Casi nadie pudo captar muchas imágenes de Juan Abdón Flores Valenzuela, de 59 años. Un nombre común, pero que en el mundo criminal es reconocido como “Indio Juan”, cuya jerarquía tomó más altura al escaparse de la exPenitenciaría de Santiago, el 25 de febrero pasado.
Su recaptura, ocurrida durante la noche del lunes 31 de agosto, se pensó como un hito de bajo perfil. Aún existían diligencias en curso y no por su escape de la cárcel: una escucha telefónica de una causa narco deslizó la posibilidad de atentar contra un alcalde y en ese plan, el autor intelectual era–presuntamente–el “Indio Juan”.
Por eso, su búsqueda se aceleró y se instruyó a la Brigada de Investigaciones Policiales Especiales (BIPE) de la PDI completar la misión en tiempo récord, pues la orden llegó el viernes 28 de agosto desde la Fiscalía.
Los antecedentes disponibles ese día–aportados por otras unidades de la PDI y la inteligencia de Gendarmería–eran que una cofradía de clanes narcos de la zona sur y occidente de Santiago estaba planificando la internación de un cargamento importante de droga para su venta en Fiestas Patrias en Puente Alto.
Así, uno de los traficantes, sostuvo que “había que hacerlo antes del 17 de septiembre”.
Pero había un problema. Esta cofradía de narcos tenía dificultades con la logística, pues algunas casas de seguridad–instaladas en San Bernardo–estaban bajo la mira de la autoridad comunal.
Así lo reveló una querella del edil Christopher White, a la que tuvo acceso Reportajes Teletrece, en que dio cuenta que los sectores San Esteban y Santa Rosa de Lima eran las zonas “rojas” controladas por el “Clan de Los Macaya”.
“Da cuenta del verdadero submundo criminal gobernado bajo sus propias reglas por personas que no reconocen la autoridad ni la ley”, se lee en la acción judicial.
Bajo ese contexto, los narcos de la zona sur sentían en el alcalde White un estorbo relevante para sus acciones comerciales.
Por ello, el diálogo, de acuerdo a la interceptación telefónica corroborada por Reportajes Teletrece, fue el siguiente:
–”Ese alcalde es sapo”, sostuvo uno de los narcos.
–”Si es sapo, lo piteamos”, habría dicho otro integrante, que según fuentes que han tenido acceso a la investigación, fue pronunciada por el “Indio Juan”.
Ante ese escenario se aceleró su búsqueda. “Neutralizar el posible ataque”, fue la instrucción que llegó a la BIPE de la PDI.
La casa de seguridad en La Bandera
Juan Flores es un especialista en evasión. Lo demostró en la preparación que articuló para ejecutar el homicidio contra su expareja en Puente Alto y en la fuga de la cárcel. El disfraz y movimientos fantasmales han marcado su sello que cultivó en su paso por Europa, donde forjó sus cualidades como lanza internacional.
Así, mediante gorros y polerones con capucha, comenzó a moverse en las comunas de la zona sur para despistar a la policía. Su base era la población La Bandera–en calle Luis Durand–en San Ramón. Ese era el espacio que más usaba para refugiarse. Y no era cualquier lugar, pues está inmerso a un costado de la Villa La Cultura, reconocido búnker del clan de “Los Risas”, la banda de tres hermanos narcotraficantes que sembraron respeto por su alto flujo económico y las muertes por el control territorial. Claramente, "una zona que le daba resguardo", según puntualizó un detective que participó en su búsqueda.
En ese contexto, el “Indio Juan” se fue acercando a bandas de traficantes. Si bien nunca participó en ellas a lo largo de su carrera criminal, el estar clandestino inclinó la balanza para ingresar a ese mundo como moneda de cambio por la cobertura que estaba recibiendo. Además, en su paso por la cárcel hizo amistades con ese tipo de reclusos.
De acuerdo a la investigación, Juan Flores fue fichado por una “cofradía” de narcos–libres y presos–para realizar lo que mejor sabe hacer: planificar. Y no cualquier delito, sino que un presunto ataque contra el alcalde de San Bernardo, Christopher White.
Ante esa información, la Fiscalía y la policía tuvieron que actuar rápidamente. Si bien no contaban con muchos antecedentes, había que desarticular esa iniciativa.
Así, a los tres días, la BIPE lo capturó en esa misma zona de confort. Vigilancias secretas lo sorprendieron en las cercanías del metro San Ramón y terminaron con seis meses de clandestinidad.
En el cuartel guardó silencio sobre el presunto plan homicida. “No cooperó”, comentó un interviniente del caso.
Pero por la fuga entregó un par de detalles: a la PDI indicó que al ser un paciente insulino dependiente tenía que salir constantemente del penal. Por tanto, manejaba muy bien los movimientos, zonas y horarios de Santiago Sur.
De todas formas, sostuvo que no hubo ningún gendarme involucrado. Sin embargo, esa versión no fue muy creíble dado la espectacularidad del escape.
“Es una persona de 59 años. Entonces su aspecto sería de un suboficial mayor, característica que no pasa desapercibida en la cárcel. No puede haber pasado las barreras sin ser reconocido”, aseguró una fuente del caso.
Informe sostiene que al menos cuatro gendarmes visaron su paso por tres controles
Reportajes Teletrece tuvo acceso a la bitácora del escape que informó Gendarmería a la Justicia.
Todo comenzó a las 8.54 horas cuando el “Indio Juan” concurrió al sector de enfermería. En ese lugar, y por razones que aún se investigan, se reunió con Tomás González Quezada, alías “Pelao”, con quien comenzó un diálogo.
Estos movimientos y conversación quedaron registrados en las cámaras de seguridad.
“Siendo las 11.59 horas, vestidos aparentemente con ropa de Gendarmería comienzan a transitar juntos hacia el acceso denominado como tercera reja, donde se encontraba el gendarme primero F.V.P, logrando acceder hacia el sector Segunda Reja”, se lee en el reporte reservado de la institución.
El escape lo concretaron en tres minutos. Los videos advirtieron que ambos reos pasaron por dos zonas más de vigilancia, las cuales estaban a cargo de tres gendarmes más: N.G.C, en la guardia armada, y J.M.LL y S.G.G, quienes les habilitaron la puerta principal.
Al detectar que ambos condenados ya no estaban en Santiago Sur, la jefatura instruyó un censo general de los internos. Eso demoró varias horas. Así, cerca de las 20 horas de ese 25 de febrero, apareció el director nacional Rubén Pérez con las jefaturas operativas: Investigación Criminal, Seguridad, Inteligencia Penitenciaria.
Una hora después, llegó el subsecretario de Justicia, Ernesto Muñoz, a quien se le dio el mismo reporte: dos peligros internos habían concretado una fuga tras pasar por tres controles altamente custodiados caracterizados como gendarmes.
De acuerdo, al documento interno, sólo a la media noche se alertó al Ministerio Público para iniciar formalmente la búsqueda del “Indio Juan”, cuyas pesquisas tuvieron una duración de seis meses hasta que el delincuente fue capturado en la población La Bandera, a fines de agosto.
“La particular gravedad que esto tiene podría revestir características que también podrían traslucir corrupción carcelaria, más allá de la negligencia inexcusable de parte quienes debieron haber puesto más atención a sus deberes funcionarios”, reconoció el director Rubén Pérez, en medio de una entrevista radial, los primeros días de septiembre.
Juan Valenzuela, no quiso entregar ningún nombre. Sólo indicó a la policía que logró evadir los controles por sus cualidades. Versión que–por ahora–no tiene credibilidad en la PDI y el Ministerio Público.
Por lo mismo, en la audiencia que controló su detención, la Fiscalía solicitó autorización judicial para “vaciar” el teléfono que le fue incautado al “Indio Juan”. Diligencia que fue validada tras aprobación del mismo imputado.
Con ello, los investigadores de la PDI esperan obtener nuevos secretos del plan de fuga: registros que podrían aclarar la ayuda interna que habría recibido de su cinematográfico escape y el supuesto plan narco para dar muerte a un alcalde en ejercicio.