La violencia femicida deja consecuencias que van mucho más allá de las mujeres directamente afectadas. De acuerdo con el Informe Anual del Circuito Intersectorial de Femicidio (CIF), elaborado a partir de registros del Sistema Red de Asistencia a Víctimas (SRAV-Femicidio), durante el año se identificaron 523 víctimas indirectas asociadas a femicidios consumados y frustrados. De ellas, 428 eran menores de 18 años, equivalentes al 81,8% del total.
El impacto se concentra especialmente en los casos en que la mujer sobrevivió a la agresión. Del total de 523 víctimas indirectas, 390 estuvieron vinculadas a femicidios frustrados, mientras que 133 correspondieron a femicidios consumados.
Las víctimas indirectas de los femicidios
La distribución por edad muestra que los niños, niñas y adolescentes constituyeron el grupo más afectado entre las víctimas indirectas identificadas por el informe.
El tramo más numeroso fue el de 7 a 13 años, con 195 casos, que representan el 37,3% del total. Le siguen los niños y niñas de 0 a 6 años, con 133 casos (25,4%), y los adolescentes de 14 a 17 años, con 100 casos (19,1%).
La diferencia entre los femicidios consumados y frustrados es especialmente marcada. En los casos consumados, los menores de 18 años representaron el 45,9% de las víctimas indirectas. En los femicidios frustrados, en cambio, fueron 367 de las 390 víctimas indirectas, equivalentes al 94,1%.
El parentesco permite observar otra dimensión del impacto de estos hechos.
De las 523 víctimas indirectas, 199 correspondieron a hijos o hijas solo de la víctima, 127 a hijos o hijas en común entre la víctima y el agresor y 125 a hijos o hijas solo del agresor.
El comportamiento cambia según el tipo de femicidio. En los femicidios frustrados, los hijos e hijas concentran prácticamente toda la afectación registrada: los hijos solo de la víctima representan el 39,2%, los hijos en común el 29,7% y los hijos solo del agresor el 27,9%.
En los femicidios consumados, en cambio, la distribución es más amplia. Además de los hijos e hijas, aparecen madres y padres, hermanos, tíos, primos, sobrinos, amistades y otras personas cercanas.
El informe también analiza si los NNA víctimas indirectas estuvieron presentes durante el femicidio o la agresión femicida.
De los 428 NNA identificados, en 309 casos (72,2%) no había información sobre su presencia al momento de los hechos. Entre los registros que sí contaban con ese antecedente, 87 NNA no estuvieron presentes y 32 sí presenciaron directamente la violencia en seis femicidios consumados y 26 femicidios frustrados, además en uno de estos casos, el menor resultó lesionado.
¿Quién cuida a los niños y niñas tras un femicidio?
El impacto sobre las víctimas indirectas también puede observarse en la evolución de los últimos años.
El informe compara los registros de víctimas indirectas asociadas a femicidios consumados y frustrados entre 2014 y 2025. En ese período, la cifra pasó de 347 a 523 casos, lo que representa un incremento cercano al 51%.
El documento señala que esta evolución se explica principalmente por el aumento de las víctimas indirectas vinculadas a femicidios frustrados. Los registros asociados a estos casos experimentaron un crecimiento significativo desde 2021 y llegaron a su máximo en 2024, con 448 víctimas indirectas.
Aunque en 2025 hubo una disminución respecto de ese máximo, la cifra continuó por encima de los primeros años de la serie.
El impacto de los femicidios consumados también implica cambios en el cuidado de los hijos e hijas.
En el registro asociado a la gestión de las pensiones establecidas por la Ley N°21.565, el informe identificó 42 personas cuidadoras, de las cuales 30 eran mujeres y 12 hombres.
Entre quienes asumieron estas labores, la figura más frecuente fue la abuela materna, con 20 casos. Le siguieron los padres biológicos no agresores, con siete registros. También aparecen abuelos, tías, hermanos y otros vínculos familiares.
El informe registra, además, que la mayor parte de las personas cuidadoras se concentraba entre los 51 y 70 años, con 18 de los 42 casos.