Por: Bastián García Santander

"Por favor, disfruta del espectáculo y no te preocupes de grabarlo".

Ese era el mensaje con que Rammstein promocionaba su concierto en el festival Rock Out , a pocos minutos de salir al escenario dispuesto en el Estadio Santa Laura. Y no necesariamente por una cruzada contra la posibilidad de ver su material íntegro en Internet, sino por la cantidad de detalles que componen su show.

Porque los músicos entran al escenario desde unos paneles que caen del cielo, mientras el líder de los alemanes, Till Lindemann, hace explotar su sombrero a una milésima de segundo de quitárselo de la cabeza. Y los fuegos artificiales iluminan el recinto desde el comienzo.

Un teatro del horror protagonizado por personajes sacados de una película sádica, donde los actores no tienen miedo alguno de hacerse daño. Su vocalista, con tono siniestro, viste el rol de un hombre grotesco, pornográfico, que luce un chaleco explosivo que acciona de forma espectacular.

Se une al bajista Oliver Riedel y al guitarrista Richard Z. Kruspe para instalarse tres lanzallamas que proyectan desde la boca; y juega a la humillación con el tecladista Flake Lorenz, al que toma de una cadena puesta en su cuello para tirarlo dentro de una tina y bañarlo también en explosivos.

Suena "Du hast", "Link 2 3 4", "Amerika" y "Stripped", el cover de Depeche Mode.

El fuego arde intermitente desde la tarima y el techo del escenario, también desde lo alto de la mesa de sonido. Las bengalas vuelven a prenderse en la cancha y la segunda edición del festival Rock Out se parece al infierno.

Salvaje decibel

Al tiempo en que bajaba el sol, la dureza del ritmo comenzó a aumentar. Comandados por su vocalista Jens Kidman, Messhugah presentó una primera línea de cuerdas que como si fuese un muro de hierro no presentó grietas.

La destreza y la robustez en el sonido que promueven los guitarristas Fredrick Thordendal y Marten Hagström, además del bajista Dick Lövgren, musicalizan la narrativa de un frontman que tiene escrito en su tarjeta de presentación un gutural que parece infinito.

Las herramientas que utilizan los dueños del djent para hipnotizar a sus oyentes.

Ya con 25 mil personas en el recinto, fue el turno de The Offspring de subirse nuevamente a un escenario local, luego de su presentación en el Teatro Caupolicán en la temporada 2013.

Liderados por el platinado Dexter Holland, que luce como el hermano más punk de la corriente new wave, los californianos se pararon sobre la tarima con un show hecho a la medida de la barra brava.

Un repaso por sus más de treinta años de trayectoria: éxitos como "Why don't you get a job?", "You're gonna go far, kid" o "The kids aren't alright"; una batería de canciones que van desde el sonido refinado de The Clash, pasando por el ska y la música de la costa estadounidense; y el guitarrista Noodles bromeando con la edad de los asistentes que se ubicaron en la galería -"Gracias por traer a sus hijos", dijo el músico apuntando a la cancha-.

Y el público que celebró prendiendo tres bengalas y aumentando las dimensiones del circle pit a medida que completaban la hora y diez minutos con que terminarían su show.

La cuenta para el show de Rammstein comenzaría su marcha atrás. Y el resultado, impactante.

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