Con el objetivo de colaborar en la investigación sobre las causas que derivaron en el colapso de edificios durante el terremoto 7.1 Richter que afectó a México el 19 de septiembre, provocando más de 300 muertos, un grupo de ingenieros chilenos viajó hasta ese país para realizar estudios a las infraestructuras caídas y las que resultaron seriamente dañados.

Una primera parte de ese trabajo ha sido publicado recientemente publicado recientemente por la Asociación de Reconocimiento de Eventos Extremos Geotécnicos de Estados Unidos.

Entre los profesionales nacionales que viajaron se encontraban los profesores de Ingeniería Estructural y Geotécnica de la Universidad Católica, Christian Ledezma, Rosita Jünemann y Matías Hube.

“Pudimos apreciar en terreno que el sistema estructural de los edificios en el Distrito Federal era bastante particular. Se trataba de pórticos de hormigón armado que generan una primera planta más flexible que el resto; un piso blando”, explica Jünemann.

La especialista agrega que el tipo de la construcción es muy distinta a la chilena.

“Acá tenemos muro de hormigón armado, que son más rígidos y que tienen un menor nivel de daños”, agrega.

Jünemann cuenta que la mayoría de los edificios colapsados y dañados severamente fueron construidos con antelación a la regulación que surgió luego del terremoto de 1985 que afectó a la capital mexicana.

“La mayoría no tenía incorporados los cambios normativos que ocurrieron después de esa fecha. Los edificios que se construyeron tras eso, se comportaron bien”, dice.

El estudio de estos inmuebles le sugiere al grupo de ingenieros chilenos la tesis de que no se hizo una evaluación rigurosa para adaptarlos a la pauta actualizada de construcción.

“Es un aprendizaje que tenemos que tomar, porque muchas de las estructuras antiguas que incorporaron mejoras, como intervenir con elementos de acero externo, quedaron en pie”, comenta Jünemann.

Esta etapa de la observación, surgirán propuestas para mejorar el comportamiento de las edificaciones antiguas ante sismos de alta magnitud.

“Es importante desarrollar técnicas novedosas para intervenirlas con el menor impacto posible, para que la gente que habita en ellas pueda seguir haciendo su vida de forma normal”, sentencia Jünemann.

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