"Bonsoir, mesdames et messieurs", saluda una voz cálida. Apagan las luces y de a poco empieza a sonar una guitarra distorsionada.

Del techo bajan unos audífonos que un joven, metido en una jaula, se pone para empezar un exuberante viaje por la música de Soda Stereo.

La guitarra que suena es el arranque de "En el séptimo día", una de las canciones insigne de la banda argentina, cuya letra se declara en contra del día que Dios destinó al reposo.

Pero Gustavo Cerati, el cantante y autor de la canción que falleció en 2014, nunca fue muy creyente: "No descansaré", insiste.

Y en efecto: sin él, pero con su voz y guitarra pilotando la noche, Soda Stereo está de vuelta de la mano del Cirque de Soleil, la compañía canadiense que se hizo famosa por sus representaciones circenses de The Beatles y Michael Jackson, entre otros.

En su camino por la carrera de Soda, la primera banda que popularizó el rock argentino en el mundo hispano, el joven de camisa azul y pantalón negro se encuentra con payasos, malabaristas y trapecistas que saltan y juegan e ilustran un mundo surreal.

"Eres parte del show, un astronauta", continúa la voz que da la bienvenida. "En el piso verás los ángeles eléctricos que te acompañarán".

"A veces en la vida se producen encuentros mágicos (…) eso pasa entre una banda y su público", termina para dar inicio al espectáculo.

20 conteiners

"Sép7timo día (no descansaré)" se estrenó este jueves en el icónico Luna Park del centro de Buenos Aires con la asistencia de la vicepresidenta, varios ministros, celebridades, periodistas y unas 9.000 personas.

Se presentará 73 veces más en la capital argentina, para después dirigirse a Perú, Chile, Colombia, México y Estados Unidos, ya en 2018.

Se han vendido 500.000 entradas para un show de 35 acróbatas, 43 artistas y 13 creativos. Necesitarán 20 conteiners para trasladar por toda la región la pecera, la flor gigante y los otros artefactos que usan en el show.

Esta es la primera vez que el Circo del Sol adapta una obra hispana. Pero entre los observadores ha sido incluso más llamativo que nunca antes la compañía haya desarrollado un espectáculo en el que el público -esta vez de pie, a manera de concierto- juegue un rol y un tercio de la presentación se realice por fuera del escenario principal.

El viaje del muchacho es, de cierta manera, la juventud que millones de latinoamericanos tuvieron creciendo son Soda: ¿quién no cantó "Te para tres", un clásico con guitarra acústica, alrededor de una fogata alguna vez en su adolescencia?

Esa escena, por ejemplo, está en al show, que además usa tecnología de luces, cámaras, video, acetatos, escultura, performance y hologramas.

 

"Lo soñamos siempre"

"Delirios". Esto es lo que decían los integrantes de Soda Stereo cuando pensaban en hacer un experimento como éste con su música.

"Lo soñamos siempre, pero nunca estuvimos capacitados para hacer un show así en nuestros escenarios", le dice Zeta Bosio, el bajista de Soda, a BBC Mundo.

Vestido todo de negro y acompañado de su familia, Bosio asegura que "el Rock & Roll siempre fue circo, juegos para mejorar nuestra realidad".

"Siempre buscamos que nuestros shows fueran eso, momentos de desconexión, que la gente no se diera cuenta del tiempo. Como si fuera un sueño donde la música es todo lo que conocemos y nos une".

Los conciertos de Soda Stereo siempre tuvieron algún grado de arte, pero no era lo principal. Su música, sin embargo, llena de sicodelia, sonidos electrónicos e influencia anglosajona, hizo historia.

"Soda tiene una antena con otro planeta que hace que su música de hace 20 o 30 años suene contemporánea, que rompe moldes", añade Benito Cerati, el hijo del cantante y partícipe del proyecto.

"Más que un homenaje, esto una celebración de una banda que es atemporal", le dice a BBC Mundo, mientras se acomoda el guante de seda que cubre su mano de uñas pintadas.

Soda es circo

Hace tres años, saliendo del show de Love de The Beatles en Las Vegas, a dos de los exproductores de Soda se les ocurrió acudir a los directivos de la compañía quebequés. Se lo propusieron a Zeta y Charly Alberti, y viajaron a Montreal.

Los canadienses han dicho que solo entendieron la riqueza de la obra de Soda cuando vieron la reacción de sus acróbatas y artistas latinoamericanos, quienes quisieron adaptarla de inmediato.

Pocas bandas de rock en español han sido tan influyentes como Soda por fuera de su país. En el show hay un homenaje a las ciudades latinoamericanas que con el tiempo pasaron a ser casa de la banda: Santiago, Caracas, Medellín, etcétera.

Ese carácter urbano -de pelucas de colores, de licras brillantes, de chaquetas de lentejuelas- es lo que el Circo del Sol quiso ilustrar.

Algunos detractores de Soda Stereo suelen criticarlos por abstractos: las letras, aseguran, son tan crípticas que rozan lo absurdo.

La canción "Planta", por ejemplo, que está en el show, dice: "En el aire sé que soy nada más que menos de lo que podría ser".

"Pero Soda es Soda", dice Romina Carraro, una porteña de 29 años que salió feliz del espectáculo y dice nunca haber esperado que las letras de Cerati se explicaran por sí solas.

"Este es un show de luces y sonidos y experiencias en el que tú interpretas lo que quieres. Así fue siempre Soda", añade.

Es como si Soda, con "Sep7imo día", quisiera dejar claro que lo de ellos nunca fue lógico. Siempre fue circo.

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