Con el inicio de las vacaciones de invierno, muchas familias enfrentan el desafío de reorganizar la rutina de niños y niñas sin que eso termine afectando su salud. La suspensión de las clases suele traducirse en menos movimiento, más tiempo frente a pantallas y horarios más desordenados para dormir y comer, factores que pueden incidir en el aumento de peso y en el bienestar general de los menores.

El tema no es menor. En Chile, más de la mitad de los escolares presenta sobrepeso u obesidad, mientras que más del 80% no cumple con los niveles mínimos de actividad física recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En ese contexto, el receso escolar puede transformarse en un período especialmente sensible si no se mantienen ciertos hábitos básicos.

Menos movimiento y más sedentarismo

De acuerdo con especialistas, durante las vacaciones los niños suelen reducir su actividad física diaria y aumentar el tiempo sedentario. A eso se suma un mayor uso de pantallas y, en muchos casos, una alimentación menos equilibrada.

El cardiólogo pediatra Paulo Valderrama del Centro Médico Nueva Estoril explica que la pérdida de rutina es uno de los principales factores detrás de este fenómeno. “La ganancia de peso se debe principalmente a la pérdida de horarios y rutinas, junto con una combinación de consumo de alimentos no saludables frente a las pantallas, comiendo de forma inconsciente y en horarios en los que antes no se comía”, advierte.

Según el especialista, hábitos como juntar el desayuno con el almuerzo, comer justo antes de dormir o acostarse tarde también pueden alterar el reloj biológico, lo que repercute en el apetito y la sensación de saciedad al día siguiente.

Qué recomiendan los expertos durante el receso

Los especialistas coinciden en que las vacaciones no deben convertirse en una extensión del horario escolar, pero sí es importante mantener una estructura mínima que ayude a resguardar la salud de niños y niñas.

Entre las principales recomendaciones están:

  • Mantener al menos 60 minutos de actividad física al día, idealmente con juegos o actividades al aire libre que impliquen correr, saltar o moverse de forma intensa.
  • Limitar el tiempo frente a pantallas, especialmente fuera de horarios definidos y evitando su uso dentro del dormitorio.
  • Respetar horarios de comida y sueño, para prevenir el picoteo por aburrimiento y el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados.
  • Dar el ejemplo en casa, ya que los hábitos familiares también influyen en la conducta de los menores.

Un descanso que no signifique un retroceso

El receso de invierno puede ser una oportunidad para descansar, compartir en familia y cambiar el ritmo habitual, pero sin perder de vista ciertos cuidados básicos. Mantener rutinas simples, fomentar el movimiento y ordenar los horarios puede marcar una diferencia importante en la salud de niños y niñas, especialmente en un contexto donde el sedentarismo y el exceso de peso infantil siguen siendo un problema creciente en el país.

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