Por Gianfranco Marcone, meteorólogo de Canal 13 y fundador de Chileweather 

Este viernes 20 de marzo a las 00:50 horas se produjo el equinoccio de Otoño.  ¿Qué significa esto? Que el sol se alinea justo con el paralelo 0º, haciendo que todos los países ubicados al sur de la línea del Ecuador entren en la estación de Otoño y los que están al norte entren en la estación de Primavera. Ahora, se deben preguntar, ¿cuándo comienzan a bajar la temperatura?, ¿se vienen las precipitaciones?, ¿comienza la contaminación?, ¿qué implicancias puede tener el COVID-19 y otras enfermedades respiratorias con la llegada del otoño y posteriormente la llegada del invierno?

Son muchas las preguntas que trataremos de responder en esta columna. Pero primero, deben haber notado que gran parte de la zona central ha tenido un notorio descenso de temperaturas que se comenzaron a sentir en la segunda quincena de marzo, ya que la primera quincena de este mes fué muy calurosa con valores sobre lo normal para la época. Por otro lado, el norte de Chile se ha mantenido más estable a diferencia de la zona sur de nuestro país, que aún no demuestra que estamos entrando en Otoño, las temperaturas siguen agradables cercanas a los 25 grados como lo es en la región de la Araucanía.

Todo indica que las temperaturas mínimas y máximas en el centro de nuestro país deberían continuar descendiendo, ya que es un hecho normal para la época. Este otoño, en la zona central las temperaturas máximas será sobre lo normal, salvo en el extremo austral. Si hablamos de temperaturas mínimas, también estarán sobre lo normal, a diferencia de los valles centrales donde esta variable podría ser entre normal a Levemente bajo lo normal. Pero, ¿qué implicancias podría traer esto? Básicamente, que la oscilación térmica diaria (diferencia entre temperatura máxima y temperatura mínima del día), sea mayor, es decir que debemos abrigarnos temprano y al final del día desabrigarnos producto de un calor sobre normal para la época.

La variable precipitaciones que tantas pesadillas y malos ratos nos ha traído los últimos años producto de la mega sequía en la que estamos sumidos al menos en la zona centro norte, centro y centro sur del país. Indica que este otoño y quizás también el invierno seguirán siendo estaciones secas. A diferencia del extremo austral que solo se avizoran condiciones sobre lo normal y leves.

El factor anteriormente analizado no es favorable para la correcta dispersión de los contaminantes en ciudades como Santiago y Temuco, por sólo nombrar algunos ejemplos. En el caso de Santiago la estabilidad atmosférica, la ausencia de precipitaciones y la ionversión térmica dificultan la limpieza de la cuenca. La contaminación en las personas no tiene un efecto inmediato pero sí un efecto acumulativo, sobre todo si hablamos de material particulado 2,5. Este se considera el más pequeño de la polución atmosférica e ingresa directamente a los pulmones.

A la preocupación del COVID-19 y su alto nivel de contagio, se le suma la llegada de bajas temperaturas y otras enfermedades respiratorias como la influenza. Entonces nos preguntamos, ¿por qué las enfermedades respiratorios aumentan en otoño y sobre todo en invierno? ¿Tendrá alguna relación las bajas temperaturas con la incubación de los virus? Según un estudio publicado en Nature Chemical Biology hay una explicación científica: “El virus de la gripe a diferentes temperaturas y en las más frías, la película de lípidos que envuelven el núcleo del virus adquiere una estructura más rígida y robusta, más gelatinosa. De esta forma, el virus se transmite de forma más estable y con el calor del cuerpo humano se debilita esa envoltura y se puede liberar más fácilmente”.

También una de las razones principales del aumento de enfermedades respiratorias en época de bajas temperaturas es el confinamiento de las personas, tendemos a agruparnos y a juntarnos más, lo que claramente favorece la transmisión de los virus. Además la poca y mala ventilación en nuestras viviendas, transportes públicos, oficinas de trabajo y otros, hacen más idóneos los ambientes para la incubación de los virus. Por otra parte la calefacción domiciliaria como chimeneas y estufas a gas, tienden a secar el ambiente y esto provoca que las mucosas se debiliten, por lo que nuestras narices se convierten en blancos fáciles para los virus.

Son tiempos difíciles para nuestro país y el mundo entero, debemos respetar todas las medidas preventivas para disminuir el contagio del nuevo virus que ha tenido a la raza humana en crisis sociales y económicas en los últimos 4 meses. Ojalá podamos salir del peak de casos COVID-19 antes que sea el punto máximo de las otras enfermedades respiratorias típicas de invierno. Si bien la época invernal no viene tan cruda, si pueden hacerla más difícil otros factores como la falta de lluvias y los altos índices de contaminación que podrían tener algunas grandes ciudades del país.

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