La seguridad al interior de los recintos penitenciarios vuelve a generar debate público luego de la filtración de registros que muestran una masiva celebración de fin de año en la Cárcel de Rancagua. En las imágenes, difundidas por los propios internos a través de redes sociales, se observa a cerca de un centenar de reclusos participando en un asado al interior del penal.

A diferencia de otros episodios de indisciplina carcelaria, en este caso la actividad contaba con autorización formal de la administración penitenciaria. De acuerdo con antecedentes, los internos realizaron una solicitud oficial para ingresar los insumos necesarios para el festejo, petición que fue aprobada por la autoridad correspondiente. Así, se permitió el ingreso de al menos, 35 kilos de carne de vacuno, 190 choricillos y 95 marraquetas.

La situación fue advertida por César Guzmán, un dirigente de Gendarmería que está suspendido hace un mes cuando denunció otra irregularidad: “nos llama mucho la atención de una cárcel tan cuestionada como Rancagua, que hoy en día y a través de todo lo que está pasando en Santiago 1 y a nivel nacional donde está la prohibición de ingresos de alimentos sobre todo carnes, que hoy en día se normalice este ingreso a la unidad penal de Rancagua”.

Desde Gendarmería de Chile explicaron que este tipo de beneficios se otorgan como incentivo a los privados de libertad que mantienen una conducta adecuada dentro del recinto penitenciario.

Según señaló Guzmán, en cárceles como Santiago 1 existe una prohibición estricta para el ingreso de este tipo de alimentos. A ello se suma una preocupación mayor: el uso de teléfonos celulares, elementos que están expresamente prohibidos por ley en los centros de reclusión y que, en este caso, fueron utilizados para grabar y difundir la celebración.

El foco del escándalo se desplazó rápidamente desde la autorización del asado hacia la tenencia de dispositivos móviles. Los internos no solo registraron el evento, sino que además publicaron los videos en plataformas digitales, evidenciando fallas en los controles de seguridad. Ante esto, Gendarmería informó que ya se logró identificar a los responsables del uso y posesión de los teléfonos celulares.

La gravedad del episodio se intensifica al considerar el historial del recinto. Según señala Pablo Urquízar, coordinador del Observatorio Crimen Organizado y Terrorismo de la UNAB, la Cárcel de Rancagua figura entre las más conflictivas del país, liderando las estadísticas nacionales en agresiones al interior, ocupando el tercer lugar en casos de extorsión y homicidios, y el sexto puesto en incautaciones de droga, según registros oficiales.

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