"Hacen falta 3 meses para aprender a hacer una operación, tres años para saber cuándo hacerla y 30 años para saber cuándo no hacerla", me cuenta por teléfono medio en serio y medio en broma el renombrado neurocirujano británico Henry Marsh.

No son sus palabras sino las de un antiguo dicho que circula entre los cirujanos ingleses. Pero captura a la perfección una de las grandes conclusiones de sus más de 35 años de experiencia.

"Cuando eres joven quieres operarlo todo, eres optimista, eres entusiasta. Después empiezas a acumular malos resultados y empiezas a entender que una operación no es la solución para todo".

Esos malos resultados van a parar al "cementerio que todos los cirujanos llevamos dentro", dice haciendo referencia a una cita del famoso médico francés René Lariche con la que Marsh abre su libro "Ante todo no hagas daño", un bestseller mundial en inglés elegido mejor libro del año por el Financial Times y The Economist, que acaba de ser publicado en español.

"Cuanto más practicas más grande es el cementerio"

En su camposanto particular hay "mucha" gente. Allí vive por ejemplo una joven ucraniana que, si bien sobrevivió recientemente a una complicada operación cerebral, quedó en mal estado y con tan pocas posibilidades de recuperación que Marsh, a sus más de 60 años, llegó a cuestionarse si había llegado el momento de parar.

El neurocirujano, que todavía sigue su evolución a distancia, admite que cometió un error casi de "exceso de confianza" en sí mismo.

Pero si bien ese caso lo afectó profundamente, consiguió no dejarse paralizar por el recuerdo. "Golpearte por lo que pasó no sirve de nada".

La franqueza con la que el doctor Marsh va contando en su libro los casos reales con los que fue lidiando durante su carrera es fascinante y aterradora a la vez.

Los detalles de cada historia médica, los retazos de conversaciones con los pacientes y las anécdotas tras las bambalinas del quirófano y de los recovecos del hospital se entrelazan con maestría y hasta cierto humor en ocasiones, gracias a un cuidado diario que Marsh mantuvo durante una década.

Cuando su mujer Kate Fox, escritora y antropóloga, le preguntaba qué has hecho hoy en el trabajo cuenta el doctor Marsh que él sacaba su computadora y le leía fragmentos de su diario.

Y ella le dijo que "eso podría ser un libro". Desde aquel diálogo pasaron 10 años.

 

La verdad sobre dónde ocurren los errores médicos

Quizás sea una pequeña gran decepción para la fantasía popular, pero según Marsh la mayoría de los errores médicos suceden fuera del quirófano.

La gente suele tener la impresión de que los errores en cirugía giran en torno a la estabilidad del pulso del cirujano pero eso es "una tontería", dice con rotundidad.

"No se te caen cosas o cortas lo que no debías… eso pasa pero es muy, muy raro".

Los errores durante una operación son "muy inusuales". Más bien, apunta, casi siempre se producen en la toma de decisiones previa, cuando se plantean cuestiones como si se opera o no al paciente, qué tipo de operación se va hacer y cómo se va a hacer.

En las películas y series de televisión sobre doctores como "E.R.: Sala de emergencias" los errores suelen ocurrir al operar.

"En mi experiencia, cuando algo va mal es casi siempre porque se tomó la decisión equivocada", dice.

Es en ese proceso de decisión cuando los cirujanos enfrentan los grandes dilemas.

A veces tienen que decantarse por lo que en la jerga llaman "sacrificios": causar cierto daño para prevenir un daño aún más grande. En su libro describe, por ejemplo, el caso de una mujer a la que en otro hospital le habían salvado la vida extirpándole un tumor cerebral benigno, pero en el proceso la habían dejado con un dolor facial crónico.

"Ese es un tipo de decisión que tomas antes de la operación", explica.

La adrenalina de hurgar en los cerebros

Entre caso y caso, "Ante todo no hagas daño" va revelando datos tan curiosos como que la textura del cerebro se ve como una masa blanca "gelatinosa", que el mejor amigo de un neurocirujano no es un bisturí sino una aspiradora y que muchas de las operaciones cerebrales se hacen con anestesia local, con pacientes despiertos mientras les hurgan en la cabeza.

Henry Marsh supervisando a un médico junior durante una operación.

Después de 35 años de experiencia, Marsh admite que se sigue sintiendo nervioso siempre antes de una operación, especialmente si en la última cirugía similar algo salió mal.

Durante una operación cerebral todo es muy intenso, cuenta. Hay una concentración absoluta en el momento presente, "en lo único que estás haciendo".

"Y eso de muchas maneras es muy adictivo", admite.

"La gente se mete en cirugía porque es emocionante, ¡es emocionante!", enfatiza animado.

"Para mí, y creo que para la mayoría de los cirujanos aunque quizás no quieran admitirlo, la emoción y la ansiedad son una parte muy importante de la cirugía".

El doctor "tiene que ser un buen actor"

Pero desde el punto de vista del paciente ese es un factor que no quieres ver.

"Tienes que fingir que no estás ansioso. Es muy importante aparentar estar calmado y mostrarte seguro y reconfortante. No hay nada más aterrador para un paciente que un cirujano ansioso", dice.

"Y ese es uno de los problemas de ser doctor: tienes que ser un buen actor, tanto con los pacientes como contigo mismo".

Tradicionalmente los cirujanos no hablan de sus errores. De hecho Marsh cree que no podría haber escrito este libro con la misma honestidad si estuviera en otro momento de su carrera.

"Ante todo no hagas daño" fue publicado primero en inglés bajo el título Do no harm, poco antes de que Marsh se retirara parcialmente como neurocirujano senior del Hospital Universitario St. Georges de Londres, donde practica desde hace más de tres décadas.

El doctor, que todavía da clases allí, admite que la cultura ha cambiado con respecto a la honestidad que se espera de los médicos.

"Yo mismo he cambiado", reconoce. "Nos hemos alejado de la idea de que los médicos son dioses y de que siempre saben más y mejor".

Henry Marsh mostrando el escáner de un tumor cerebral "probablemente benigno".

Cuando la verdad es "aterradora"

Pero, ¿cuánta información realmente le puedes dar a un paciente o a su familia cuando algo está mal?

"Es muy difícil. La respuesta es que no puedes decirles la verdad totalmente, porque la verdad es aterradora".

Además, agrega, "todo lo que hacemos es en probabilidades. En medicina no hay certezas absolutas".

"Si le dices a un paciente hay un 10% de probabilidades de que te mueras, lo vas a aterrorizar y aún así va a tener que hacerse la operación. La manera en como presentas la información es muy importante porque tienes que preservar la esperanza y la confianza al mismo tiempo que la honestidad, y eso es muy difícil".

"Yo siempre he tratado de ser honesto. Pero... estoy seguro de que alguna vez en el pasado mentí un poco", admite. "Hay grandes mentiras y pequeñas mentiras".

Además Marsh apunta que los médicos no suelen tener ninguna retroalimentación de las familias o los pacientes sobre cómo comunican las malas noticias, así que es muy difícil aprender a hacerlo bien.

En su caso, haber pasado por la experiencia desde el otro lado, como paciente, cuando su hijo tuvo que ser operado de un tumor cerebral cuando aún era un bebé y cuando él todavía era un médico interno, le ayudó mucho.

La razón por la que los cirujanos tienen que ser "arrogantes"

Marsh contesta un sí rotundo al preguntarle si alguna vez tuvo que decirle a un paciente que cometió un error.

"Le digo a la gente que me denuncie cuando creo que cometí un gran error". "Lo hice en tres ocasiones", admite. Una de esas ocasiones está recogida en el libro.

"No es fácil hacer eso", comenta.

"Si entras en quirófano lleno de dudas no puedes operar", dice Marsh.

En Reino Unido por ley los hospitales tienen un "deber de franqueza", conocido como duty of candour, según el cual tienen el deber de informar y disculparse con los pacientes si hubo errores que causaron daños significativos.

En países como Reino Unido y Estados Unidos los médicos están asegurados, así que no corren un riesgo financiero ante una denuncia. Pero, según el Marsh, los médicos tienen miedo más bien por una cuestión de vergüenza.

"Si entras en quirófano lleno de dudas, no puedes operar", apunta.

Quizás por eso, según Marsh, tradicionalmente los cirujanos son arrogantes y tienen "un gran ego".

"En parte es un mecanismo de autodefensa, para poder enfrentarte a la incertidumbre y para pode hacer un trabajo peligroso, aunque es el paciente quien está en peligro y no tú".

"Mejor antes que tarde"

Marsh, que ya no trabaja a tiempo completo en Reino Unido, viaja regularmente a Nepal y Ucrania para trabajar como voluntario en la formación de cirujanos.

En sus planes a corto plazo hay muchos viajes, conferencias y seminarios repartidos por todo el mundo, pero en los de largo plazo hay cierta incertidumbre.

"A medida que envejeces la preocupación que te surge es: '¿estoy empezando a perder la cabeza?'. Y como todo en la vida, tanto si es una cena con amigos como si se trata de neurocirugía, es mejor irse un poco antes que demasiado tarde", bromea.

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