¿De qué hablaron los jueces reunidos en Estocolmo? ¿A quién quería impresionar el comité de los Nobel? Decidieron concederle el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, uno de los compositores de música más famosos de nuestro tiempo. Se rinde homenaje a un poeta y cantante, en vez de a un escritor. La sorpresa fue calculada con grandilocuencia. Ha sido una forma de congraciarse con los seguidores de Dylan. Muchos celebran: ¡Por fin se lo dan a Bob Dylan! Pero lo que han pasado por alto es que el jueves fue un mal día para la literatura.

Y eso que hace años que Dylan figuraba entre los candidatos al Nobel. Pero su condición de candidato eterno era suficiente para él y hacía honor a su obra musical. Dylan es un compositor brillante. Ha escrito un libro en prosa y una autobiografía. Y, ciertamente, su lírica tiene poder poético. Pero, ¿quién puede discutir que las letras de Dylan no funcionan sin su música? Bob Dylan es y será siempre un gran e importante músico. Pero ahora es un músico, en lugar de un escritor, quien recibe el premio literario más importante que existe. La literatura misma se ha quedado sin premio. Estocolmo ha desperdiciado una oportunidad.

El mundo literario está de luto

Aunque algunos no lo quieran admitir, el mundo literario está de luto. Editoriales, escritores y lectores. Todos deseaban ese Premio Nobel. Y es que un Premio Nobel de Literatura puede ser muchas cosas: el reconocimiento a una obra literaria, como en el caso de Günter Grass; un estímulo para autores audaces, como en el de la bielorrusa Svetlana Alexievich el año pasado; una señal política, como ocurrió en el caso del chileno Pablo Neruda; o simplemente un faro para la inagotable producción literaria. El premio que recibió Bob Dylan actúa como un mal y premeditado reconocimiento a la nostalgia.

El comité, desde luego, no se ha cubierto de gloria. La elección de Dylan significa que no han podido encontrar a ningún escritor mejor que él. ¡La literatura no se merecía esta muestra de incapacidad! Impotentes se han quedado también las referencias a los antiguos griegos, que cantaban sus letras en vez de recitarlas.

Especialmente dudoso resulta ahora el amplio concepto de la literatura supuestamente moderna que promueven los jueces. Las canciones, sin embargo, no son poemas. Son canciones.

Había numerosas alternativas

Si lo que estaba pensando Estocolmo es cómo renovar la literatura, ¿por qué no le concedieron el premio a la joven escritora estadounidense ganadora del Premio Pulitzer Jennifer Egan? ¿Y qué hay del nigeriano Teju Cole, o la poeta canadiense Anne Carson? Las tres son grandes voces literarias. ¿Por qué el comité no eligió a un escritor procedente de un país en desarrollo? De esa parte del mundo han salido pocos Premios Nobel. El jurado podría haber elegido, incluso, a un escritor que publique sobre todo en internet.

Pero nada de esto sucedió. En cambio, decidieron darle el Premio Nobel de Literatura a un hombre que ya no sabe qué hacer con tantos premios y honores. Hay una cosa cierta: Bob Dylan no necesita un Premio Nobel de Literatura, pero la literatura sí necesita un Premio Nobel. La autora alemana Sybille Berg tuiteó haciendo un guiño a la arbitrariedad de la decisión del jurado de los Nobel: "Mis oportunidades de conseguir el Premio Nobel de Física han aumentado de forma dramática”. Por desgracia, tiene razón.

Stefan Dege, redactor de Cultura de DW.

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