La investigación, aseguran los expertos, es un avance que podría cambiar la definición de lo que es la muerte. Pero con ésta han surgido varias cuestiones éticas.

La primera de ellas es: ¿estaban los animales conscientes cuando su cerebro se mantuvo vivo después de haber sido decapitados?

Los investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, dicen que después de haber decapitado a los cerdos lograron restaurar la circulación hacia su cerebro y mantener los órganos vivos durante 36 horas.

El objetivo del estudio, afirman, es encontrar una forma de estudiar el cerebro vivo en el laboratorio, algo que hasta ahora es imposible, para entender cómo funciona y poder desarrollar tratamientos para una serie de enfermedades.

Pero también plantea una posibilidad de poder extender la vida, si algún día lograra mantenerse vivo un cerebro humano fuera del cuerpo.

Aunque los investigadores dicen que no hay evidencia de que los animales estaban conscientes cuando se les separó la cabeza del resto del cuerpo, algunos han expresado temores de que de sí pudo haber quedado cierto grado de consciencia.

Los detalles del estudio fueron presentados en una conferencia de ética científica en los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos en Bethesda, Maryland.

El jefe de la investigación, el profesor de neurociencias Nenad Sestan, explicó que su equipo había experimentado con entre 100 y 200 cerberos de cerdos obtenidos en un matadero.

Lograron restaurar la circulación de oxígeno a los órganos utilizando un sistema de bombas, calefactores y bolsas de sangre artificial calentada a la temperatura corporal.

"Asombroso"

Como resultado, indicó el científico, fueron capaces de mantener vivas las células cerebrales de los animales y con la capacidad de llevar a cabo sus actividades normales durante 36 horas.

El profesor Sestan describió el resultado como "asombroso". Y si esto pudiera repetirse con cerebros humanos, dijo, podría ser posible utilizarlos para probar nuevos tratamientos para enfermedades neurológicas.

Los investigadores, sin embargo, fueron los primeros que plantearon los serios dilemas éticos que plantea la investigación.

Entre éstos está la pregunta si los cerebros que han sido separados del cuerpo tienen algún grado de consciencia y si es así, cómo se les puede ofrecer alguna protección.

También está la cuestión de si esta técnica puede o debe utilizarse en individuos para extender su vida, trasplantando sus cerebros cuando sus cuerpos dejan de funcionar.

Regulaciones éticas

En un comentario publicado en la revista Nature, el profesor Sestan y otros 15 importantes neurocientíficos estadounidenses están pidiendo que se establezca una clara regulación que los guíe en su trabajo.

"Si los investigadores pueden crear en el laboratorio tejido cerebral que al parecer puede tener experiencias conscientes o estados fenomenológicos subjetivos, ¿merece ese tejido alguna de las protecciones que de forma rutinaria se dan a los sujetos de investigación ya sean humanos o animales?", preguntan los científicos.

"La cuestión podría parecer extravagante. Ciertamente, los modelos experimentales de hoy están muy lejos de tener esas capacidades", agregan.

"Pero actualmente se están desarrollando varios modelos para entender mejor el cerebro humano, incluidos las versiones miniaturizadas o simplificadas de tejido cerebral cultivado en una placa a partir de células madre. Y continúan realizándose avances".

Los científicos afirman que necesitan desarrollarse nuevas formas de medir la conciencia y establecerse límites estrictos para que ellos puedan continuar con su trabajo con el apoyo del público.

El profesor Colin Blakemore, de la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad de Londres, apoya el llamado de los investigadores para que haya un debate público sobre el asunto.

"Las técnicas, incluso para un investigador, suenan bastante macabras. Así que es sumamente importante que haya una discusión pública sobre esto, y sobre todo porque los investigadores pueden informarle al público por qué podría ser tan importante desarrollar estas técnicas", le dijo el experto a la BBC.

"Aquí hay una paradoja, y es que a medida que mejoren estos métodos para mantener un cerebro completo totalmente funcional sin estar conectado a un cuerpo, más útiles serán para propósitos de investigación".

"Pero también se incrementarán las probabilidades de que esos cerebro tengan cierto grado de sensibilidad y consciencia, lo cual es profundamente preocupante", señala.

El profesor Blakemore afirma que él se siente "muy incómodo con la búsqueda de la inmortalidad" que persiguen quienes consideran la preservación de sus cerebros hasta que los avances de la cirugía les permitan colocarlos en un nuevo cuerpo.

"Nuestro planeta ya está sobrepoblado. Necesitamos hacer espacio para los jóvenes y las nuevas ideas, y yo pienso que la noción de aferrarse desesperadamente a cualquier mecanismo posible para que el ser humano viva para siempre, es bastante repugnante".

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