La edición de hoy del diario inglés The Guardian publica un crítico reportaje sobre las políticas migratorias en Chile y la recepción a los inmigrantes caribeños, en especial de Haití y República Dominicana.

La nota hace referencia a los peligros que implica el ingreso ilegal por la frontera norte, debido a la presencia de minas antipersonales.

“Discriminación, abuso laboral y leyes de inmigración atrasadas han hecho difícil la adaptación para los más de 50 mil haitianos y 15 mil dominicanos que son parte de una historia migratoria que ha posicionado velozmente en la agenda política antes de la elección presidencial de fin de año”, se lee en el texto.

El reportaje incluye la historia de la dominicana Digna Batista, quien le pagó US$ 2.500 a un “coyote” para que le ayudara a ingresar a través de la cordillera y el desierto de Atacama, después de volar desde su país hasta Ecuador y continuar camino vía bus.

“Caminamos toda la noche. Finalmente, en la mañana, llegamos a una ruta, paramos un taxi y le preguntamos al conductor que nos llevara al hostal más cercano. Él nos dijo que pasamos por un campo minado”, cuenta Batista.

El medio británico considera que los riesgos que algunos migrantes, entre los que cita el del dominicano Daniel Sosa, quien perdió su pie izquierdo al pisar una mina, “han causado la creciente preocupación diplomática de que las leyes fronterizas de Chile están llevando a la gente a correr riesgos con los cruces ilegales.

En ese aspecto, incluye el testimonio de la cónsul dominicana en Arica, Nina Consuegra, quien asegura que la PDI está deteniendo y negando la entrada a cualquier persona de raza negra o venezolano si es que no exhiben un comprobante de que han pagado previamente su hospedaje en el país.

El diario también hace un duro análisis sobre la molestia que ha causado en la población nacional la llegada de inmigrantes de raza negra.

“En 2014, un estudio genético encontró que uno de cada dos chilenos tenía ancestros entre los miles de esclavos africanos que arribaron al país entre los siglos XVI y XIX. Pero la elite chilena ha preferido enfatizar las raíces europeas del país y los recién llegados ahora son sujeto de un creciente debate”, dice la nota.

En cuanto a los haitianos, el reportaje describe que se dedican a labores con baja remuneración en mercados en los que “los chilenos son reticentes a trabajar, particularmente construcción, servicio doméstico y agricultura”.

Se cita el líder de la comunidad haitiana Widner Darcelin, quien manifiesta que ante la falta de derechos legales, muchos de sus compatriotas son explotados.

Entre los ejemplos que aparecen en el texto, también a algunos positivos, como el de N’kulama Saint Louis, quien barre las calles de día y estudia sociología en la Universidad Católica por las noches.

“Nos apoyan mucho nuestros amigos chilenos, pero el gobierno no tiene una ley de inmigración comprensiva y eso es un gran problema”, subraya.

Entre las razones que expone el diario cita la de Jean Claude Pierre-Paul, un trabajador social haitiano, quien cree que “una de las leyes de inmigración más importantes –que viene de la dictadura de Augusto Pinochet- intrínsecamente considera a todos los migrantes como subversivos potenciales.

The Guardian considera que la situación se "puede poner peor" y escribe que Sebastián Piñera, siguiendo el ejemplo de Donald Trump y Mauricio Macri, “propone controles fronterizos más severos y la expulsión de migrantes en situación irregular – un estimado de 150 mil personas”.

En la nota aparecen dichos de Rodrigo Sandoval, jefe de Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior, quien considera que Chile requiere de una nueva ley de inmigración, para atraer a más extranjeros dado el envejecimiento de la población local. The Guardian asegura que estas propuestas “han sido criticadas por la derecha en los medios sociales, donde los xenófobos lo describen como un traidor que está permitiendo que Chile sea ‘invadido’”.

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