Con unos pocos meses de vida, la brasileña Luciana Sestari, de 36 años, fue entregada por su madre biológica a unos vecinos para que la criaran.

Más de dos décadas después, la insistencia de un paciente anciano a quien estaba acompañando a un hospital cuando estaba tomando un curso de enfermería, le hizo encontrar a una hermana biológica más joven.

Este es la historia de Luciana, contada en primera persona.

Pasé por muchas dificultades en los primeros meses de vida. Tenía piojos en la cabeza y sarpullido en el cuerpo.

Mi madre biológica ya tenía una hija y su situación económica y psicológica no le permitían cuidar de otra. Vivía en un taller mecánico junto a mi padre biológico en el municipio de Cachoeira Paulista, Sao Paulo.

Cuando tenía 8 meses, mi madre biológica decidió que no podía seguir cuidándome y me dio en adopción a unos vecinos, que eran dueños de un restaurante ubicado al lado del taller.

El vecino no lo pensó dos veces y me aceptó como su hija. Mi madre de corazón, Reni, y su esposo, Jandir, me cuidaron con el mayor afecto. Se convirtieron en mi familia, junto a sus dos hijos.

Tuve una infancia muy feliz. A los 9 años, mi madre de corazón me dijo que era adoptada. Ella me explicó que mi madre biológica me amaba, pero que tuvo que darme a otra familia porque quería que yo fuera feliz, así que eligió a alguien que también podría amarme.

Poco después de tomar esa decisión, mi madre biológica se mudó al separarse de mi padre a quien nunca conocí.

Cuando tenía 10 años, ella decidió buscarme. Fue nuestro primer encuentro. Me dijo que era muy hermosa y me explicó que no podía quedarse conmigo en ese momento, pero que estaba feliz de ver que había encontrado una buena familia.

En esa primera reunión, ella le dijo a mi madre de corazón que había tenido otra hija, dos años después de mi nacimiento, y que también la dio en adopción por no poder mantenerla económicamente.

Ese mismo día también conocí a mi hermana mayor, que todavía vivía con mi madre biológica.

Yo tenía curiosidad por conocer a la menor. La única información que tenía sobre ella era que vivía en Lorena, otro municipio de Sao Paulo, a 18 kilómetros de Cachoeira Paulista.

El proceso de adopción

El hecho de que los padres entreguen a un niño a otra persona para que lo críe, sin que esto se haga legalmente, puede considerarse un delito, especialmente en los casos en que el menor es entregado por algún tipo de pago.

Sin embargo, la justicia puede, en casos que no involucren dinero, exculpar a los implicados cuando se considera que el hecho ocurrió por una razón noble, como casos en los que los padres biológicos no puedan criar al niño.

"En estos casos, las entrevistas se llevan a cabo con la familia, si es posible con los padres naturales y también con el niño. Si existe un vínculo afectivo, la adopción se regulariza", explica el abogado Douglas Lima Goulart, especialista en Derecho Penal.

"Lo que la justicia valora es el interés del niño. Si se observa que se encuentra en buen estado, bien cuidado y hay un interés afectivo, el Poder Judicial formaliza la inclusión de ese niño en la familia", agrega el abogado.

En el caso de Luciana, la adopción nunca pasó por un tribunal. "Mis padres adoptivos pudieron registrarme nuevamente y comencé a tener sus nombres en mis documentos, poco después de que me adoptaran", dice.

Las hermanas

Me mantuve en contacto con mi madre biológica y comenzamos a tener una buena relación después de muestro primer encuentro. Nunca le pregunté sobre mi hermana menor, para evitar tocar un tema que pudiera lastimarla.

En 2007, comencé un curso de técnico de enfermería, porque mi madre siempre me decía que ayudara a otras personas, que eso era importante.

Ese año, comencé una pasantía en un hospital de la región, en el área de clínica médica y quirúrgica, donde atendí a personas que iban a operar o que se recuperaban de una cirugía. Una vez, llegó un hombre mayor que había tenido un accidente de auto muy grave. Tenía roto el fémur y tenían que reconstruirlo.

Al ser una persona de edad avanzada tenía que permanecer dos o tres días en descanso para luego someterse a la cirugía. Le dolía mucho y le dije que se calmara, que se le pasaría. Cuando me miró, dijo de inmediato: 'te pareces mucho a mi hija menor'. No le di mucha importancia, seguí ayudándolo. Hablamos mucho y fue muy amable.

Como era pasante, no seguía a los pacientes muy de cerca. Pero este hombre le pidió a mi jefe que lo ayudara con la higiene personal, como en baños y vendajes, porque le caía bien y porque me parecía a su hija. Entonces, terminé asistiéndolo más seguido. Todos los días hablábamos de su vida. Diariamente, él repetía sobre mi parecido con su hija.

Hasta que una vez, me dio curiosidad y le pregunté por qué insistía tanto al respecto. Me explicó que su hija era del corazón, porque su madre biológica no podía criarla, y entregó a la niña. En ese momento su esposa estaba tan conmovida que decidió llevarse al bebé.

Le pedí más información y me dijo que la madre de la niña vivía en Cachoeira Paulista. Y dije, incluso sin ver a su hija: "ella es mi hermana".

Fue una situación muy emotiva para mí porque durante muchos años, desde que descubrí su existencia, busqué a mi hermana en Lorena. Como no sabía su nombre y no tenía fotos, terminaba mirando a los residentes de la ciudad cuando pasaban, y me preguntaba si alguna de ellas podría ser mi hermana.

En ese momento, descubrí el nombre de mi hermana menor: Lucilene. Le pedí a su padre conocerla solo después de que le dieran el alta del hospital, porque no era un buen momento. Se sometió a la cirugía, se recuperó y abandonó el hospital.

El reencuentro

Después de que el padre de mi hermana dejó el hospital fui a visitarlo para conocerla. Me vi en ella cuando la miré. Tenemos características muy similares: la forma de hablar, la sonrisa y los mismos gustos. Nos abrazamos. Fue muy emocionante.

Mis padres estaban contentos con nuestro encuentro. Le conté a mi madre biológica y ella quería ver a mi hermana menor de nuevo. Me di cuenta de que mi hermana no podía perdonarla por abandonarla cuando era niña. Lucilene dijo que sus únicos padres eran los que la criaron, que ahora ya murieron.

Terminé logrando que las dos se conocieran. No fue una reunión muy agradable. Hablaron poco. Mi hermana no superó el abandono. Entiendo su decisión de querer evitar el contacto con nuestra madre, pero tal vez algún día decida perdonarla.

No guardo rencor contra mi madre biológica, siempre la visito cuando puedo. Trato de entender sus decisiones porque sé que ella experimentó muchas dificultades.

Hoy tengo dos hijos de 15 y 11 años y entiendo cómo es el amor de una madre. Creo que ella debe haber sufrido mucho hasta que decidió entregarnos a otras familias. Estoy segura de que no tenía otra opción. Cada vez que nos vemos, ella me pide perdón, pero yo digo que no tiene que hacerlo.

Creo que si no me hubiera dado en adopción, no habría sido criada por una familia increíble como la mía. Mi madre del corazón en el fondo es mi gran amor. Extraño a mi padre de corazón, que falleció hace casi 7 años.

He estado en contacto con mi hermana menor desde que nos conocimos. Vi el nacimiento de sus gemelos, ahora de 10 años, y su hijo menor, que cumplió 1 año. En los últimos años, hemos estado muy unidas.

Quién hubiera dicho que estábamos tan cerca desde el principio, pero al mismo tiempo tan lejos.

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