La “Operación Cancerbero” se comenzó a trabajar hace varias semanas. El hacinamiento extremo y las luchas de poder en las cárceles de Santiago y Valparaíso ya no permitían un control de esos penales.
Por lo mismo, las autoridades de Gobierno determinaron activar masivos traslados al nuevo penal de la Región del Maule, denominado “La Laguna”. Un amplio complejo, de 60 mil metros cuadrados, cuya principal característica son las nuevas condiciones de alta seguridad. Ideal para recibir a los jefes más peligrosos del crimen organizado.
Así, se conoció–que al menos–nueve reos de esas condiciones fueron derivados al nuevo complejo penitenciario: “El Wara”, jefe de Los Pulpos; Viktor Gjini, de la mafia albanesa, y diversos miembros de las células del Tren de Aragua, además de la mano derecha del fallecido narco chileno “Cogote de Toro” completaron esa lista.
Pero la Región del Maule guardaba otro secreto.
En medio de esa programación, la BIPE de la PDI recibió una información “clave” de inteligencia que advertía el movimiento desde Santiago de una nueva célula compuesta por extranjeros que tenía como objetivo camuflarse en un acomodado barrio en Talca.
La información advertía que “soldados” avezados en tráficos de drogas, secuestros y homicidios habían sido fichados por un traficante chileno para cometer un sicariato: al parecer estos criminales habían coincidido en los mismos penales y tras cumplir sus condenas estaban listos para sumarse a otros grupos delictuales.
Todo provocado por el desarme del Tren de Aragua, cuyos líderes han sido detenidos en varios países–como Colombia y Estados Unidos–y sus extradiciones ya están activadas hacía Chile.
“Este nuevo fenómeno aparece luego del trabajo intenso que fue desbaratar las facciones del Tren de Aragua como Los Piratas, La Hermandad, Los Mapaches y Los Cartier articulados desde el extranjero. Estos descolgados tienen la capacidad de reorganizarse en grupos pequeños con delincuentes comunes. Tienen mucho menos logística, pero son igual de peligrosos”, comentó a Reportajes Teletrece, el prefecto Hassel Barrientos.
En ese contexto, el jefe de la BIPE indicó que han observado una baja importante en los casos de secuestros reales: de 44 en 2025, se pasó a 22 indagatorias en la actualidad.
Casa de Seguridad: armas, teléfonos y un plan de sicariato
La información de inteligencia llegó el 9 de junio pasado. En el reporte venía el detalle que un grupo de extranjeros–entre los que destacaban apodos como “El Colombia” y “El Chamo”–estaba planificando un sicariato en Talca.
Los delincuentes estaban ocultos en una casa de seguridad afinando los últimos detalles de su golpe criminal, el cual había sido encargado desde Santiago 1 en el marco de la lucha territorial y liderazgo del centro penitenciario. Una trama, que según la investigación, se había complicado tras el caso de corrupción que se destapó en Gendarmería.
Estos antecedentes llegaron a la recién estrenada Fiscalía Supraterritorial, donde además de instruir una orden de investigar, obtuvieron–en tiempo récord–la luz verde para concretar un allanamiento.
Con esto, la BIPE dio inició a la “Operación Nexos”, que posicionó rápidamente a los detectives en calle 51 norte en el sector Las Rastras, de Talca.
Sin dudar, procedieron a un rápido allanamiento. Al interior de la casa de seguridad encontraron a 10 extranjeros: cuatro colombianos y seis venezolanos. Siete de ellos con un amplio prontuario por delitos violentos, de los cuales cuatro habían recuperado su libertad el mayo pasado.
El hallazgo reflejó que la información de inteligencia había sido precisa. Al revisar la identidad de los imputados, confirmaron que la mayoría había prestado “servicios” de cobertura a las desarticuladas células del Tren de Aragua en casos de secuestros y homicidios, entre otros delitos violentos.
En la vivienda, que habían arrendado para diseñar el mortal ataque, la PDI incautó además un amplio arsenal: tres pistolas–Glock, Bersa y Taurus–, 10 teléfonos celulares y siete cartuchos con balas de alto calibre.
Según la BIPE, el plan era concurrir a la localidad de San Clemente, a unos 20 kilómetros de Talca, para ejecutar un robo con homicidio contra un “empresario”. Sin embargo, después se detectó que la presunta víctima también era un criminal, quien había tenido rencillas con el interno que había encargado su muerte.
“En la cárcel se generan alianzas con reos de origen chileno. Se ha visto esa evolución, una mixtura estos últimos meses”, sostuvo el prefecto Barrientos, quien aseguró que los clanes delictuales, principalmente dedicados al tráfico de drogas, están reclutando a venezolanos y colombianos para que intervengan en su lucha territorial tanto en las cárceles como en las poblaciones.
Tras el operativo, la banda retornó a Santiago 1, luego de ser formalizada por el homicidio frustrado. Pero no fue el único hallazgo policial.
Una de las pistolas incautadas originó una investigación separada: se trata del aparato marca bersa calibre 38 que se anexó a una pesquisa por tráfico de armas desde Argentina.
Así, la Operación “Nexos” permitió comprobar el nuevo escenario que se está configurando en las bandas de crimen organizado en Chile: alianzas de narcos locales con “pistoleros” extranjeros que vuelven al ruedo tras cumplir sus condenas.
Un nuevo desafío que complica aún más las investigaciones sobre estos grupos criminales.