Nada mejor para tratar la infertilidad masculina que consumir testículos de cerdo o de ciervo.

Primero hay que dejarlos secar. Luego se los muele hasta que adquieren la textura de un polvo muy fino y se los mezcla con vino para hacer su sabor más agradable.

Ésa y otras pociones elaboradas con hierbas naturales como la menta gatuna, eran algunas de las recetas más comunes recomendadas por los médicos en Europa Occidental durante la Edad Media para solucionar este problema.

Según Catherine Rider, profesora de historia de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, los tratamientos planteados por los antiguos textos médicos indican que al menos los profesionales de la medicina no atribuían automáticamente a la mujer las dificultades para concebir.

Rider, quien publicó su estudio en la revista Social History of Medicine (Historia social de la medicina) -publicada por la Universidad de Oxford-, analizó numerosos textos en inglés y en latín, el lenguaje utilizado por los universitarios o aquellas personas con un elevado nivel de educación.

Para su sorpresa descubrió que las referencias a este tema eran numerosas.

"Cuando ves la forma en que las crónicas hablan de los reyes o reinas, ves que tienden a asumir que el problema lo tienen las mujeres. Pero en los textos médicos es diferente", le dice la experta a BBC Mundo.

"Lo que me sorprendió fue encontrar que había tanta discusión en torno a los hombres que podían mantener relaciones sexuales pero que no podían concebir".

"Pensaba que si una pareja podía tener relaciones sexuales pero no concebían, asumirían que el problema era de la mujer".

La prueba de los gusanos

A fin de identificar qué miembro de la pareja era estéril, los médicos sometían a sus pacientes a una serie de pruebas.

Todas involucraban orina. La más mencionada en los textos de la época estipulaba que el hombre y la mujer debían orinar cada uno en un recipiente.

En cada pote se colocaba salvado de avena y se lo dejaba reposar por unos 10 o 14 días.

El bol en el que aparecían gusanos demostraba cuál de los dos sufría problemas reproductivos.

¿Medicina o magia?

La poción para las mujeres era un espejo de la de los hombres: se preparaba de la misma manera pero, en vez de testículos, los órganos a disecar eran los genitales femeninos de los mismos animales.

Más allá de las pócimas, las recomendaciones no son excesivamente diferentes a las que podemos escuchar hoy día: no beber demasiado, mantener un buen peso corporal (ni muy gordo, ni muy flaco) y, sobre todo por el efecto en el esperma de los hombres, ni mucho sexo ni muy poco.

¿Son las pociones de animales entonces una apelación a las fuerzas mágicas más que al poder de la medicina?

"Es un área bastante gris. Pero aunque la lógica que fundamenta estas recomendaciones parezca mágica para un público moderno, ellos habrían considerado el aspecto medicinal".

"Aparecen en los libros junto a los remedios de hierbas, que están basados en conocimientos científicos medievales alrededor de la teoría de los cuatro humores", explica Rider.

Esta teoría sostiene que el cuerpo humano está compuesto de cuatro sustancias básicas llamadas humores cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona.

"La idea es que los remedios de hierbas ayudan a mantener el cuerpo sano y por ende en un mejor estado para reproducirse", señala la investigadora.

Desafortunadamente, no hay registro de si alguna de estas prácticas surtían el efecto deseado.

"Es muy decepcionante. Los textos dicen haz esto o aquello y suenan muy convencidos de que si uno quiere concebir funcionan, pero nunca dan ejemplos de los resultados", lamenta Rider.

"Muy ocasionalmente dicen que ayudaron a mucha gente, pero también notan que la infertilidad es muy difícil de tratar".

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