Hay células que continúan funcionando incluso después de que una persona muere.

A través del análisis de muestras post mortem, un equipo internacional de científicos descubrió que algunos genes se volvieron incluso más activos después de la muerte.

Los detalles del estudio fueron publicados en Nature Communications.

Esperan que sea de utilidad para desarrollar nuevas técnicas forenses.

Bajo la influencia de los genes

Dentro de las células de nuestro cuerpo, la vida se desarrolla bajo la poderosa influencia de nuestros genes, controlados por un amplio rango de disparadores internos y externos.

Entender la actividad genética arroja luz en lo que puede hacer una célula, órgano o tejido, ya sea que esté sano o enfermo.

Los genes están encerrados en el ADN presente en nuestras células que cuando están activas producen una molécula conocida como transcripción de ARN.

Algunos tipos de ARN controlan procesos que se desarrollan en las células y otros se transforman en prototipos para las proteínas.

Es la transcripción del ARN lo que los científicos a menudo miden cuando quieren saber qué sucede en las células y ese análisis se llama transcriptoma.

Dificultades

La obtención de las muestras para este tipo de estudios no siempre es sencilla.

Es relativamente fácil obtener sangre, pero insertar una aguja en el corazón o el hígado de una persona no lo es.

Los científicos entonces tienen que trabajar con órganos y muestras de tejido que son obtenidas post mortem.

Si bien esas muestras pueden aportar valiosos datos de lo que sucede dentro de un cuerpo inerte, no está claro si representan procesos que se desarrollan en vida.

Otro factor adverso para la investigación es que las muestras rara vez son obtenidas inmediatamente después de que una persona muere.

Por lo general, los cuerpos son preservados para posteriores exámenes y ahí es cuando se extraen partes para ser analizadas.

El equipo de investigadores, liderado por el profesor Roredic Guigó, biólogo computacional del Instituto de Ciencia y Tecnología de Barcelona, utilizó ARN colectado dentro de las 24 horas del deceso y algunas muestras de sangre recogidas antes de que el paciente muriera.

Lo que descubrieron fue sorprendente.

"Hay una reacción de las células a la muerte de un individuo. Vimos algunos pasajes, algunos genes, que estaban activos y eso significa que, a veces, después de la muerte todavía hay cierta actividad a nivel de la transcripción", indicó Guigó.

Cambios en el entorno

Aunque se desconoce la razón exacta por la que los genes se mantienen activos, el profesor Guigó tiene una posible explicación.

"Diría que uno de los mayores cambios se debe al cese del flujo sanguíneo. Luego el cambio más significativo probablemente sea la hipoxia, la falta de oxígeno, pero no tengo una prueba de eso".

Lo que el estudio logró fue establecer un conjunto de predicciones de los cambios de los niveles de ARN post mortem y ese entendimiento podría ser crucial para investigaciones criminales.

"Concluimos que hay una firma o una huella digital en el patrón en que se expresan los genes después de la muerte, que puede ser utilizado por la ciencia forense, pero no podemos decir que tengamos ahora un método para ser utilizado en el terreno", aclaró Guigó.

Los datos resultaron coherentes entre diferentes cadáveres y se puede establecer de manera más precisas el tiempo que pasó desde la muerte en base a los niveles de ARN.

El profesor Guigó explicó, sin embargo, que aún queda mucho por hacer.

"Se necesitan mayores investigaciones, intervalos post mortem más largos, no sólo 24 horas, tener en cuenta la edad de la persona y la causa de la muerte. Todo eso debe ser tenido en cuenta si vamos a convertir esto en una herramienta útil", dijo.

 

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