Perder peso, comer sano, hacer ejercicio, ahorrar dinero... esos son algunos de los propósitos más comunes que hacen las personas a principio de año. Cuando se acerca febrero, sin embargo, muchas de esas promesas quedan en el olvido.

Una investigación de la Asociación Estadounidense de Psicología afirma que el 93% de las personas hacen propósitos con la llegada de un nuevo año, pero el 45% de ellas no las cumple ni siquiera durante el primer mes. Solo el 19% las mantiene durante dos años.

La falta de fuerza de voluntad o de autocontrol es la razón más común para no cumplir estas metas.

¿Cómo se puede aumentar la fuerza de voluntad y cumplir los propósitos?

Estas siete estrategias se basan en la ciencia del comportamiento y en mi trabajo clínico con cientos de personas que intentan alcanzar sus objetivos a largo plazo.

1. Aclara y honra tus valores

Pregúntate por qué este objetivo es importante para ti. ¿Quieres perder peso porque valoras ponerte en forma para practicar tu deporte favorito o es por las expectativas y presiones de la sociedad?

A las personas que se guían por sus valores auténticos les va mejor a la hora de lograr sus objetivos. Tampoco se quedan sin fuerza de voluntad porque la perciben como un recurso ilimitado.

Averigua qué es lo que te motiva y elige objetivos consistentes con esos valores.

2. Define tu vida y tus objetivos en términos positivos

Enfócate en lo que quieres lograr, no en lo que no quieres. En lugar de planearte no beber alcohol en días laborables, comprométete a beber tu agua con gas favorita en las cenas de domingo a jueves.

Tratar de eliminar pensamientos requiere mucha energía y además siempre encuentran la manera de volver a tu mente.

También ayuda reflexionar sobre los aspectos de ti y de tu vida con los que ya estás contento.

Quizás temas que esto te genere autocomplacencia e inacción, pero los estudios muestran que la gratitud y otras emociones positivas conducen a un mejor autocontrol a largo plazo.

3. Cambia tu entorno para hacerlo más fácil

Las investigaciones sugieren que las personas con gran fuerza de voluntad son excepcionalmente buenas para organizar su entorno con el fin de evitar tentaciones. Por lo tanto, cancela todas las tarjetas de crédito si tu objetivo es ahorrar dinero. Y no mantengas un tazón de chocolates en tu escritorio de trabajo si tienes la intención de comer sano.

Si tus compañeros de trabajo regularmente traen dulces, pídeles que te ayuden con tu propósito (¡podrían inspirarse para unirse!) y trae galletas solo para ocasiones especiales.

Los amigos y familiares pueden aumentar dramáticamente tus posibilidades de lograr tus metas.

Unirse a un grupo cuyos miembros practican comportamientos que te gustaría adoptar es otra gran manera de reforzar tu fuerza de voluntad, porque tener modelos a seguir mejora el autocontrol.

4. Prepara planes B

Incluso el mejor propósito se desmorona ante una agenda apretada y el cansancio.

Formula una serie de planes sobre qué hacer cuando se presenten obstáculos. Se ha demostrado que estos planes alternativos mejoran el autocontrol y el logro de objetivos.

Cada vez que despiertes en medio de la noche con ganas de comer dulces o papas fritas, puedes planear leer algo que te produzca placer o navegar en una comunidad en línea de comedores saludables para inspirarte, o comer una manzana lenta y atentamente, saboreando cada bocado.

Cuando estés cansado y estés a punto de saltarte la clase del gimnasio a la que te inscribiste, llama a alguien que te sirva de apoyo. Anticipa tantas situaciones como sea posible y haz planes específicos, imaginándote vívidamente las situaciones y lo que harás en el momento.

5. Usa un enfoque gradual

Cuando te embarques en un nuevo objetivo, comienza con metas pequeñas y crece a partir de ahí.

Usa una cucharada menos de azúcar en el café. Más adelante, es posible que puedas renunciar a cualquier tipo de endulzante. Si resistirse a ese panecillo inicialmente resulta ser demasiado difícil, intenta esperar 10 minutos, es posible que después de ese tiempo el antojo desaparezca.

Es posible que te sorprendas al darte cuenta de que cuando logras un cambio en algún aspecto de tu vida, como abstenerte de comer dulces, ese cambio tiende a reflejarse también en otros aspectos.

Por ejemplo, puedes descubrir que logras andar en bicicleta distancias más largas o moderar tu consumo de cafeína más fácilmente.

6. Imagina recompensas y luego disfrútalas

Imagina la sensación de las endorfinas que circulan por tu cuerpo después de una carrera o el sol en tu piel al acercarte a la cima de una montaña.

Presta atención a todos tus sentidos: olfato, vista, oído, tacto y gusto. Visualizar las recompensas mejora tus posibilidades de participar en la actividad que te llevarán a obtenerlas.

Si al principio es difícil imaginar o experimentar estas recompensas, elige pequeños obsequios que puedas darte mientras los efectos positivos de los nuevos comportamientos comienzan a notarse.

Por ejemplo, imagina tomarte medio día libre cada mes después de pagar la deuda de tu tarjeta de crédito: visualiza exactamente lo que harías y cómo se sentiría. Y luego hazlo.

7. Sé amable contigo mismo, incluso durante los reveses

La mayoría de la gente cree que la forma de aumentar la fuerza de voluntad es tratarse duro porque ser amable con uno mismo es indulgente y denota falta de autodisciplina.

Pero la realidad es que ocurre todo lo contrario: las personas que se culpan severamente incluso por pequeñas fallas de fuerza de voluntad tienden a empeorar en el logro de sus objetivos a largo plazo.

Mejor intenta la autocompasión. Déjate llevar y recuerda que ser humano significa ser imperfecto. Cuando caigas ante la tentación de un pastelillo, no te desesperes y no tires la toalla. Trátate con cuidado y comprensión y luego vuelve a comprometerte con tu objetivo al día siguiente.

Recuerda, no es probable que logres tus propósitos siendo autocrítico y duro contigo mismo. En cambio, aumenta tu fuerza de voluntad a través de una serie de pequeños pasos estratégicos que te ayudarán a tener éxito.


*Jelena Kecmanovic es profesora de psicología en la Universidad de Georgetown.

Puedes leer el artículo original en inglés en The Conversation aquí.


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