Por Phillip Durán

Desde hace un par de años, el ex embajador Luis Maira venía participando en varias reuniones secretas, realizadas en Venezuela y Ecuador, junto a personeros colombianos y la guerrilla. No se trataba de la negociación con las Farc, proceso en el que Maira participó como “observador” en representación de Chile y que esta semana concluyó con un acuerdo de paz firmado en La Habana.

Las citas en Caracas y Quito se realizaban en forma paralela a las de las Farc. Eran una conversación distinta, aunque con un objetivo y un interlocutor similar: el Ejército de Liberación Nacional.

El ELN es la segunda guerrilla de Colombia: según cifras del Ejecutivo de ese país tiene unos 2.500 combatientes, versus los 8 mil de las Farc. Fue fundado en 1964 por los sacerdotes Camilo Torres y Manuel Pérez, exponentes de la Teología de la Liberación. A ellos se sumaron sectores del Partido Liberal, inspirados en el “Che” Guevara. Su agenda: promueve el control nacional de los recursos naturales, por lo que ha concretado secuestros de ejecutivos de empresas extranjeras y atentados contra infraestructura privada.

En marzo pasado, tras dos años de diálogos secretos, el gobierno de Santos anunció el inicio de un proceso formal de negociación por la paz con el ELN. Segunda parte de las conversaciones, que esta vez serían públicas y cuyas reuniones se concretarán en distintos países de la región. Uno de ellos: Chile.

Según fuentes diplomáticas, Colombia invitó a colaborar en el diálogo con el ELN a los mismos países que ayudaron en la negociación con las Farc: Noruega, Cuba, Venezuela y Chile. También se sumó Ecuador y Brasil. El acuerdo, explican las mismas fuentes, es que la primera reunión formal entre las autoridades de Bogotá y la segunda guerrilla colombiana sea en Quito. La segunda, en Santiago. El resto, en los otros países que actuarán como garantes del proceso.

Hasta ahora, en las conversaciones ha participado el jefe del ELN, Eliécer Erlinto Chamorro Acosta -más conocido por su alias, Antonio García- quien ha sido condenado por la justicia colombiana por hechos como la Masacre de Machuca de 1998 -un atentado con dinamita a un oleducto, que provocó un incendio en la población de Machuca, donde murieron 84 personas- y el secuestro del Vuelo 9463 de Avianca de 1999, que llevaba 41 pasajeros y cinco tripulantes, los que fueron secuestrados.

El mismo García podría viajar a Chile, como parte del nuevo proceso de diálogo iniciado por Colombia.

La fecha para ello, sin embargo, aún es incierta. Aunque el inicio de las negociaciones oficiales fue anunciado en marzo, la primera reunión que sería en Quito -originalmente programada para mayo pasado- quedó congelada, luego de que se registraran algunas acciones violentas del ELN. Sin embargo, fuentes que conocen las negociaciones señalan que ambas partes han tenido un reservado diálogo para viabilizar de todas maneras el proceso.

Que Chile participe como garante en el diálogo entre Colombia y el ELN es visto con satisfacción en la Cancillería chilena. Esto pues refuerza el rol ya asumido por Santiago en la negociación con las Farc, que fue cerrado con una ceremonia en La Habana a la que asistió la Presidenta Michelle Bachelet.

Aunque dicho acuerdo de paz ya fue firmado, ahora viene el proceso de implementación, en el que Chile también colaborará. Así, está previsto que Santiago envíe efectivos militares, desarmados, como parte de un contingente coordinado por Naciones Unidas, que estará al mando de un militar argentino. El objetivo: principalmente, prestar asesoría en el proceso de desarme de las Farc, que entregará sus armas en una de las 23 zonas especiales definidas para acopiar y luego destruir el armamento. También se contribuirá en procesos de desminado en zonas de antiguo conflicto.

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Imagen y presencia de Chile

La presencia de la Presidenta en la firma del acuerdo con las Farc en La Habana, el papel que asumirá Chile en la implementación de dicho entendimiento y el nuevo rol que se asumirá como garante en las negociaciones entre Colombia y el ELN -con una reunión pública en Santiago- son vistos como un elemento positivo para la imagen de Chile.

A juicio de varios diplomáticos, colaborar en una tarea de relevancia mundial como la paz en Colombia repercute en que Chile potencia una conducta de “buen vecino”, que presta ayuda en la región y que es, al mismo tiempo, confiable y serio como para asumir una tarea de ese tipo.

Algo que, a juicio de algunos, podría tener efectos positivos en el juicio de Chile y Bolivia en La Haya. “El discurso del país invasor y expansionista no es congruente con la colaboración para la paz prestada en este caso”, afirma un experimentado diplomático.

Además, explican en RR.EE., el rol de Chile en el diálogo con las Farc mostró a un país activo y con vínculos en el vecindario. Esto pues buena parte de la tarea de la Cancillería chilena fue impulsar la creación en distintos países de “comités de amistad” con dicho proceso.

Esos grupos reunieron a personalidades de distintos sectores políticos en México, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Costa Rica. En Montevideo, por ejemplo, el “comité” está integrado por figuras como los ex presidentes 

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