El jueves 28 de mayo parecía un día tranquilo en el Instituto Nacional. El establecimiento estaba volcado en preparar el Día del Patrimonio del sábado 30. Temprano, en su página web, se había publicado la invitación a toda la comunidad institutana para visitar y recordar la historia, memoria, cultura y tradiciones institucionales.

Sin embargo, la paz se acabó pocos minutos después de ingresar a clases. A las 9.08 la paradocente Patricia Oliva observó la presencia de tres encapuchados con overoles blancos. Rápidamente tomó su celular y escribió la alerta en un grupo interno de whatsapp que está integrado por las Inspectorías Generales.

La funcionaria los divisó saliendo del Sector 2 del Instituto Nacional, que corresponde al sector de los camarines.

Cinco minutos después, se activó un protocolo general denominado “IN S.O.S”, cuyo aviso está enfocado en la comunidad educativa para resguardar a funcionarios y profesores. Esta misión estuvo a cargo de Johana Aránguiz, subdirectora de Convivencia del liceo.

Así, la revuelta de los alumnos era inminente. Ante eso, la rectora Sandra Aravena llamó a la directora ejecutiva del SLEP, Paulina Retamales con el fin de activar el protocolo definitivo sobre “hechos de violencia”. Información que también recibió el centro de padres (CEMPA-IN).

Mientras esas llamadas ocurrían, el grupo de overoles blancos se movilizó al estacionamiento del Instituto Nacional por calle Arturo Prat con un bidón de cinco litros de bencina. Como no tuvieron resistencia, abrieron el acceso para que ingresaran estudiantes externos, quienes ocultaron sus rostros rápidamente.

Luego, los encapuchados pudieron avanzar gracias a la ayuda del resto de sus compañeros que los rodeaban haciendo un efecto de escudo. En ese ambiente ese efecto se denomina “masa”: no se encapuchan, pero “blindan” los movimientos de los overoles blancos.

Estas escaramuzas eran monitoreadas por las autoridades del Instituto Nacional, quienes totalizaron 10 overoles blancos, tras la llegada de dos más desde el sector 1.

En eso, comenzaron los enfrentamientos con Carabineros. Hubo lanzamiento de bombas molotov y la detonación de petardos, de acuerdo a informes del mismo establecimiento. Los ataques pararon por unos segundos al recibir la respuesta del carro lanza aguas y gases lacrimógenos.

Como a esa altura ya reinaba el caos, la rectora Aravena instruyó la evacuación del establecimiento por calle San Diego y Alonso de Ovalle. “Sin embargo, una gran multitud de estudiantes hace caso omiso a las instrucciones del equipo de Inspectorías Generales”, se lee en un documento interno del Instituto Nacional.

En estas dinámicas fue cuando estos mismos encapuchados lanzaron una bomba incendiaria a un periodista radial que estaba reportando los graves incidentes desde un costado de la Alameda. Ataque que fue registrado en video por el mismo profesional.

Al notar la alta presencia policial, el grupo de overoles blancos se replegó e inició movimientos para eliminar la evidencia: se reunieron en el patio central, donde vaciaron los elementos incendiarios, generando un incendio en la cancha y quemando uno de los arcos de fútbol. Todo esto bajo observación del resto de estudiantes que tomaban fotografías. 

Como una escena aprendida, la “masa” los ayudó a moverse a los camarines femeninos para quemar los overoles utilizados y así eliminar pistas y huellas en un basurero.

Este relato es parte de una querella que presentó el Servicio Local de Educación el 8 de junio pasado contra los que resulten responsables, cuya acción judicial invocó cuatro delitos: desórdenes públicos, lesiones, incendio y colocación de bombas.

Los informes de los inspectores no sólo reportaron bencina, bombas molotov y petardos. Sino que  además–en esta oportunidad–, el grupo de alumnos violentos portaba un esmeril portátil a batería, el cual lo usaron para romper las puertas de acceso.

También revelaron que un funcionario–A.M.–resultó con una herida en su cabeza, producto de un golpe.

A las 9.40 de ese jueves 28 de mayo, es decir 32 minutos después del inicio de los protocolos de emergencia, ingresó un equipo del OS.9 de Carabineros para realizar las pericias y búsqueda de pistas de los elementos quemados en el liceo emblemático.

El ataque del 28 de abril que logró identificar a estudiantes “infiltrados” del Liceo de Aplicación

Esta misma dinámica y movimientos fueron identificados la mañana del 28 de abril pasado.

En esa oportunidad, el grupo fue más violento, pues amenazó a dos profesoras, quienes lideraban la evacuación de los estudiantes más pequeños. Las docentes tuvieron que ser ingresadas a la mutual para un tratamiento psicológico. 

En esa jornada también usaron un esmeril portátil con el que rompieron los candados de los pórticos. Esa maniobra les permitió un desplazamiento rápido para enfrentar a carabineros con sus elementos explosivos.

Tras quemar mobiliario interno, los overoles blancos mostraron lienzos con contenido anarquista, según los informes del Instituto Nacional.

“Los encapuchados ingresan al establecimiento y en la cancha central lanzan bombas molotov, provocando un incendio el cual fue contenido rápidamente por funcionarios del establecimiento con los extintores disponibles. Luego se dirigen hacia el sector dos y bajan hacia los camarines, lugar donde protegidos por la multitud de estudiantes que acompaña su acción se despojan de sus overoles y los depositan en un basurero el cual llenan de bencina para incendiarlo, lo cual provoca un fuerte estruendo”, se lee en la denuncia ingresada ante el Ministerio Público.

En la investigación interna, las autoridades del establecimiento identificaron a cuatro alumnos, de tercero y cuarto medio, además de dos estudiantes pertenecientes al Liceo de Aplicación, cuyas identidades también fueron aportadas a la Fiscalía.

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