Tesla, la empresa encabezada por Elon Musk y que está detrás de la producción de autos eléctricos y otras grandes innovaciones tecnológicas, pierde dinero casi sin falta.

En todos los años que tiene desde su fundación en 2003, nunca ha reportado utilidades.

El año pasado vendió 76.000 autos, una cifra minúscula comparada con los 6,7 millones de unidades de Ford.

Y entonces, ¿por qué está avaluada en US$44.000 millones, una cifra cercana a los US$49.000 millones que vale la venerable Ford?

Es un fenómeno difícil de comprender para el público, pero uno que ocurre con cierta frecuencia en empresas nuevas, muchas veces de los sectores de alta tecnología.

¿Irracional?

Elon Musk es el jefe de Tesla.

Snap, la empresa matriz de la aplicación Snapchat, se prepara para una emisión de acciones en bolsa, con una valoración que podría llegar a los US$22.000 millones.

Esto pese a que la firma perdió US$515 millones en el último año.

¿Y entonces? ¿Son totalmente irracionales o injustos los mercados? ¿Por qué no puedo fundar yo entonces una empresa que pierda dinero a montones y después venderla por una fortuna?

Crecimiento

Tesla ha sido avaluado en miles de millones de dólares.

La realidad, por supuesto, es más compleja que eso.

En el centro de la explicación, aseguran los expertos, está el potencial de crecimiento.

"¿Por qué los grandes clubes de fútbol fichan a muchachos de 18 años que nunca han jugado un partido profesional en su vida, basados en cómo jugó en la escuela secundaria? Por el potencial", le dice a BBC Mundo Aswath Damodaran, profesor de finanzas de la escuela de negocios de la Universidad de Nueva York, especializado en la valoración de acciones.

Para el catedrático, no tiene sentido que se critique la valoración alta de una empresa con futuro, pese a que sus ingresos actuales no sean tan buenos.

"De otra manera, si los equipos de fútbol pensaran así, al único que le ofrecerían trabajo sería a Messi".

"Cada vez que haya potencial de crecimiento, la valoración de las empresas va a parecer exagerada comparada con los activos que tiene en la actualidad", indica Damodaran.

Especialmente cuando muchos de los activos de estas empresas no son bienes físicos sino posesiones más intangibles, como patentes,o número de usuarios.

"Cuando Facebook salió a la bolsa, quién iba a pensar que iba a llegar a más de 1.000 millones de usuarios", afirma.

Las sorpresas

Algo similar opina Howard Yu, experto en gerencia estratégica e innovación de la escuela de negocios IMD en Hong Kong.

Snapchat se prepara a hacer una emisión de acciones en la Bolsa.

"Normalmente el precio de la acción refleja lo que será el flujo de ganancias futuras que tendrá la empresa. Bajo esa premisa, la mayoría de las empresas tienen cuidado de generar siempre ingresos crecientes, para que la acción suba de precio", dice Yu en conversación con BBC Mundo.

Pero otras empresas como Tesla o Amazon, que no hacen mucho dinero por periodos extendidos de tiempo, también ven que el precio de su acción aumenta.

"En los últimos seis meses, por ejemplo, Tesla ha seguido perdiendo dinero, y tiene poco mercado, pero su acción está disparada. La cadena de comercio en línea Amazon ha generado utilidades cumulativas mucho menores que, por ejemplo, la cadena de supermercados Walmart. ¿Por qué los mercados financieros los evalúan tan distinto, dándole un aumento enorme de su valor a firmas como Amazon?", se pregunta Yu.

Perspectivas

La respuesta está nuevamente, en la perspectiva de crecimiento.

"No basta con crecer sostenidamente. Hay que darle sorpresas agradables a los mercados", dice el experto.

De modo que cuando una de estas empresas innovadoras anuncia un logro importante los analistas financieros recalculan ese flujo futuro de ingresos y pueden resultar valorando la empresa muy por encima de lo que sugeriría su situación actual.

"Walmart es rentable, pero el precio de su acción no sube tanto. Esto es porque los analistas ya pueden predecir el ingreso que tendrá en el futuro. No va a haber sorpresas. Para que la acción suba mucho tienes que sorprender gratamente a los mercados".

Otros dirán que muchas empresas con valoraciones enormes basadas en expectativas de grandes triunfos futuros nunca cumplirán esos sueños.

La historia empresarial está sembrada de las ruinas de firmas que prometieron cambiar el mundo, se llenaron de dinero con esa promesa, y fracasaron en el camino.

Pero como indica Damodaran, siempre habrá algunas empresas que lo logren.

Y justifiquen de esa manera las enormes apuestas monetarias de inversionistas que proclaman ganadores y hunden millones en empresas que no dan un centavo de ganancias.

 

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