Un impacto positivo en la reducción de los índices de agresión y acoso escolar arrojó la evaluación de las cohorte 2023 y 2024 del programa "A Convivir se Aprende" (ACSA), iniciativa del Ministerio de Educación ejecutada por 13 universidades en 156 comunas del país.
Según los datos cuantitativos y cualitativos presentados durante los seminarios nacionales y macrozonales realizados entre abril y julio, por el Centro de Sistemas Públicos (CSP) ante más de 2.700 comunidades educativas, la violencia entre estudiantes disminuyó significativamente del 61,3% al 41,3% en la cohorte 2024, mientras que las cifras de acoso escolar cayeron a la mitad, pasando de un 28,2% a un 14,7% en la misma cohorte.
Asimismo, la intervención mostró un impacto directo en la salud mental de los equipos educativos: el desgaste emocional del personal docente y administrativo bajó del 58.1% al 45,3% en la cohorte 2024, aunque desde la organización advierten que sigue siendo uno de los mayores desafíos del sistema escolar.
Un cambio de paradigma: De la sanción a la prevención
El modelo de ACSA busca fortalecer la gestión de la convivencia y el bienestar socioemocional a través de redes territoriales, acompañamiento focalizado y formación. En su segundo año de ejecución, el programa logró que la capacidad de gestión institucionalizada de los equipos de convivencia subiera del 35,8% al 50,6% (cohorte 2024).
Magdalena Plant, jefa de la División de Educación General del Mineduc, valoró la transformación dentro de las aulas: "Es un cambio en la manera en que las comunidades educativas responden a los desafíos: pasamos de reaccionar frente al conflicto a aplicar estrategias preventivas y formativas. Aprender a convivir no es solo resolver problemas, sino construir culturas escolares que los prevengan".
Por su parte, Francisca Morales, oficial de Educación de UNICEF, enfatizó que la prevención es la clave para la sostenibilidad: "En la medida en que hay acciones preventivas, se logran avances significativos. Es esencial contar con espacios de buen trato para garantizar el derecho a la educación".
La voz desde las salas de clases
El impacto de la medida también fue ratificado por los directivos escolares. Miguel Hermosilla, director de la Escuela Básica Pacto Andino de Estación Central, destacó la ayuda concreta en la elaboración de planes adaptados a su realidad y el involucramiento de apoderados: "Nos ayudó a abordar el problema desde lo preventivo. Una escuela sana y feliz, por añadidura, va a obtener mejores resultados académicos".
La valoración del programa por parte de las comunidades educativas supera el 90% en sus jornadas de formación y el 80% en acompañamiento focalizado.
El llamado a convertir ACSA en Política de Estado
Frente a la contingencia nacional en materia de convivencia, expertos enfatizan la urgencia de dar continuidad a estas herramientas. Paula Luengo, investigadora responsable de la ejecución del programa en la Región Metropolitana a través de la Pontificia Universidad Católica, sostuvo que la iniciativa debe trascender administraciones:
"El gran desafío es que esto se transforme en una política de Estado. Los hechos de violencia tremendamente dramáticos que vimos al inicio de este año empujan en esta dirección. La convivencia no se improvisa, no es una acción reactiva ni punitiva; se tiene que fomentar desde la prevención".
Entre las recomendaciones finales entregadas por el estudio destacan la necesidad de profundización de asesorías regionales con enfoque innovador, un mayor apoyo a establecimientos en contextos de alta vulnerabilidad estructural y garantizar el financiamiento sostenible desde el Estado.