Algunos cadáveres están enterrados a menos de un metro de profundidad, otros penden de un árbol y algunos yacen en un charco de agua.

Son cuerpos donados a la ciencia por sus propietarios -cuando estaban vivos-, desparramados por un terreno de cerca de una hectárea en las proximidades de la ciudad de Knoxville, en Estados Unidos.

Son los habitantes de la "granja de cadáveres" de la Universidad de Tennessee, el primer centro de investigación forense al aire libre (creado en 1981), que ahora Reino Unido está intentando replicar.

El objetivo de estos centros -de los que sólo existen seis en EE.UU., dos en Australia y uno en proyecto en Holanda- es estudiar en detalle cómo el cuerpo humano se descompone después de la muerte, en distintas condiciones ambientales.

Y, según Anna Williams, antropóloga forense de la Universidad de Huddersfield, en Reino Unido, casos policiales de envergadura no resueltos podrían beneficiarse enormemente de la información obtenida en estos centros de estudio.

"Nos habrían permitido desarrollar técnicas de búsqueda y ubicación para encontrar los cuerpos de personas que están desaparecidas desde hace mucho tiempo", le explicó la experta al periódico británico The Guardian.

Mientras que el proceso de descomposición, desde el punto de vista biológico es universal, el ritmo al que se produce se ve afectado significativamente por variables como la temperatura y la humedad y, por supuesto, por el método que emplea el homicida para deshacerse del cuerpo.

Ensayos con cerdos

En los centros de tafonomía (el nombre oficial con el que se designa a las granjas de cuerpos), investigadores analizan el proceso de degradación de nuestro organismo a fin de establecer con precisión, entre otras cosas, el momento de la muerte, o si el trauma que manifiesta el cuerpo es el resultado de algo que ocurrió antes o después de la muerte.

Un paso importante es la identificación de las sustancias químicas que pueden encontrarse en el sitio donde fue enterrado un cuerpo y que pueden permanecer allí durante años.

Hasta el momento, los investigadores británicos han utilizado tejido de cerdos para entender cómo se degrada nuestro cuerpo tras la muerte.

En Gales, la Universidad de Glyndwr cuenta con una granja donde se estudia la descomposición de porcinos enterrados en distintos materiales y a diferentes niveles de profundidad o directamente abandonados sobre la tierra.

Sin embargo, aunque estos animales tienen muchas similitudes fisiológicas con los seres humanos, no es igual a estudiar el proceso de descomposición en el cuerpo humano mismo.

Clima particular

¿Pero qué necesidad tiene Reino Unido de crear un granja de esta índole? ¿Por qué no aprovecha la investigación que ya se está llevando a cabo en EE.UU. y Australia?

La razón, en pocas palabras, es el clima.

En dichos establecimientos se estudia cómo las condiciones locales afectan la descomposición del organismo, y, estas condiciones ambientales, aseguran los expertos, son muy diferentes en la isla.

Aquí, dicen, tanto el clima como el suelo, los insectos y los animales carroñeros son diferentes, y por ende el impacto en el proceso de degradación del cuerpo no es el mismo.

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