Según el diario Global New Light of Myanmar, que reproduce un comunicado del Ejército birmano, unas 69 personas, descritas como insurgentes, han muerto en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad entre el 9 de octubre y el 14 de noviembre. En esos choques también perdieron la vida siete militares y diez policías. Otras fuentes hablan de más de ochenta víctimas mortales en el oeste Myanmar como consecuencia de las trifulcas entre oficiales de las Fuerzas Armadas y los habitantes de las aldeas de la minoría musulmana rohingya, un colectivo perseguido en ese país.

Los incidentes han ocurrido en el norte del estado Rakhine, en la frontera con Bangladesh, donde vive el grueso de la población rohingya. Esa comunidad ha sido cercada por el Ejército desde los ataques del 9 de octubre contra puestos de la policía fronteriza. Los combates se acentuaron este fin de semana cuando se supo que las tropas gubernamentales –que por primera vez usó helicópteros armados– habían matado a más de treinta personas en dos días. Desde octubre, las fuerzas de seguridad han detenido a 234 atacantes. Las autoridades acusan a estos grupos de quemar sus propias casas en las aldeas rohingya.

El oficialismo niega que los incendios hayan sido provocados por las fuerzas de seguridad. Activistas y grupos de defensa de los derechos humanos, en cambio, acusan al Ejército de cometer ejecuciones, violaciones y saqueos contra la población rohingya. Las autoridades birmanas han rechazado estas denuncias. El Ejército impide desde el 9 de octubre que organizaciones de ayuda humanitaria, observadores y periodistas independientes tengan acceso a la zona. La líder de facto del Gobierno local, la Nobel de la Paz , ha recibido críticas por no interceder en favor de los rohingya.

Los rohingya no son reconocidos como ciudadanos birmanos, sino como inmigrantes bengalíes ilegales. Más de un millón de rohingya viven en Rakhine, donde sufren una creciente discriminación desde el brote de violencia sectaria en 2012, que causó al menos 160 muertos y dejó a unos 120.000 de ellos confinados en 67 campos.

Publicidad