Por: María José Gutiérrez

Gráficos: Mabel Flores


¿A qué le temen los chilenos? Hace diez años, Capital indagó, a través de una encuesta realizada por Feedback, en los principales miedos del país. En ese entonces, el panorama era bien distinto al de hoy: Bachelet estaba en su primer gobierno; no había ocurrido el terremoto y tsunami del 27F; no habían estallado los escándalos empresariales como La Polar o Penta; los iPhone estaban recién penetrando el mercado, no existía Instagram, Twitter apenas se conocía, y aunque Whatsapp se había lanzado en febrero de ese año, era una aplicación de pago incipiente, que todavía no consideraba los “grupos”, ni los mensajes masivos. Producto de la crisis subprime, la economía del país crecía negativamente (-1,5%) y la migración representaba tan solo 1,3% de la población.

La última década ha sido agitada y con muchos cambios. Por lo mismo, Capital quiso develar cómo las transformaciones sociales, la irrupción de las tecnologías, la mayor información y los escándalos están hoy provocando inquietud o temor en las personas.

Si en 2009 los principales miedos de los chilenos tuvieron que ver con la vida personal o familiar de los encuestados: a no tener éxito, a la soledad, a que no alcance la plata para vivir, o a enfermarse, hoy son factores externos los que más inquietan.

Hace diez años los temas laborales reflejaban tan solo un 19% de preocupación, cifra similar a los temores asociados al gobierno y quién lo conducía. “No estaba en agenda la rentabilidad de los fondos de pensiones, ni la crisis de confianza en las instituciones. Por eso, los miedos de los encuestados se concentraron en temas propios de los individuos”, explica Juan Pardo, socio y director de Feedback, consultora que también estuvo a cargo de la encuesta 2019.

La sensación general de temor también era menor hace diez años. En 2009, tan solo 4% de los encuestados aseguraba sentirse temeroso “siempre” o “casi siempre” por “cosas que pueden afectar su vida”. Ahora 27% respondió lo mismo.

“Esto se relaciona con la instalación de una cierta sensación de precariedad en la sociedad chilena, acechada por fenómenos de la vida moderna”, explica Pardo.

Para el economista y ex presidente de Codelco, Óscar Landerretche, el resultado es consecuencia de la crisis subprime. “Si bien fue una crisis que manejamos relativamente bien, hemos sentido sus efectos culturales, económicos y políticos: han sido los años que se ha cuestionado más fuerte el modelo chileno. Tiendo a pensar que la mayoría de la gente siente o se ha dado cuenta de que algunas de las seguridades del modelo neoliberal no eran tan ciertas”, asegura.

Felices pero desconfiados

El porcentaje de personas que se considera feliz prácticamente no varió en diez años (de 73% a 70%). Sin embargo, al cruzarlo con otros datos, como la confianza, aparecen conclusiones interesantes. “El chileno se siente feliz y satisfecho, pero al mismo tiempo es una felicidad que tiene que ver con la idea chilena de la meritocracia: mis logros, mis cosas, mi familia”, asegura la psicoanalista Constanza Michelson. “Lo curioso es que la gente al mismo tiempo desconfía de todas las instituciones sociales, salvo Bomberos: los medios de comunicación, las fuerzas armadas, las iglesias. Esto habla de una sociedad muy fragmentada y despolitizada”, señala.

Al unirlo con un segundo dato: que el mayor temor se relaciona con la seguridad de los encuestados y su entorno –donde 53% asegura que “siempre” o “casi siempre” siente ese miedo–, se fortalece esta tesis. “El rechazo a lo político es hacia las instituciones y personas, pero el temor está puesto en la delincuencia y la idea de que en Chile faltan leyes. Queremos más leyes, más seguridad, más instituciones, ahí están todos los miedos. Y eso es súper grave porque al mismo tiempo que desconfiamos de todo eso, estamos negando los grandes temas políticos”, agrega la psicoanalista.

Para Landerretche, “es evidente que se nos han soltado las trenzas en uno de los atributos que tenía Chile, que era la seguridad ciudadana. Este gobierno prometió mano dura con la delincuencia y tenemos festivales de narcos haciendo fiestas y cárceles de lujo para los traficantes. Pero esto es responsabilidad tanto de la derecha como de la izquierda: de la derecha porque la mano dura es puro discurso y de la izquierda porque siempre justifica la violencia por causas sociales y no la enfrenta”.

A la delincuencia le siguen aquellos temores relacionados con la situación económica del país (46%). Al desglosarlos, estos muestran que 53% de las personas siente un temor constante a que bajen los fondos de pensiones. Esta preocupación se acentúa entre los mayores de 50 años y en los grupos socioeconómicos más bajos. Por último, uno de cada tres encuestados dijo sentir temor “siempre” o “casi siempre” por temas relacionados con su trabajo o actividad, que se concentra –otra vez- en el segmento de menores ingresos. “Esto es consistente con dos hechos estilizados que sabemos para el caso chileno: que la cantidad de personas del hogar que tienen un empleo es menor en los segmentos bajos y mayor en los altos –esto significa que la pérdida de un empleo tiene mayor impacto en el ingreso familiar de esos grupos– y que el menor nivel educacional y de capacidades de los sectores de menores ingresos hace que su probabilidad de estar desempleado sea significativamente mayor que la de un trabajador de ingreso altos con elevado capital humano”, asegura el economista y académico de la UAI, Ignacio Briones.

Clasistas y liberales

El nivel de conflicto entre ricos y pobres subió 11 puntos: si en 2009, 65% de los encuestados reconoció que este era “grave” o “muy grave”, hoy lo asegura el 76%. Según Michelson, esto podría atribuirse en parte a “lo que representa el gobierno de Piñera: el nepotismo, el amiguismo. El último mes hemos estado hablando de que en las sociedades y contratos se repiten los mismos apellidos. Es un club de amigos”. Otros expertos, como Landerretche, creen que es porque se ha extendido la noción de que la desigualdad en Chile es intolerable y que se explicaría,  “porque a las empresas chilenas les falta asumir un tema meritocrático profundo”.

En el mismo período, sin embargo, el nivel de conflicto entre chilenos e inmigrantes se mantuvo estable, pese a que el número de extranjeros residentes en Chile superó los 1,2 millones este año. “Más que racistas, somos un país clasista”, subraya la psicoterapeuta.

Lo que sí aumenta es el nivel de enfrentamiento entre hombres y mujeres, que pasó de 41% a 52%. La irrupción del #MeToo es una de las razones que lo justifica. Pero un dato llama la atención: entre las mujeres, la sensación de animadversión es de 60%, mientras que entre los hombres, el mismo porcentaje asegura que no hay conflicto alguno entre ambos sexos.

“La gente está de acuerdo con los cambios que conlleva el feminismo, pero hay una percepción de algo que no se está transmitiendo del todo bien”, señala Michelson. Esto porque al preguntar por el temor que podrían generar en algunos sectores las acciones relacionadas con las demandas del movimiento –corresponsabilidad en la crianza de hijos, aborto libre, representación mínima de mujeres en cargos de relevancia, entre otros– ninguno de ellos parece ser relevante.

En lo que hay coincidencia es que hoy Chile es un país más liberal que hace diez años atrás: si en 2009, 36% de los encuestados decía que Chile era “conservador” o “muy conservador”, el mismo porcentaje hoy se encuentra en el otro lado del péndulo.

Hiperconectados

El año pasado estalló el escándalo de Cambridge Analytica. La consultora londinense adquirió de forma indebida los datos de 50 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos, que fueron luego utilizados para manipular a los votantes en las presidenciales de 2016 que dieron por ganador a Donald Trump. Esto fue una demostración más de que hoy las personas están expuestas como nunca antes a información falsa que se propaga a la velocidad de la luz a través de las redes sociales, algo impensado hace diez años.

La encuesta arrojó que 74% de las personas siente “mucho” o “bastante” temor frente a la difusión de este tipo de información, y al 71% le preocupa fuertemente la exacerbación de grupos extremos en estas plataformas. Pero lo que genera un mayor miedo entre los chilenos es la hiperconectividad de los menores de edad y su exposición a las pantallas.

“La gente le teme a lo desconocido y no tiene idea cuáles son los reales efectos que tiene la irrupción de los tablets, smartphones y juegos de video en el desarrollo de nuestros niños. Tienen susto porque ven que sus hijos están pegados a las pantallas”, asegura Carolina Pérez, máster en Educación en Harvard y fundadora de Comunidad sin Pantallas.

La profesional viene llegando de Estados Unidos, donde se reunió con un grupo de médicos y neurocientíficos para analizar el tema. El problema, dice, es que los niños tienen cerebros inmaduros incapaces de lidiar con tanta información y estímulo, que les impide luego poner atención, estar tranquilos, o concentrarse. “Los estudios dicen que al pasar un smartphone a un adolescente, es tanto el placer que sienten con este aparato que lo equiparan a un shot de heroína. Y una persona bajo la influencia de las drogas no puede pensar bien”, advierte.

A esto se suma un temor a la exposición de la vida privada en las redes sociales. Aunque tan solo una de cada tres personas siente esta amenaza fuertemente, la preocupación es mayor entre las mujeres, por 17 puntos sobre los hombres.

Miedos globales

En 2016, el economista de UCLA Sebastián Edwards publicó una columna donde señaló que en 84 meses la mitad de los empleos desaparecerían. Algo similar aseguró un año después la consultora Mackenzie, aunque con un plazo mayor: dijo que el 50% de los trabajos en Chile no existirá en los próximos 20 a 40 años.

La preocupación por la automatización de los empleos es una amenaza latente que se da sobre todo en aquellos sectores menos calificados. La alerta se refleja en la encuesta: en los grupos bajos, 21% reconoce sentir “mucho” miedo. En los grupos altos, en cambio, tan solo 6% lo percibe así.

Otro de los temores globales que arrojó la encuesta es el calentamiento global, con más de 50% de las menciones que según expertos se explicaría principalmente por la agenda mediática y política, que coincide con la reciente eliminación de las bolsas plásticas y la organización de la COP 25. En este mismo ámbito, anclado en el estallido del caso de contaminación de Quintero en 2018, irrumpió con 65% de las respuestas, el temor frente a la posibilidad de sufrir alguna enfermedad provocada por la contaminación ambiental. Una vez más, hay una marcada diferencia entre los estratos socioeconómicos altos y bajos: una de cada cuatro personas del grupo más vulnerable siente “mucho” temor, mientras que entre el grupo más alto, tan solo 15% siente esa amenaza de forma permanente.

Juan Pardo resume esta tendencia. Pese al crecimiento que ha experimentado la clase media –de 43% en 2006 a 65% en 2017, según cifras de LyD–, aproximadamente dos tercios de este segmento en realidad corresponde a “clase media baja”, “un eufemismo para referirse a las personas que están luchando por no caer más abajo o volver a la situación de pobreza”, lo que convierte a ese grupo en los chilenos más temerosos.


Ficha técnica

La encuesta la realizó Feedback entre el 11 de abril y el 3 de mayo, vía telefónica en líneas fijas y celulares, a 600 personas representantes de las 34 comunas del Gran Santiago Urbano. La muestra representa un universo de hombres y mujeres mayores de 18 años. 52% de los encuestados son hombres, 48% mujeres; 37% tienen entre 18 y 34 años, 27% entre 35 y 49 años y 36% son mayores de 50 años. 48% pertenecen al nivel socioeconómico bajo, 31% medio y 21% alto. La encuesta tiene un error muestral de 5% .Los resultados son ponderados según los datos del Censo abreviado de población y vivienda de 2017 por el INE.

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