El hallazgo de una lápida fechada en 1974 y restos óseos al interior de una antigua vivienda en Providencia generó impacto entre vecinos y usuarios de redes sociales durante las últimas semanas. Sin embargo, lo que inicialmente parecía un caso policial terminó convirtiéndose en una compleja reconstrucción familiar e histórica.
Todo ocurrió en una casa centenaria ubicada en Avenida Manuel Montt, inmueble que recientemente había sido arrendado por nuevos moradores. Mientras realizaban labores de limpieza y retiro de escombros en sectores abandonados de la propiedad, los ocupantes descubrieron una estructura cubierta con tablas que ocultaba una lápida funeraria con la inscripción de Eulalia Briones Flores y una fecha de defunción correspondiente al 23 de junio de 1974.
La situación se volvió aún más inquietante cuando, al remover tierra y materiales acumulados por décadas, aparecieron pequeños restos óseos junto a la piedra funeraria. Ante la escena, los arrendatarios alertaron a Carabineros y posteriormente a la PDI, iniciándose diligencias en el inmueble. Tras los primeros peritajes, la Brigada de Homicidios Metropolitana descartó que las osamentas fueran humanas.
El descubrimiento que cambió completamente la historia
Con el paso de los días, los nuevos habitantes decidieron continuar investigando por cuenta propia para descubrir quién había sido Eulalia Briones y qué había ocurrido realmente en la casa.
La clave apareció de manera inesperada. Mientras seguían despejando el inmueble, encontraron antiguos dibujos infantiles fechados en 1963. Aquellas ilustraciones permitieron iniciar un rastreo que terminó conectándolos con descendientes de la familia que vivió anteriormente en la vivienda.
Según relataron los actuales moradores, lograron ubicar al hijo del autor de esos dibujos, quien incluso reconoció el trazo de su padre en fotografías. A partir de esa conversación comenzaron a reconstruir la historia familiar ligada a la propiedad.
Fue entonces cuando surgió la pieza faltante del rompecabezas: el hombre confirmó que Eulalia Briones Flores era su abuela y que la lápida encontrada jamás fue utilizada. De acuerdo con el relato familiar, la piedra funeraria había sido encargada hace décadas, pero finalmente nunca llegó a ocupar un lugar en un cementerio.
Además, la investigación permitió aclarar definitivamente el origen de las osamentas halladas en la bodega de la vivienda. Los restos correspondían a antiguas mascotas familiares y no a personas, tal como ya habían adelantado los análisis policiales.
Ahora, con las dudas aclaradas, los arrendatarios proyectan iniciar la restauración definitiva de la antigua vivienda de adobe y dejar atrás el oscuro episodio que marcó su llegada al lugar.
Sin embargo, la búsqueda todavía no termina. Los protagonistas aseguraron que esperan recibir ayuda de historiadores y especialistas en genealogía para continuar reconstruyendo la memoria de quienes habitaron la casa durante el último siglo.