Una importante disminución en la deserción escolar de niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad registraron durante 2025 los programas de intervención social de la Fundación Don Bosco.

Según los resultados de la FECU Social 2025, la deserción escolar entre los menores que participan de estos programas pasó de 42,6% durante 2024 a 22,9% en 2025.

Es decir, en apenas un año, el indicador cayó prácticamente a la mitad.

El 85% permanece en los programas de intervención

Otro de los resultados destacados corresponde a la adherencia de quienes participan en los diferentes programas.

La recuperación y permanencia en los procesos de intervención de niños, jóvenes y adultos en situación de calle o alta vulnerabilidad pasó de 68% a 85%.

Durante 2025, un total de 1.480 personas continuaron vinculadas activamente a tratamientos y programas de apoyo, en lugar de abandonar los procesos.

El director ejecutivo de la Fundación Don Bosco, Sergio Mercado, atribuyó parte de estos resultados al trabajo realizado por los equipos con los usuarios.

“La permanencia en los programas se logra porque detrás de ellos hay un equipo que genera vínculos seguros. Esto marca la diferencia y permite crear un espacio de protección y confianza”, sostuvo Mercado.

La mayoría de los niños tiene entre 13 y 16 años

Los datos también permiten establecer un perfil de quienes participan en las intervenciones.

La mayoría de los niños atendidos tiene entre 13 y 16 años, una etapa que la fundación considera especialmente relevante debido a la aparición de diferentes factores de riesgo.

Entre ellos identifica el reclutamiento por parte de bandas delictivas o vinculadas al narcotráfico, el abandono escolar y el consumo de drogas.

Además, seis de cada diez personas atendidas estaban en situación de calle, equivalentes al 60,6% de los usuarios.

Otro dato que refleja la complejidad de las intervenciones es que el 55% presenta consumo problemático de drogas.

Una herramienta en pos de la seguridad

Mercado planteó que este tipo de programas no solamente deben ser considerados desde una perspectiva social, sino también como una herramienta preventiva en materia de seguridad.

“Lo que vemos en estos resultados es que los programas de prevención son parte de la infraestructura de seguridad del país, porque reducen los factores de riesgo antes de que se transforme en violencia, delincuencia o exclusión”, afirmó.

Desde la fundación advierten que durante los últimos años los perfiles de quienes ingresan a estos programas han aumentado su complejidad, debido a la coexistencia de múltiples factores de riesgo.

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