No bastó con la suspensión de su gira por Chile hace dos años y otro par de meses. A Morrissey había que esperarlo un poco más.

A las 21:01 horas se apagaron las luces del Movistar Arena, pero para proyectar una producción de casi media hora, en un telón ubicado delante de los instrumentos, con videos de activistas, poetisas y músicos. Pasó The Ramones e Ike & Tina, el desdichado matrimonio Turner, entre varios otros. Todas las figuras que han moldeado al artista durante su vida. Como un ejercicio de paciencia y devoción, las 12 mil personas que llegaron hasta el domo mayor del Parque O'Higgins miraron atentos y aplaudieron, también pifiaron.

Hasta que el inglés apareció sobre el escenario. Una reverencia hacia sus músicos calmó el ambiente, y los primeros versos de "Suedehead" desataron pasiones. El "I'm so sorry" que reza en la canción, fue coreado por el público como diciéndole a Morrissey: perdónanos a nosotros por abuchear a tus figuras.

Porque el también escritor despliega un libreto reconocible, que no lo hace menos sincero. Dice algunas palabras en español y se agacha hacia la primera fila para tocar a sus devotos, que caen rendidos con "Alma matters" y "This charming man", dos delicadezas de su catálogo solista y con The Smiths, respectivamente.

[FOTOS] Las imágenes que dejó la presentación de Morrissey en el Movistar Arena

El relato de Moz predica un mensaje iracundo en contra de la injusticia, porque tras él, durante toda la interpretación de "Ganglord", se muestran imágenes crudas del abuso policial en contra de civiles, golpizas y disparos a quemarropa; que luego repasa con "World peace is none of your business".

Pero su rabia funciona en distintos niveles, con distintos objetivos, porque Morrissey ruge "Kiss me a lot" y dispara toda su energía en "How soon is now?" -otro golpe de su banda madre-, terminando hincado frente a la batería, cabeza gacha, rodeado de sus músicos.

Tal como concluye "Meat is murder": derrotado en el suelo, mientras se muestran una a una las formas en que gallinas, pollos, peces, mueren en las fábricas para transformarse en el producto de la industria de la carne; clip que termina con un hombre arrancándole la cabeza a una vaca con un cuchillo, ante las miradas desconcertadas de buena parte de los asistentes.

Pero del sufrimiento, Morrissey hizo volver a sus fanáticos hacia el regocijo, casi como un acto de salvación, con "Everyday is like Sunday", antes de abandonar el escenario por primera vez, aunque volvería solo para asestar "What she said", otra perla de The Smiths, donde el rabioso artista rompió los botones de su camisa, la que lanzó al público, mientras el hombre tras las baquetas destrozó la batería contra el suelo, en un final abrupto y liberador.

La voz de "The queen is dead" demostró estar recuperado de los problemas que lo privaron de presentarse en Chile en 2013. Ahora, el desafío es superar lo hecho esta noche, en su show del sábado en el festival Primavera Fauna. Y de Morrissey siempre puede esperarse un poco más.

Publicidad