El nuevo presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, asumió este martes sus funciones  con un llamado a que Corea del Norte renuncie a su arsenal nuclear a cambio de incentivos económicos, en un momento de fuertes tensiones en la península.

Yoon, un político conservador de 61 años, llegó al poder en un momento en el cual Corea del Norte está en una postura cada vez más beligerante y ha realizado una quincena de pruebas militares desde comienzos de año, dos de ellas la semana pasada.

Corea del Sur y Estados Unidos sospechan además que Pyongyang quiere reanudar los ensayos nucleares. 

El nuevo presidente celebró el martes su primera reunión con los más altos responsables del Estado Mayor en un búnker subterráneo en sede de la presidencia.

En su discurso inaugural en la Asamblea Nacional de Seúl, Yoon pidió a su vecino del norte que se desprenda de todo su arsenal nuclear, al que describió como una amenaza para la seguridad global.

Si Pyonyang "se embarca genuinamente en un proceso para la desnuclearización completa", Yoon afirmó estar dispuesto a presentar "un plan audaz" para reimpulsar la empobrecida economía de Corea del Norte y mejorar el nivel de vida de su población.

Una oferta de diálogo

"Los programas nucleares de Corea del Norte constituyen una amenaza, no solamente para nuestra seguridad sino para todo el noreste de Asia", agregó el mandatario que afirmó que "la puerta del diálogo permanecerá abierta" para resolver pacíficamente esta amenaza. 

El nuevo dirigente afirmó que el país enfrenta "múltiples crisis", citando la pandemia del covid-19, los problemas en la cadena de suministros y los conflictos mundiales que, según él, "ciernen una larga sombra" sobre el país.

"Los coreanos nunca nos hemos rendido, nos hemos vuelto más fuertes y sabios", afirmó. 

Para Park Won-gon, profesor de la Universidad Ewha, la oferta de Yoon de ayudar económicamente a Corea del Sur es una estrategia "anticuada". 

"Desde 2009, Corea del Norte dijo que no renunciará a sus armas nucleares a cambio de incentivos económicos", explicó Park a la AFP.

Un "muchacho grosero" 

El nuevo presidente ha prometido una diplomacia más agresiva tras los fracasados intentos de acercamiento con Corea del Norte de su predecesor Moon Jae-in.

Tras su victoria, Yoon dijo que iba a "tratar con severidad" la amenaza que representa el régimen de Kim Jong Un.

Durante su campaña, se refirió a Kim como un "muchacho grosero" al que iba a "enseñar buenos modales".

Yoon también señaló que busca una relación más sólida con Estados Unidos, su principal aliado frente a Pyongyang y el presidente Joe Biden tiene previsto visitar el país asiático a finales de mayo.

La delegación estadounidense en la investidura estuvo encabezada por Douglas Emhoff, el esposo de la vicepresidenta Kamala Harris. Japón y China, con quien Yoon quiere suavizar unas relaciones a veces crispadas, enviaron representantes de alto nivel.

Una baja popularidad 

En el plano interno, la frustración creciente de la opinión pública hacia el gobierno liberal de Moon Jae-in parece estar en el origen de la victoria de Yoon.

Moon ganó la presidencial de 2017 prometiendo desplegar un programa basado en la igualdad de oportunidades en la décima economía mundial, tras la destitución de su predecesora Park Geun-hye, arrastrada por un escándalo de corrupción.

Pero después fue acusado de indulgencia con sus propios aliados que se reconocieron culpables de cobrar sobornos y criticado por sus políticas económicas que, en opinión de algunos, agravaron las desigualdades del país.

Yoon no tendrá un mandato fácil y asume el poder con una tasa de popularidad del 41%, una de las más bajas de la historia democrática de Corea del Sur para un inicio de mandato, según un sondeo reciente de Gallup.

Una de las razones, según el estudio, es su decisión de trasladar la sede de la presidencia desde el Palacio Azul a la antigua sede del ministerio de Defensa, en el centro de Seúl. 

Esta decisión no fue bien acogida por la opinión pública y fue percibida como un riesgo para el país en un momento de tensión con Corea del Norte. 

Yoon explicó su decisión debido a que el Palacio Azul fue la sede de la administración colonial japonesa entre 1910 y 1945 por lo que era un "símbolo del poder imperial". 

Unas 40.000 personas fueron invitadas a la ceremonia de investidura, de lejos la más cara jamás organizada con un presupuesto de 3.300 millones de wones (2,6 millones de dólares).

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