El 28 de junio de 1914 es un día trascendental en la historia mundial y no solo porque fue cuando el archiduque de Austria, Francisco Fernando, fue asesinado en Sarajevo, un atentado que condujo a la Primera Guerra Mundial.

Ese mismo día se concedió en Estambul el permiso para que un cartel internacional incipiente buscara petróleo en muchos de los territorios de Medio Oriente que el imperio otomano controlaba.

Los dos eventos se terminarían conectando porque el estallido de la guerra hizo que el petróleo pasara de un combustible marginal utilizado principalmente en lámparas y estufas de queroseno a una prioridad militar estratégica esencial.

La carta emitida por las autoridades otomanas ese junio de 1914 le otorgaba derechos de exploración a un grupo de potenciales productores de petróleo compuesto por una compañía británica, una alemana y otra holandesa, cada una respaldada por sus respectivos gobiernos nacionales.

Pero también había una persona:Calouste Gulbenkian.

¿Quién era ese hombre y cómo logró insertarse en ese acuerdo multinacional con esos superpoderes de la época?

En el imperio

Calouste Gulbenkian había nacido en 1869 el seno de una de las principales familias de comerciantes armenios del Imperio otomano, en Constantinopla, hoy Estambul.

"La familia pertenecía a la clase mercantil llamada 'amira', vinculada no solo por intereses comerciales y etnicidad sino también a menudo por lazos familiares", le explicó Juoost Jonker, profesor de historia del comercio de la Universidad de Ámsterdam, al programa BBC Focus.

"Hacían transacciones entre Estambul y el resto del mundo, particularmente Francia y Reino Unido, pero también Rusia y más allá. Importaban textiles y exportaban productos como la lana mohair. Y un producto que también importaban era queroseno, para lámparas y estufas, desde Bakú, en Rusia, a Turquía".

La comunidad armenia durante siglos había formado parte integral del comercio del imperio.

Sin embargo, bajo el régimen del sultán otomano los armenios vivían con restricciones cívicas y sufrían pogromos periódicos, de manera que sobrevivieron y florecieron manteniendo un bajo perfil.

Los ricos trataban de asegurarse la nacionalidad extranjera, no solo para beneficiarse de las "capitulaciones" legales que protegían a los ciudadanos de las potencias occidentales de los tribunales e impuestos, sino para tener una salida en caso de necesitarla.

"La comunidad mercantil armenia era muy internacional: enviaban a sus hijos a colegios en el extranjero para que aprendieran otros idiomas, tenían familiares en Europa para ocuparse de los negocios en esos lugares y gozaban de una confianza implícita entre los miembros de la comunidad", señaló Joost.

En esas circunstancias, no sorprende que el joven Calouste fuera enviado a Marsella y Londres para su educación.

Una vez nada más

Tras graduarse en ciencias aplicadas en el King's College de Londres, Gulbenkian visitó un campo petrolero en Bakú, en ese entonces una ciudad en auge del Imperio ruso, ahora la capital de Azerbaiyán.

Esa fue la única vez en toda su vida que el futuro magnate del petróleo estuvo cerca de la fuente de su fabulosa fortuna.

No necesitaba ver el oro negro brotando del suelo para apreciar su importancia como producto básico y la oportunidad inherente en la competencia internacional por él, a pesar de que faltaban años para que todo eso fuera obvio.

De hecho, el valor del petróleo no fue evidente hasta la década de 1920.

Poco después de esa visita, en la década de 1890, Gulbenkian se casó con Nevarte Essayan, quien provenía de otra distinguida familia otomana armenia.

Nevarte había nacido en Londres y su familia había llevaba más generaciones que la de Calouste en Estambul, así que tenía contactos con influyentes personalidades de la época.

La unión le abrió a Gulbenkian las puertas del núcleo de la élite de mercaderes nacionales e internacionales.

A pesar de que fue muy conveniente, no fue una boda concertada, asegura su bisnieto Martin Essayan.

"Fue por amor y pasión, algo sorprendente dado que pasaron los últimos años de sus vidas separados. Pero ambos guardaron las cartas que intercambiaron durante el cortejo y estas claramente muestran que estaban muy enamorados".

El potencial de la cuna de la civilización

Las décadas de 1890 y 1900 estuvieron marcadas por una globalización sin igual. En ese entonces, si tenías dinero, había pocas restricciones al movimiento de personas y capitales.

Cuando su padre murió, Calouste Gulbekian, aún en su veintena, asumió el puesto a la cabeza del negocio de la familia.

Tras las masacres armenias de 1894-1896, también llamadas masacres hamidianas en nombre del sultán Abdul Hamid II, la familia se mudó temporalmente a Egipto.

Las condiciones para el negocio familiar se deterioraron y el financiero comprendió que los tiempos habían cambiado, señaló el historiador Jonathan Colin, autor de una nueva biografía sobre Gulbenkian llamada "Mr Five Per Cent".

"Gulbenkian se dio cuenta de que con las mejoras en comunicaciones, el negocio tradicional de la importación y exportación ya no era tan atractivo", dijo.

"Intuyó que las fortunas se harían a través de negocios más ambiciosos en los que participaran varias compañías juntas en emprendimientos de minería".

Y también supo en qué dirección apuntar sus esfuerzos: sus estudios le habían revelado el gran potencial para la exploración de petróleo en Mesopotamia, entonces parte del Imperio otomano, ahora Irak.

Gulbenkian utilizó sus habilidades de negociación y tenacidad para lograr una alianza de intereses británicos, holandeses, alemanes y otomanos para explotar el petróleo en el Imperio otomano.

¿No vale la pena?

No todos estaban convencidos de que la producción de petróleo en las tierras otomanas era una empresa rentable, como demuestra este extracto de una carta de uno de los mentores de Gulbenkian, un experimentado petrolero llamado Frederick Lane:

"Acepto que el derecho exclusivo de buscar petróleo en Turquía es muy amplio y puede ser muy valioso, pero cuando uno considera las diversas experiencias en el desarrollo de cualquiera de los territorios petroleros, a excepción de uno o dos casos, se ha puesto más dinero en el suelo que de lo que ha brotado de él".

Pero Lane subestimó el potencial estratégico del petróleo como combustible para los ejércitos y marinas del mundo.

El almirante británico John Fisher había estado argumentando durante años que, para lograr mayores velocidades, los barcos británicos necesitaban abandonar el carbón a favor de la gasolina.

Eventualmente, encontró quien lo escuchara: Winston Churchill, quien en 1911 dio una orden para comenzar el cambio.

Más tarde, Lord Curzon, secretario de Relaciones Exteriores de Reino Unido, afirmó que los aliados "flotaron hacia la victoria en una ola de petróleo".

Señor Cinco por Ciento

Gulbenkian logró mantener esa alianza unida a lo largo de dos guerras mundiales, la desintegración del Imperio otomano y el surgimiento del petróleo como un recurso natural crítico.

Cuando hubo que expulsar a los alemanes, trajo a los franceses para que los reemplazaran y luego a los estadounidenses, pero todo el tiempo mantuvo su participación del 5% de los ingresos, de ahí su apodo de "Señor Cinco por Ciento".

El accionista minoritario fue siempre la fuerza impulsora del cartel.

A Joost Jonker lo que más lo impresiona es "su tenacidad a la hora de llevar a cabo complejas negociaciones con algunas de las más poderosas corporaciones del mundo en esa época".

"Lo lograba gracias a su perseverancia al darle seguimiento a detalles de los contratos que los otros participantes rara vez dominaban tan bien como él", dijo Jonker.

"Que hubiera podido hacerlo por sí sólo, es absolutamente asombroso".

Unos 40 años más tarde, Calouste Gulbenkian sería el hombre más rico del planeta.

Además, habiendo creado las estructuras que permitieron su desarrollo, fue en gran parte responsable de la forma en que la industria petrolera de Medio Oriente operó durante décadas.

Ganar y gastar

Además de amasar una fortuna en uno de los primeros ejemplos de grandes empresas globalizadas, Gulbenkian adquirió una estupenda colección de arte, en ocasiones en circunstancias únicas.

Cuando los soviéticos expropiaron a la industria petrolera rusa después de la Revolución, Gulbekian se ofreció a crear un mayor petrolero no alineado más allá del alcance de las potencias occidentales.

Pero aunque Iósif Stalin no quiso negociar con él su petróleo, sí estuvo dispuesto a venderle algunos de los tesoros del museo Hermitage.

Entre 1928 y 1930 Gulbekian compró una serie de obras maestras, incluyendo la estatua de mármol de Diana en tamaño real del artista francés del siglo XVIII Jean-Antoine Houdon y Pallas Athena de Rembrandt.

Famosamente, Gulbenkian alojaba sus obras de arte en lujosas mansiones en las que no dormía, pues prefería pasar sus noches en hoteles.

Un oligarca muy moderno

Además de ser un férreo negociante, otro rasgo quizás menos visible pero igual de importante fue su habilidad para mover su riqueza alrededor del mundo, utilizando una red de compañías holding y minimizando su factura de impuestos en el proceso.

En 1931, por ejemplo, una cartera de acciones y bonos de Gulbenkian valorada en US$6 millones (unos US$375 millones de hoy) fue establecida en una entidad de Liechtenstein llamada Anstalt Vega, que garantizaba que pagaba tan solo 100 francos suizos por año en impuestos.

"Desprovisto de anacronismos, Gulbenkian se parece mucho a un oligarca moderno, con sus conexiones de alto rango en todos los países, sus ambiciones sin fronteras y sus intereses comerciales en la esfera liminal que ahora llamamos offshore", dijo Oliver Bullough, autor de "Moneyland: ¿por qué los ladrones y los bandidos ahora gobiernan el mundo y cómo recuperarlo?", en su columna en el diario The Guardian.

"Es por eso que su vida tiene tanta relevancia hoy en día: es una reliquia de una era anterior a la globalización, los días libres antes de 1939, cuando el dinero fluía por el mundo sin restricciones -como ahora-, y los poderosos podían buscar ganancias donde les placiera".

Por su aversión a pagar impuestos, Gulbekian pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial en Portugal, en ese entonces un gobierno militar neutral.

Después de terminado el conflicto, cuando Europa estaba ávida de fondos para reconstruir, se quedó ahí, para no arriesgarse a que le pasaran alguna cuenta.

Tras trasladar su riqueza a Portugal, estableció lo que esperaba que fuera una fundación independiente e internacional bajo el control de su familia y sus aliados.

La fundación que lleva su nombre ahora es una de las mayores fuentes de donaciones caritativas en Europa y una importante galería de arte de Lisboa.


 

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