechos".

La revolución Mexicana

En efecto, desde la época de la Revolución Mexicana empezaron a llegar a San Antonio refugiados de ese conflicto en el país vecino.

Algunos de ellos eran intelectuales, como los ancestros de Henry Cisneros, el que seria el primer alcalde hispano de la ciudad.

En las décadas siguientes llegaron cientos de miles de mexicanos de todas las condiciones sociales.

Pero inmigrantes más recientes han llamado la atención de manera particular en la ciudad, pues al lado de las generaciones previas de mexicanos que han ganado poder político en la ciudad, otros más recientes empiezan a desplegar poder económico.

Desde el comienzo del nuevo siglo, la narcoviolencia en México hizo que muchos empresarios, en particular de las grandes ciudades industriales del norte mexicano como Monterrey, cruzaran la frontera y organizaran sus familias y sus negocios en San Antonio.

Muchos viven en el exclusivo distrito de Sonterra, ya rebautizado localmente como "Sonterrey".

"Están adquiriendo una posición económica dominante en San Antonio", le dice a BBC Mundo Harriet Romo, catedrática de la Universidad de Texas en San Antonio. "Son bien educados, tienen confianza y habilidad empresarial. Han tenido un gran impacto".

Se trata de un mundo bien distante de las barriadas mexicanas pobres del centro de San Antonio: aquí viven en conjuntos residenciales cerrados, con country clubs, viviendas de lujo y la tranquilidad que muchos no pudieron encontrar en México.

Algunos los llaman con sorna los "migrantes fresa", usando un titulo despectivo y burlesco para los pudientes en México.

Pero Eduardo Bravo, presidente de la Asociación de Empresarios Mexicanos AEM, la poderosa organización que agrupa a cerca de 350 de ellos en San Antonio, asegura que ellos están también trabajando para acercarse a las comunidades, apoyando programas de salud y educación, entre otros.

Y dice que están aprendiendo de los mexicanos que llevan dos o tres generaciones en este país.

"Estamos trabajando en aspectos cívicos con la comunidad", le dice a BBC Mundo Eduardo Bravo.

Originario de la ciudad de México, Bravo cuenta cómo esta organización ha ayudado a muchos empresarios recién llegados a navegar la sociedad y a ayudarse mutuamente en su nuevo país.

También, a medida que consolidan su presencia en San Antonio, buscan hacer de puente entre un país y otro, facilitando con sus contactos los negocios en México.

Y la comparación con los cubanos de Miami –otro grupo inmigrante de empresarios y profesionales que llego a Estados Unidos pisando fuerte– es inevitable.

¿Acumularan los mexicanos de San Antonio un poder político similar al de los cubanos en el sur de la Florida?

"Lo veo muy factible. Nosotros tenemos el grupo de los jóvenes, en el cual vemos gran potencial. Han estudiado en Estados Unidos, son hijos de muchos de estos empresarios, y algo en lo que hacemos gran énfasis es en tratar de vincularlos con la comunidad", dice Bravo.

"Queremos ayudar a que los hispanos participen, sean mejores ciudadanos, y eventualmente puedan tener espacios políticos. Y en el futuro habrá más candidatos de San Antonio, pues esta ciudad representa el nuevo país’’ puntualiza.

Es este optimismo el que distingue a los mexicanos de San Antonio, una comunidad que va acumulando poder económico y político. Y que parece destinada a dar mucho de qué hablar en todo el país.

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