Bloomberg

Hay muchas formas de despilfarrar tu dinero en Las Vegas.

Podrías ordenar un cóctel de champagne Ono de US$10.000 en el club XO del hotel Wynn Encore. En el mismo club, puedes pagarle al DJ canadiense Deadmau5 US$200.000 por tocar una canción de Bon Jovi. O puedes llevar a 50 de tus amigos en un jet privado al club Drai’s en el hotel Cromwell por US$737.000 y agasajarlos con un show pirotécnico de 210 segundos.

También puedes gastar US$12.000 (unos 7,8 millones de pesos chilenos) en un curso intensivo de dos días en una academia de conducción de Lamborghini en el autódromo Las Vegas Motor Speedway. ¿Vale la pena? Eso depende de lo que quieras hacer después: ¿quieres simplemente perfeccionar tus habilidades de conducción de Lamborghini o financiar un equipo amateur de carreras?

El programa de conducción de clientes de Lamborghini puede describirse como una pirámide, que comienza con una simple “Esperienza” de un día –básicamente una prueba de manejo de los dos principales modelos de la marca en la pista- y sigue hasta un fin de semana completo en el pináculo de los autos de carrera GT “Super Trofeo”.

“Academia” está en la mitad de esa pirámide y es lo que probé a fines de octubre.

Lamborghini usa la escuela de conducción para vender autos y desarrollar un vínculo más cercano con sus clientes adinerados, pero también quiere encontrar a los conductores más rápidos y aumentar su nueva liga de carreras.

“Super Trofeo” es una especie de club de carreras de caballeros, del tipo que han hecho de las rivales Porsche y Ferrari marcas tan legendarias en las pistas, con exitosas cifras de ventas. Lamborghini fabrica una versión mejorada de su auto deportivo Huracán en honor a la liga, tal como hizo con su antecesor Gallardo.

Para Lamborghini -que vende muchos menos de la mitad de los autos que Ferrari, con 3.245 en 2015- un programa de carreras exitoso puede traducirse en una lealtad más fuerte con la marca, mejor investigación y desarrollo, y mayores ganancias para la compañía matriz Volkswagen (que también es dueña de Porsche, Audi y Bentley). Después de todo, "gana el domingo, vende el lunes" es un cliché por una buena razón.

Para el conductor, la Academia de dos días es bastante buena, considerando todo lo que se puede conseguir en comparación en Las Vegas.

La mayoría de los participantes de la “Academia” ya tienen al menos un Lamborghini: cuando fui compartí con un neurocirujano, un heredero industrial canadiense, un magnate inmobiliario y un desarrollador de software además de un soldado británico de fuerzas especiales y un hombre muy adinerado de México.

El principal evento para la mayoría de estos millonarios son algunas vueltas en uno de los Super Trofeo Huracán, una inversión de US$350.000 que ni siquiera es legal en las calles. El propósito de ese auto es rugir en la pista y entregar el agarre más firme que jamás haya experimentado en mi vida.

El Super Trofeo es adictivo; una vez que condujiste una vuelta en la máquina de carrera habitual, todo lo demás parece tan de mercado masivo. Y Lamborghini se apasiona en vender el auto y promover el auspicio de equipos de carrera a los conductores más rápidos y adinerados.

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